2020: coronavirus y ciberespacio

 




2020: coronavirus y ciberespacio


Se me retuercen las tripas por las personas que incumplen las normas y por los numerosos comercios que han echado el cierre, entre otros acontecimientos, mayormente, desagradables. Distintos a los que, hasta ahora, habíamos conocido.




¡Qué pena de sociedad! De planeta y de Humanidad. Tantas penas que ya no me conmueve hablar de ellas, aunque mi espalda esté cada vez más doblada por el peso de la tristeza. Por los muertos y los contagiados. Por las otras calamidades que nos rodean: el Gran Valle del Rift de África Oriental, se agrieta. El Cráter de Batagaika, situado en Siberia –conocido como la Puerta del Infierno—, se ensancha. La Antártida, se derrite. El campo magnético de la Tierra, cambia. Elvirus del Nilo –transmitido por el mosquito común—, nos ataca. La fiebrehemorrágica de Crimea-Congo –trasferido por las garrapatas—, hace estragos. En fin… estamos sufriendo numerosos envites. Tal vez estemos en una época inter lo que sea… Posiblemente, interglaciar como enseñaban en la universidad hasta hace poco. Actualmente desconozco qué se enseña.






Los jóvenes son jóvenes y, si buscamos en nuestras dendritas de un pasado más o menos cercano, recordaremos qué sentíamos riendo, fumando porros, besando al de turno, emborrachándonos o lo que hiciera falta por un poquito de libertad. Por hacer aquello que nos prohibían, por olvidar a nuestros padres que nos trataban como a niños, a nuestros insoportables hermanos, a nuestras madres con el aspirador, a las vecinas rezando el rosario y al agujero negro que azotaba nuestras entrañas sin saber el porqué.


A día de hoy, estaríamos hartos de mascarillas, de no poder meterles mano a nuestras chicas, de no hacer el botellón o de que la píldora antibaby no nos sirviera para nada porque no podíamos meter. Lo entendemos. Los mayores entendemos que vuestra juventud pasa por un momento de mierda y por eso incumplís las normativas.


Hijos, la vida es un cuadrilátero, una batalla constante y, a vosotros, los jóvenes, os ha tocado vivir en este caos, en esta nueva guerra. Las guerras asesinan. Y, pasados los años, gracias a forzar la maquinaria y a los que quedaron bajo tierra, los supervivientes mejoran su calidad de vida de una u otra manera. Sucedió con la I y la II Guerra Mundial. Esta, desde otro prisma, bien podría ser la III. No obstante, una cosa es que te fusile el enemigo y otra muy distinta que seas víctima de tu propio ejército; algo que está sucediendo por relajar las pautas sanitarias.


Todos estamos del revés. Grandes y chicos, mujeres y hombres, travestis y transexuales, religiosos y laicos, propietarios y okupas, fachas y progres, negacionistas y solidarios, ricos y pobres, albañiles y abogados, enfermos y sanos, putas y cándidos, policías y ladrones. La covid19 nos arrastra. Pero, hay que plantarle cara y seguir adelante… ya lo sabéis: «Si no podemos con el enemigo, nos unimos a él». La Nueva Normalidad es nuestra realidad. Y, como hay que cohabitar con la covid19, vamos a acoplar la enzima ACE2 –responsable de la infección de las células sanas— a nuestras vidas.


Que cierran los comercios físicos, compremos online y esperemos que esos sacrificados comerciantes sean indemnizados debidamente. Puede ser que, con el montante que reciban, se reinventen en esta nueva fase: la Era de la Tecnología que, por causa mayor, ha irrumpido en nuestra existencia. Actualmente, tenemos al alcance de la mano el uso masivo del ciberespacio. Utilicémoslo a gran escala y a nuestra conveniencia.


Que se acabaron las quedadas y las discotecas, pues tomemos birras por Skype y subamos las imágenes a Instagram. Grabemos en directo nuestros bailes. Abramos chats y tengamos sexo virtual. Utilicemos la mascarilla como un complemento de moda. Desmenucemos nuestros cerebros e inventemos juegos de realidad virtual. Leamos en digital. Compremos un robot en Alibaba y un arco desinfectante en Amazon. Disfrutemos de las megamultiples vídeo conferencias. A ver, ¿qué problema tenéis si, habitualmente –en la época precovid19— ya os comunicabais por wasap, aunque estuvierais junto al colega wasapeado?  Va a resultar que los jóvenes sois más carcas que los mayores.


Es obvio que me gusta la ciencia ficción, pero estamos a uno paso de que estas premisas se hagan realidad. El futuro pasa por desarticular el concepto histórico que tenemos de familia, de manada… y convertirnos en hikikomoris. Démosle a este término japonés una vuelta de tuerca y adoptemos la exclusión social sin finales trágicos ni imposiciones. Que no podemos tocarnos, veámonos a través del ciberespacio.



El conjunto de la sociedad debería volcarse en las nuevas tecnologías porque son el futuro. Al respecto, incluyo la educación. Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) son herramientas esenciales para poner el modelo educativo a punto. Si hay grados universitarios online, lo mismo pude suceder con educación primaria. Necesitamos cambios significativos en profesores y alumnado. Extensible a la mayor parte de aspectos sociales. Tomemos como referencia a Japón o a Finlandia donde el espacio y el ciberespacio van de la mano.


Me confieso, en cierta medida hikikomori. Sin embargo, he descubierto algo que desconocía: tengo conciencia social.  No miro por mí, sino por el conjunto. Puede ser que mi exceso de imaginación se anticipe a los acontecimientos. Gracias.

 

@Anna Genovés

Quince de agosto de 2020

Publicado en el diario El Cotidiano

 Imagen del encabezado de dominio público cedida por La NASA a Wikipedia

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