LA DIRECCIÓN GENERAL
La mañana en que me comunicaron mi ascenso sentí que el edificio se agrandaba. Llegué a la hora convenida por el presidente, pero mi mano no obedecía la orden del cerebro y era incapaz de apretar el botón de la undécima planta donde estrenaba despacho, una por debajo del cielo. La recepción estaba vacía. El maletín se me escurrí...
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