Ciertos gestos póstumos
Creo recordar que fue Quim Monzó, esa máquina carnal de contar cuentos, quien cierta vez me habló de la historia de un aristócrata francés que aguarda la guillotina leyendo tranquilamente. Y, cuando sus verdugos vienen a buscarlo, en un gesto de magistral desprecio, dobla la página del libro en la que lo han interrumpido. Este diminuto y poderoso adem&aac...
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