El simple arte de escribir, de Raymond Chandler

 

Compendio y selección de cartas y ensayos del maestro Raymond Chandler, que se suma al volumen Raymond Chandler por sí mismo: dos libros esenciales para conocer más aspectos de su biografía. Aquí van algunos extractos:

Los editores no hacen enemigos por rechazar manuscritos, sino por el modo en que lo hacen, por el cambio de atmósfera, la postergación, la nota impersonal que se arrastra. Siempre he odiado el poder y el negocio, y sin embargo vivo en un mundo donde tengo que negociar brutalmente y explotar cada átomo de poder que tengo.

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Cuando un libro, cualquier clase de libro, llega a cierta intensidad de realización artística, se vuelve literatura. Esa intensidad puede ser cuestión de estilo, de situación, de personajes, de tono emocional, o idea, o media docena de otras cosas.

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Los editores y otros deberían dejar de preocuparse por la pérdida de clientela que puede causarles la televisión. El tipo que puede soportar un trío de anuncios de desodorantes para mirar a Flashgun Casey y tragarse los elogios a cervezas o a planes usuarios de crédito para poder ver a un par de boxeadores de cuarta frotándose las narices contra las cuerdas no es alguien que vaya a perder tiempo leyendo libros.

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El mejor modo de descubrir si uno tiene amigos es quebrar. Los que siguen cerca más tiempo son sus amigos. No me refiero a los que siguen cerca por siempre. Ésos no existen.

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Un hombre de cincuenta años no es joven, no es viejo, ni siquiera es de mediana edad. Su impulso se ha desvanecido y su dignidad no ha llegado aún. Los jóvenes lo ven como alguien viejo e insípido. Los viejos de verdad lo ven como un gordo fatuo codicioso. Es una presa para banqueros y cobradores de impuestos. ¿Por qué no pegarse un tiro y terminar con todo?

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Un escritor se revela en una sola página, a veces en un solo párrafo. Un no escritor puede llenar todo un estante, puede alcanzar una especie de fama, ocasionalmente puede inventar una trama que lo hará ver un poco mejor de lo que es en realidad, pero al fin se desvanece y es nada.

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Un hombre que sin ningún impedimento físico no puede ganarse decentemente la vida siempre es un fracasado, y por lo general un fracasado moral. Pero una gran cantidad de hombres muy buenos han sido fracasados porque sus talentos particulares no se ajustaban a su tiempo y lugar. Supongo que a largo plazo todos somos fracasados, o no tendríamos la clase de mundo que tenemos.

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Todos nosotros, los tipos duros, somos unos irremediables sentimentales en el corazón.

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El talento nunca basta. La historia de la literatura está sembrada de cadáveres de escritores que sin culpa alguna no acertaron con la época o estuvieron un poco adelantados a su generación.



[Emecé Editores. Traducción de César Aira]

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