Semana 3ª




Diario cuarenténico

Semana 3ª

Día 18
Lunes 30 de marzo de 2020

Hola Dicu, queridísimo diario que permites ser compartido con los amigos que te lean. Sabes, hoy, me he negado a mirar o escuchar cualquier tipo de noticias sobre el covid19. Por la noche, lo que digan, eso sabré.

Tengo pavor a lo rápido que me he aclimatado a esta situación de clausura. Tal vez mi condición de persona solitaria o el haber vivido como una outsider durante tantos años, ha acelerado el proceso. La sociedad me excluyó hace tiempo –o yo me excluí—, y, desde que J enfermó, el escenario fue en crescendo.

Esta mañana he estado haciendo gimnasia un buen rato. Me gusta el deporte, es algo que también nació conmigo. Fui portera de balonmano, gimnasta, velocista… lo que fuera, pero individual.

El día es más frío que de costumbre, como una jornada de crudo invierno. Después de comer, apenas hay transeúntes y, ahora, ni vehículos. Me ha llamado la atención –en mi nueva profesión de voyeur—, cómo, la semana pasada casi todos los peatones llevaran mascarilla y, desde ayer, la cosa ha cambiado por completo. Andarines y paseadores de perros, a cara descubierta.

Posiblemente, se deba a que ya no tenemos EPIs de protección. O, quizá, porque nos da lo mismo. Esta gran ciudad dormida, cada amanecer desfallece un poco más. Una nebulosa trasparente se cierne sobre el cielo avisándonos de que estamos señalados por la peste. La dama de la hoz nos quiere con ella. Y… ¿a ver quién es el guapo que se le resiste? Hemos visto tantos seriales y films postapocalípticos que nos dejamos llevar.

El bicho se ha comportado. No quiere decir que todo sea maravilloso, pero, hubo menos decesos y contagiados que ayer.

Día 19
Martes 31 de marzo de 2020

De buena mañana, he leído un artículo de la prestigiosa universidad británica El Imperial College en El confidencial, donde, mediante cálculos matemáticos –y las mates son exactas—, se asegura que, si nos hicieran a todos el test del covid19, en España habría unos 7.000.000 de contagiados. La verdad, me lo creo. Ojalá muchos sean o seamos asintomáticos sin complicaciones. Me ha dejado caos, aunque era algo que estaba cantado.

Me ha entrado mal cuerpo mientras desayunaba, así que me he puesto a espiar a los vecinos a ver si algo me animaba. En el parque solo había un perrito, mi favorito: un cachorro de husky siberiano muy wapo. El amo le lanzaba una pelotita y el can trotaba. Algo simple y maravilloso. Después miré las coladas. Una vecina tenía la ropa blanca primorosamente tendida. ¡Madre mía con lo desastre que soy! El ama de casa más ‘antiama’ de casa del mundo. Mi ropa luce como si fuera el tenderete de algún mercadillo donde las piezas, del color que sean, cuelgan desgarbadas.

Hace un rato que he bajado a la farmacia y, además de los medicamentos de J, he encontrado guantes de nitrilo. 100 por 11€, lo que es un precio elevado, pero no excesivo –anoche miré en Aliexpress y los más baratos costaban lo mismo—. De todas formas, está claro que siguen enriqueciéndose a costa de la desgracia. La farmacéutica me ha dicho que en 10 o 15 días tendrá mascarillas quirúrgicas y jabón desinfectante. Por cierto, también me ha dicho que cualquier mascarilla –FFP1,  FFP2 o FFP3— protege si se mantienen las distancias convenientes. Y, además, aunque sean desechables, se pueden reutilizar si las esterilizamos con H2O hirviendo o con el vaho de alcohol igualmente cocido. También puedo meterlas en la lavadora a 40°.

A las 20:00h los aplausos han quedado olvidados en el baúl de los recuerdos. Tal vez ya no son necesarios pues todos sabemos los agradecimientos que merece nuestra sociedad.

El informativo ha dado unas cifras caóticas. ¡Qué horror!


Día 20
Miércoles 1 de abril de 2020

J me ha leído la carta abierta que algunos políticos le han enviado a Merkel y he tenido que esforzarme para no llorar. A ver si los estados miembros de la UE que no ayudan a los que el covid19 masacra, nos echan una mano. De lo contrario, Europa se irá a la mierda. Quisiera que nos mantuviéramos unidos.

