Amén enajenado
Amén enajenado. ¿Cómo sería eso? Bueno, ponés tu carita de porcelana entre las rejas y le declarás la guerra al mundo externo. ¿Nada más? No, sólo eso: lo convulso es adentro, cuando destrabás la cara, mirás hacia atrás y volvés a encontrarte con la plegaria. ¿Esa es la guerra? Sí, lo que se de...
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