Ser amigo mío es funesto. Correspondencia (1927–1938), de Joseph Roth & Stefan Zweig

 

 

Y luego no sé qué hacer. Ya no puedo trabajar tanto para el periódico. Planeo amplios proyectos y, sin embargo, no tengo de qué vivir si no escribo artículos.

Joseph Roth (1928)

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Ya no voy a ningún sitio, ya no doy conferencias, me asusta la idea, después de treinta años de literatura, de tener que ser un escritor fértil y versátil durante veinte años más, de modo que probablemente me escaparé una temporada, quiero volver a los veinticinco años y viajar, al Cáucaso tal vez, si es posible a la India (por segunda vez). Ya no vivimos en aquellos apacibles tiempos en los que los escritores podían callar diez años; hoy, la mala memoria de la gente exige continuidad en la producción, el grifo del agua eternamente abierto, y vuelvo a anhelar cambios, interrupciones, metamorfosis.
[…]
Si me permite un consejo fruto de la experiencia, hay que sentar la cabeza lo más tarde y ser lo más despreocupado posible, también en literatura. Es mejor ser olvidado que convertirse en una marca, mejor ser menos leído y celebrado, ¡pero libre!

Stefan Zweig (1929)

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A toda prisa y por si le tranquiliza: ¡no sobrevalore de esa manera la mierda impresa! Es totalmente indiferente, por desgracia totalmente indiferente, qué se escribe de y sobre nosotros en este mundo. Los pocos que están al corriente lo saben todo. Los demás son ciegos o sordos. ¿Aún no lo ve usted? La palabra ha muerto, los hombres ladran como perros. La palabra ya no tiene ningún significado, es decir, ninguno actual. También aparece en Mois una entrevista mía de la que se deduce que soy un antisemita. No me importa. En tres días una palabra, incluso verdadera, se la ha llevado el viento. No digo ya una falsa. Ya no hay “opinión pública”, todo es inmundicia.

Joseph Roth (1933)

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Ahora hay que aprender a vivir solo y odiado, pero no pienso responder con odio.

Stefan Zweig (1933)

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No puedo trabajar sin anticipos, desde que empecé a escribir. Es un gran pecado, pero aún es mayor cometer una especie de suicidio y no escribir nada. Tengo cuarenta y un años. Durante quince he comido pan a secas. Luego vino el pan con mantequilla. Luego vino la guerra. Luego vinieron diez años de subsistencia. Luego vinieron los anticipos. Periodismo. Trabajo repugnante. Humillación. Dieciséis libros. Al cabo de cinco años, el “éxito” –unido a desgracias privadas, o sea, ninguno–. Préstamos, ser engañado. Hitler. Siempre preocupaciones por los demás.

Joseph Roth (1935)

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Tengo que corregir las pruebas de mi libro y me encuentro en la fase de insatisfacción. Bueno, veremos qué tal sale.

Stefan Zweig (936)    



[Acantilado. Traducción de Joan Fontcuberta y Eduardo Gil Bera]

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