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«Y la muerte no tendrá dominio», de Dylan Thomas

Dylan Thomas (1914-1953)Y la muerte no tendrá dominio    Versión de Juan Carlos Villavicencio  Y la muerte no tendrá dominio.Los desnudos muertos serán unocon el hombre en el viento y la luna del poniente;cuando sus huesos sean descarnados y los descarnados huesos se consuman,en el codo y el pie tendrán estrellas;aunque se vuelvan locos e...

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Alberto Olmos – Alabanza

Intemperie, de Jesús Carrasco; Es un decir, de Jenn Diaz; Por si se va la luz, de Lara Moreno; y ahora, Alabanza, de Alberto Olmos. Todas ellas tienen en común que están escritas por autores jóvenes que, lejos de posmodernismos y novelas de ciudad, sitúan sus últimos trabajos en lo rural. Y, a excepción de la novela de Carrasco, donde la acció...

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Llegó el día

Todo estaba al alcance en aquel tiempo.Los grandes bombarderos se cargabande aquel genial invento de los hombres;la palabra amarrada a la columna.Y cuando los motores estridentesrugían sobre plazas y colegios–sus miasmas lamiéndole los ojosa los mismos que el ruido ensordecía–,era fácil dejar la rebeliónen manos de otro día, otro momento.Sobre ...

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Días de ruta, de Vicente Muñoz Álvarez

ARDE BABILONIAtoda la noche dando vueltasy vueltas en la camapensando en cómo salir de esta crisispara los que no lo sepáis, además de escribir vendo zapatos, soy representante de calzado y la cosa, al menos en mi gremio, echa humo y está a punto de hundirse y arder… fábricas y tiendas que cierran, negativas continuas, jubilaciones anticipadas, traspasos, ...

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Epigrama

No podía creerlo de verdad entiéndemeahora esto está parado mi casa se ha quedado oscurasilenciosavoy a hacer como que no me importasacaré la ropa de verano y pondré el cuerpo al solvoy a inventármelo harécomo que el dolor es un juego de mesame esconderé unos días dentro del sacoolvidaré todo esto sumergido e...

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Beatriz y los cuerpos celestes. Lucía Etxebarría.

Mónica sabía que en el colegio nadie le perdonaba su promiscuidad. Tuvo que enfrentarse con millones de malas caras e indirectas. Pero no le importaba. Mi cuerpo es mío, decía, y había algo en la ensayada intensidad de esa cursiva hablada con que cargaba el posesivo que la imponía por encima de sus atacantes. ¡Cuánto la admiraba yo entonces&h...

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