el pescador y la ola
A David Mariné Amadeo se dejó caer en cubierta. Las olas cantaban su nana en la madera. La noche era noche tranquila y negra, las luces chispeaban en el puerto de Los Guildivernos como tímidas y quietas luciérnagas. Cruzó las patas mirando a la luna y encendió su pipa, lloraba y bebía de su botellita a ráfagas cortas de imposib...
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