RESEÑO A RICARDO GUADALUPE CON SUS "RELATOS CON ABRELATAS" (Junio 2014)

RELATOS CON ABRELATAS, OTRA EXPERIENCIA DE LECTURA

Ricardo Guadalupe nos ofrece en su nuevo libro, una apuesta personal: diferentes relatos y un comentario sobre algún aspecto de su génesis o una opinión al respecto. Lo sintetiza muy bien en el título, "Relatos con abrelatas". En 2010 publicó  "Palabras literarias", un manual divertido de figuras retóricas, con ejemplos de la vida cotidiana y divertidas propuestas. El segundo libro fue en 2012 y se tituló "Frases en el muro. Un diccionario de intuiciones". Atrevidas y breves reflexiones sobre conceptos muy variados.

Comparto con Ricardo la visión de la literatura como un proceso especial de comunicación, una búsqueda de belleza con un código que se distingue de la lengua cotidiana. Me sorprenden gratamente sus giros coloquiales, los "codazos al lector" los guiños buscando su complicidad.Un rasgo importante que se aprecia en sus creaciones lo percibimos en esta afirmación: "tengo un aprecio especial por los textos literarios que permiten participar al lector en su interpretación personal".

La mezcla con otras artes aparece en sus relatos, en algunos aplica el "zoom cinematográfico" (por ejemplo, "soltar los dedos del tirador uno por uno", en "El rizo de Ventura"  o "parado ante la puerta vecina se pasó la mano por el pelo, y apretó el timbre", en el final de "La ausencia"). Varias películas sirven como fuente de inspiración y algunas canciones sirven como "excusas inspiradoras". Uno de los relatos parte de observar una pintura; se trataría de su versión posmoderna del tópico de Horacio "ut pictura poiesis" (la poesía como la pintura). El diálogo entre las artes influye en su discurso. A veces en forma de juego.

Demuestra su maestría en el "arte de narrar" por diversos caminos: juega con símbolos (bibliotecas, laberintos en los que nos perdemos, papeles que taponan una herida…), consigue un ritmo peculiar con repeticiones, cuida la atmósfera para crear en ocasiones "un tinte irreal", provoca extrañamiento (por ejemplo en el relato titulado "Fronte": "tornillos que a su vez liberaron sillas […] únicamente la carpa se le atragantó". Aparecen muchos hallazgos literarios que consiguen sorprender al lector; algunos inicios son reveladores, como el de "La ausencia": "las vacaciones son obligatorias".


Además aparece un cierto culturalismo: la vieja idea del drama como algo bello, la unión de sabiduría y estética, el juego con los clásicos y la Biblia como pilares de la Modernidad... Así como un nutrido trasfondo literario (con numerosos homenajes a sus "héroes”, como Cortázar, Borges, Henry James…) y filosófico (el pensamiento o la identidad).

Si nos centramos ahora en los temas, vislumbramos que la heterogeneidad es un rasgo fundamental. Algunos de ellos son: las relaciones humanas, lo social, la metaliteratura, lo  sensorial ("la muerte tuvo un sabor amargo y un olor a tierras sin surcos", aparece en "La hoja extranjera"; "sonidos de columpios", en "El Olvidón"). Otro es el pensamiento filosófico, “¿de dónde vendríamos?”, pregunta en el relato "En busca del galeón" o la bella metáfora "sus ojos de hucha vieron en los míos dos manecillas que giraban hasta poner en hora su propio reloj del tiempo", en "Fruta desperdiciada". Similar fuerza tiene "los ojos son el mapa del tiempo", donde reconocemos al autor de "Frases en el muro".
En cuanto a otras cuestiones técnicas, llaman la atención los principios sorprendentes: "Este es el final de la historia. Ahora todo queda en tus manos, seas quien seas", en "El heredero" o en "La hoja extranjera":  "Ocurrió al tomar mi primer té". Otros relatos comienzan con diálogo y aportan toda la fuerza y viveza. Por otra parte, algunos  finales son inquietantes: "No sé", que aparece en "En busca del galeón" o "tengo una familia que buscar", en "La casa de Clara".

Como no podía ser de otra manera, los narradores son variados. Hay narradores en primera persona que son mujeres, como en "Fruta desperdiciada" y "29 de Febrero", en este último relato surge el juego de imaginar la tensión sexual de una mujer.

En "La muerte de mi padre" se acerca lo trágico a lo cómico, algo tan habitual por ejemplo en Valle-Inclán. Encontramos gestos cotidianos como "llorar delante de la tele" o pensamientos a los que da voz: "no hace otra cosa que reír. Parece tonta" o  "puede que de eso enfermara, de no reír". También aporta jugoso humor negro: "parecía muy enfadado, ahí, dentro del ataúd [...] me hice pis encima, pero mi padre no se levantó". 

En este libro se manifiestan las facetas de alumno y profesor de taller de Ricardo Guadalupe, por ejemplo en la capacidad de observación que comenta tras "La hoja extranjera". Nos recuerda que el subconsciente nos avisa de lo que no vemos en "La ausencia" y lleva la comunicación del plano social al familiar en "Vasos no comunicantes".

Curiosamente cierra el libro con algunos poemas que amplían las formas en las que se expresa el autor. Los registros se amplían y la experiencia de leer este libro no se ajusta a los horizontes preconcebidos. "Relatos con abrelatas" nos lleva por universos bien trazados hacia aventuras que nos hacen vibrar y sorprendernos. Los comentarios aportan nuevos puntos de vista y permiten conocer la "cocina" de este creador.
                                 
ESTAS PALABRAS TOMARON FORMA EN LA BIBLIOTECA "PEDRO SALINAS" de Madrid 

el 5 de Junio de 2014
      

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