TRES POEMAS DE JAVIER VAYÁ ALBERT




NUEVA VISITA GUIADA A LA FÁBRICA DE EXCREMENTOS

Sé imitar a la perfección
el sonido de un animal muerto.
Y seguir el ritmo cardiaco
de una nube antes de desplomarse.
Soy lo contrario a mí.
Cantarán los niños alcantarillados
la canción dulce de las manzanas?
O las brujas espejito-espejito
sentenciarán el cuento?
Dejé un reguero de migas de pan
para encontrarme de nuevo
pero se trataba de pan negro
que la noche se fue comiendo.
La vergüenza es privilegio.
La tibieza limosna para villanos.

Extirpa el petricor
de los días desglosa
la luz de la simiente
liba el azul clandestino.

Soy lo opuesto a mí mismo.
Sé imitar a la perfección
el llanto húmedo de una ballena varada.
Y el crujir fugitivo de las plantas.


LA BÚSQUEDA IMPLACABLE DE BUDA VOLUMEN II

El dolor es inevitable,
pero el sufrimiento es opcional.

Dijo el viejo santón de aliento
a aguardiente barato.

Como si aquello pudiera aliviarme.
Como si fuera a servir de algo.
Como si el mundo, a partir de ahora,
se dispusiera a brillar como
en un absurdo y hermoso musical
de los años cuarenta.
Afuera llovía en algún lugar.
En algún lugar ahí afuera,
las pezuñas de la jauría
rasgaban la noche de papel.
Dejé por inercia, antes de marcharme,
un par de billetes arrugados
junto a las cartas del tarot
y el mandala de arena.

No tardaron demasiado
en encontrar el cadáver.


FERIA DEL LIBRO

La Feria del libro
de cualquier ciudad
es como el barrio chino
de cualquier ciudad como
las calles extrañas y furiosas
del puerto de cualquier ciudad.
Huele a ilusión y muerte
la luminosa mercancía
expuesta en balanzas tiernas.
Dientes de oro cabezas
emplumadas cerrando tratos.
Muchachas sudando oro dulce
inyectándose aceite de motor
para autobuses desvencijados.
Hombres avezados niños tímidos
putos de Genet putas de Vollman
exotismo de papel couché.
La Feria del libro
de cualquier ciudad
es cómo esas ferias de monstruos
con criaturas tristes en casetas.
Con enanos de venas cortadas
por el amor no correspondido
de trapecistas sudadas.
Con la barbuda y el forzudo
bebiendo cerveza repantigados
en sillas de playa contemplando
los camiones madereros atravesar
la autopista rumbo al futuro.
La Feria del libro
de cualquier ciudad
es como esas ferias de barrio
en las que un gitano de pelo largo
surfea silbando
los coches de choque.
Donde la noria cruje amenazando
demoler los edificios contiguos
bajo cuya sombra dos héroes macarras
te acorralan detrás del tiovivo;
Hermano...Hermano
Llevas algo suelto?
Yo? Bueno..no sé...igual un verso.
Apenas sientes más que una punzada
Agradeces lo mullido del barro.
La mirada indiferente de un gato.
Oyes alejarse sus risotadas
caes exánime qué gran palabra.

Javier Vayá Albert


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