4 POEMAS de CUERPOS A LA HOGUERA por LUIS P. SUÁREZ




NO SON MANERAS

The rider riddle is easy to ask,
but the answer might surprise you.

Lew Welch

Te había sido infiel, como otras veces
(los años, la rutina... qué sé yo)
y me metí en la cama, sigiloso,
después de tropezar con tus zapatos,
sintiendo todo el peso de la culpa,
sabiendo que te hacías la dormida.

Estaban las persianas levantadas, 
y entraba de la calle intermitente
por el tamiz filtrado del visillo,
como un zumbido denso y apagado,
el parpadeo eléctrico y azul
de luces de neón de un bar de copas.

Tu cuerpo, en la penumbra, recostado,
volviéndome la espalda, dibujaba
una interrogación en la cadera
(cerrada entre paréntesis la curva
templada de tus nalgas, o el deseo)
y una cascada de oro en la almohada.

Hubiera preferido que esa noche
(para eso sí que estaba preparado)
te hubieras enfadado y me gritaras
que ya no me querías y que nunca
me ibas a perdonar, que me largase,
y no volviera más a hacerte daño.

Pero sentí tus labios en los míos
cuando cerré los ojos, la caricia
de tu respiración junto a mi oído,
una leve presión (no más que el peso
de un vilano al posarse) en la barbilla
y el filo del cuchillo sobre el cuello.


EN VANO

Al principio nada fue.
Pedro Salinas

Si nada fue al principio y solo el Verbo
creó lo que se nombra e imagina
y delegó en los hombres el soberbio
poder de dar la vida y de quitarla;

si solo las palabras nos sostienen
erguidos frente al tiempo y al olvido,
y traen del pasado la memoria
para causar dolor en el presente,

qué muerte puedo dar a las que un día
te dije, sin saber que no habría otras,
y guardan el dolor que provocaron.

No puede florecer en el poema
marchita que besamos ya la rosa,
aunque sigan hiriendo sus espinas.


COMO UNA CAMPANA NUEVA

también, hacia la luz y hacia la vida.
Antonio Machado

Detrás de la alambrada de la lluvia
un cielo enfermo tose nubes negras.
El mundo se podría estar muriendo
anciano en el invierno y, sin embargo,
se lame como un perro las heridas.

También en la resaca de la ausencia
se anegan dolorosos los recuerdos
de nombres que son cáscaras vacías
que ya no los contienen, solo el peso
del polvo y la ceniza de la muerte.

Cargados de ilusiones y proyectos,
dijimos convencidos tantas veces:
No hay tiempo que perder... Y lo perdimos
(la juventud se fue cagando leches)
y todo lo que fuimos hoy son ruinas.

Pero entre los cascotes, amarillo
de luz en su modestia, un jaramago
levanta una esperanza entre las grietas.


ROMPEOLAS

gritando mudamente al despeñarse.
Aquilino Duque

No puede ser el mar en su constante
bramido lo que aterra en el ocaso,
ni contemplar tampoco el pecio hundido
del tiempo que fue un eco de la dicha,
la dicha del amor y de ser joven.

Asusta la cadencia del lamento
inútil de las olas en la playa,
las olas al romper en cada orilla,
las olas que se pierden en el ciego
absurdo sacrificio que las llama.

Espanta el grito sordo que las mueve, 
que ruge y barre y borra las palabras,
las voces que no vuelven y ahoga el mar,
y todo se convierte en sal y en nada.

Por eso, como Borges, solo pido
que exista eterno un Cielo para ti,
un Cielo para ellos, aunque yo
hundido en sombras ya no pueda veros.

Luis P. Suárez, de Cuerpos a la hoguera (Libros del Aire, 2022).

editoriallibrosdelaire@gmail.com

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