VALLE DE KATMANDÚ por RAMÓN GUERRERO



Corrían otros tiempos. 

El mundo era misterioso y soleado.

Las puertas de las jaulas aún estaban abiertas o existían las formas de abrirlas. El vacío, las delicias, se hallaban en países lejanos donde los pájaros picoteaban tu corazón en la inocencia de esos días reveladores de la sed que sentíamos siendo peregrinos incansables. El círculo de la tierra desataba las miradas en aquellos lugares, los deseos cumplidos sabían a homenajes, olían a jardines primorosos y dorados. Los dioses eran tantos que me sentía como una ínfima marioneta mendigando un lugar en la melodía de lo que nos dio por llamar "olvidada libertad".

Droga dura.

Ramón Guerrero


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