AFUERA HAY SOL: María José Sáenz.




He conocido casas donde era oscura la luz,
negra como mala sangre en las venas de la maldición;
arañas y serpientes ocupándolo todo,
metadona, alcohol y cocaína
en el jardín de los venenos
donde unos niños se columpian y sonríen.

En el salón sin techo ni tejado ni cielo
una mujer respira desmayada;
se mete un hombre un chute de heroína.

Dicen que los agujeros negros están llenos de luz,
pero ¿qué luz es ésta que crece al revés
en este nicho donde la muerte está instalada?

Una ambulancia con aullido de desesperación 
carga los cuerpos. ¿Volverán algún día?
Los servicios sociales se encargan de los niños.

Regreso a mi hogar por la fresca alameda junto al río,
las sombras de las hojas tiemblan deslumbradas en el agua,
y este juego que nada tiene que ver con lo que he visto
también me lo recuerda, sin embargo.

Ciertos fragmentos de realidad nunca se olvidan
y nada hay para poner los ojos que no sea de aquéllos 
pura memoria desolada.

Y has de saber vivir con los fracasos.


María José Sáenz, de Afuera hay sol (Olifane, 2022).


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