Estos días son buenos para reflexionar. La existencia es una pescadilla que se muerde la cola. Un círculo vicioso sin principio ni fin. Cada equis tiempo sucede una calamidad que aniquila a gran parte de la población mundial de una u otra forma. Y, vuelta a empezar. Hemos vivido en una sociedad regalada a consta del egoísmo que convirtió lo prescindible en imprescindible y lo importante en banal. Cada uno a su aire, y, eso, está bien –equivale a libertad—, pero olvidamos que en la Tierra hay café para todos. Dicu, nos morimos, nos estamos muriendo. Cuando superemos esta tragedia, todo será diferente.

Si fuera médico no sabría cómo decidir la vida o muerte de uno u otro paciente. Muchos doctores, tienen que hacerlo. ¿Sabes por qué? Porque nos convencidos de ser tan poderosos como el Todopoderoso –si es que existe—. Y, en nuestra omnipotencia, olvidamos que podíamos enfermar. De tal manera, que en un caso como el actual, no hay ni especialistas ni material ni camas para socorrer al conjunto de la sociedad. No hace falta que se apruebe la eutanasia: está en vigor obligatorio.

Somos unos genocidas. El covid19 sembró. Nosotros lo cultivamos. Más muertos y más contagiados. Las autoridades dicen que estamos llegando al pico. ¿A qué pico? ¿Al de arriba o al de abajo? ¡Qué pena damos!

Día 21
Jueves 2 de abril de 2020

He salido a comprar algunos platos de comida preparada y la calle desierta ha golpeado mi psique. He grabado un vídeo para que J viera un poco la calle. Pero… ¿qué hay que ver? Algunas aves, un puchado de personas enmascaradas, unos vehículos dispersos o la tristeza de los edificios alicaídos como tulipanes deshojados a punto de perecer.

Existe un ambiente generalizado de hibernación. El bullicio de la sociedad del bienestar ha entrado en la etapa de la sumisión. Nuestros cuerpos se debilitan a pasos forzados. Puede que sea una evolución de nuestra raza y, dentro de unos meses, surjan las primeras mutaciones con una pérdida de masa corporal que derive en una miastenia generalizada. Me niego, Dicu. M-e n-i-e-g-o. Tenemos que resucitar como Jesucristo o como los walker de una peli de terror.  Ponernos en funcionamiento: todos los días gimnasia haga frío o calor, nos muramos de tristeza o estemos contentos porque el covid19 se estabilizó.

Después de comer me he puesto mi disfraz apocalíptico y he ido a Mercadona. La compra ha resultado bastante productiva pues he encontrado 250 ml de desinfectante para las manos por 2.20€. El resto de productos, mantenían igualmente los precios anteriores a la catástrofe. He grabado otro vídeo: es deprimente. No había absolutamente nadie. Lo he subido a las redes. ¡Ufff…! Vivo en una ciudad muerta. No hay perros ladrando, solo algún pájaro de mal agüero pregona el anticipo de la próxima decapitación.

Solo me crucé con una pareja de jóvenes y, con la que nos está cayendo, va y me chulean. Iba cargada hasta los topes y tenía poca movilidad. Se han descojonado y, por casi, se me echan encima pese a que les he dicho: «Por favor, mantened la distancia». Me he cagado en ellos y, sin venir a cuento, se me ha cruzado una idea por la sesera: «Ya que el bicho detesta la lejía y el alcohol, ¿por qué nos hacemos alcohólicos? Como es poco recomendable, me he contestado a mí misma: «Porque acabaríamos cirróticos. Pero, ¿estarán investigando fármacos que contengan extracto de uva y todo eso…?». Ojalá.

Tengo que hacer la declaración de la Renta, pero me la bufa; mi capital es tan elevado que estoy exenta. Aun así, entregaré el borrador. Seguro que me devuelven o pago 1 o 2 €. ¡Qué mogollón!

Hay más de 110.238 personas contagiadas y 26.743 han superado la enfermedad. Pena, mucha pena.


Día 22
Viernes 3 de abril de 2020

Hola Dicu. La noche fue un tanto extraña; escuchaba las toses de algunos vecinos. Puede que sea una bronquitis o cualquier infección respiratoria ajena al covid19, pero, es imposible dejar de pensar que puede ser lo peor. Me metí en la cama y me arrebujé con el edredón. La luz estaba abierta, y, de repente, me desperté una hora después. Iba a levantarme al servicio y, como en el día de la marmota, he mirado el despertador y habían pasado 45’. La luz seguía encendida. Algo incomprensible pues duermo con tapones y con las luces super apagadas como si fuera el Hotel de los vampiros de True Blood. Luego he tenido un duermevela perenne.

