Panther y Museo del Fuego, de Jen Craig

 

Llevo mucho tiempo soñando con un avance así, pensé al salir de mi piso de Glebe aquel lunes por la mañana, camino de una cafetería de Crown Street donde había quedado con la hermana, Pamela, para devolverle el manuscrito de Panthers y Museo del Fuego supuestamente sin haberlo leído, como ella había insistido por teléfono sólo dos días después de habérmelo dado. Llevo años haciendo poco más que maniobrar para lograr este avance.  

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Yo había querido ser escritora. Me había pasado años sin hacer nada aparte de intentar escribir y fracasar en el intento; a lo máximo que había llegado era a publicar un par de relatos insípidos en las revistas más recónditas y desconocidas del mundo, y sin embargo no informé a Pamela de ello mientras ella seguía hurgando, ni había tenido ganas de contárselo a Raf la noche anterior aun cuando le había repetido las preguntas de Pamela por mis actividades literarias. Cuanto más me preguntaba Pamela por mis actividades literarias, más segura estaba yo de que tenía que saber algo de lo que yo siempre había querido hacer y en cuyo logro había fracasado estrepitosamente.

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La gente siempre asume que las vidas de los demás no difieren de cómo las conocieron, por más que hayan pasado años desde la última vez que se vieron o hablaron. Ves a alguien que conociste en el pasado e inmediatamente asumes que conoces todo lo que se puede conocer de esa persona. El mero hecho de que esa persona sea reconocible y, claro está, los sentimientos y recuerdos asociados –o los supuestos sentimientos y recuerdos– bastan para inducirnos a pensar que conocemos la realidad de esa persona.

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Creo conexiones cuando camino, pensaba mientras me acercaba al final del túnel, y las conexiones inesperadas y fortuitas que surgen entre un hilo de ideas y otro siempre me levantan el ánimo, y sin embargo las conexiones que moldeo en mi cerebro mediante el ritmo inevitablemente repetitivo de mis pasos bien podrían no concordar con la realidad, no ser ciertas, pensaba, o intentaba pensar, fuera de las peculiares condiciones ambulatorias de mi mente; como por ejemplo ahora, me dije tras decidir entrar en el establecimiento de prensa de la estación.

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[…] todo lo que experimentas acaba incluido en lo que escribes, pensaba, aun si todo lo que escribes es una completa invención.




[Pálido Fuego. Traducción de José Luis Amores]


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