Un altar para la madre, de Ferdinando Camon
En nuestra madre también habíamos pensado siempre como en algo inmortal, tanto como el mundo al menos: porque al nacer nosotros, ella ya formaba parte del mundo, y sin ella era inimaginable.Ahora la madre estaba muerta, pero eso era imposible.Algunos, por turnos, posaban la mano sobre el ataúd, como para tocarle la mano o el hombro: estamos todos aquí contigo, no temas....
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