Me he levantado pronto y me he machacado en mi gimnasio casero como los atletas de élite. Dos horas y ducha caliente. A mediodía, me sentía mejor. Cuando he bajado la basura he visto un cielo maravilloso y limpio de un azulino delicioso. Me hubiera sentado en el parque a tomar el sol. No obstante, me he comportado como un sintético del hogar y he tirado las bolsas en los diferentes contenedores antes de subir andando. Nadie puede quejarse pues es una costumbre que tengo desde hace bastantes años. Lo hago desde que escuché a un pavo que estaba rico, rico, rico… decirle a una chica: «Como vives en un piso séptimo, sube y baja andando y verás como mantienes el trasero perfecto». Siempre fui presumida, Dicu. Aunque esta pandemia me está cambiando. A medida que pasan los días, empieza a importarme un rábano mi aspecto. Por eso me esfuerzo; no quiero acabar todo el día con batín y tirada en el sofá.

Sé que hay más muertos que ayer, y también más contagiados. Sin embargo, parece que la curva tiende a neutralizarse. De verdad que me gustaría creerlo. Aunque haya leído algunas noticias alentadoras otras son contradictorias. Se ha confirmado lo peor: el confinamiento se alarga hasta final de mes. ¿Cómo irá verdaderamente la pandemia para que esto suceda? ¿Es el fin? ¿De verdad que lo es?

Días 23 y 24
Sábado 4 y domingo 5 de abril de 2020

Hola Dicu. J acaba de bramar: «¡Me cago en la madre que parió a todos los chinos! Hay que boicotearlos. Seguro que ellos no se lavaban las manos tanto como nosotros ni en Wuhan ni en Beijín cuando la puta pandemia los achicharraba. Se nos va a caer la piel». Me ha sorprendido. Pero la verdad es que se me están pelando los dedos y las palmas como si fuera una serpiente mudando la piel. ¡Grrrr…! Seamos fuertes y no pensemos que los asiáticos tienen la culpa de todo, solo un poquito… ¿O no? ¡Dios! ¡Cuántas dudas!

Si pienso fríamente, me inclino por algo similar al film Contagio de Cronenberg, que ya te mencioné días atrás… Un murciélago hace sus necesidades en una porquera y un cerdito se las come. Después uno de los lechones que pare es vendido en el mercado y se lo comen unos turistas. Ya está la mierda montada. Si dejo mi vena fantástica volar, ¿qué quieres que te diga? Seguramente escribiría una historia en la que el hecho anterior fuera medio cierto, aunque le daría una o dos vueltas de tuerca. No incriminaría a EEUU, que es lo que casi todos sugieren, me iría a por los extremistas islámicos que odian Occidente. Se van a los chinos con un montonazo de dinero y les dicen: «Mejorar el bicho en el laboratorio que nosotros lo esparciremos». ¡Vaya animalada! Pero, querido diario, estar en clausura, tiene sus consecuencias.

Ayer fue un día rápido. Hice gimnasia y hasta bailé el twist de Pulp Fiction –lo que sea por reírse de uno mismo y hacer reír a los amigos—. Después comí rápido, pues tuve que ir a Consum a por unas cosas imprescindibles. Me pone bastante nerviosa el mero hecho de salir a la calle. Me confieso miedosa. Antes de salir me invade un mar de dudas… ¿Infectaré o seré infectada? ¿Guardaré bien la distancia recomendada? ¿Habrá mucha gente y tendré que guardar cola? ¿Encontraré lo que necesito? Y muchos etcéteras más… A eso se une un croquis del espacio a recorrer para llegar y hacer la compra lo más rápido posible.

Últimamente me ha dado por compartir en redes la verdad, y, además de hacerte público, subo algunos vídeos. No tengo la menor intención de famoseo. Solo quiero ser un punto en la memoria colectiva. Ayer hice una pequeña filmación y me invadió una tristeza enorme cuando pasé por el parque y vi los columpios y toboganes… sin niños. El silencio sepulcral me encogió el alma y las ramas volátiles de los árboles tejieron su sombra llorona, sobre mi hechura.

Pasé la tarde ¡plof! Y el anuncio de la prórroga del confinamiento, que a su vez se puede ‘requetérreprorrogar’, terminó de ‘plofearme’ aunque fuera la Crónica de una muerte anunciada, no de Gabo sino del mundo. El informativo me animó bastante. Dijeron que la curva seguía su procesión de aplanamiento. Sin embargo, me desbarajustó un poco el tema de las mascarillas. Ahora, es recomendable su uso cuando antes se llegó a decir que podían ser perjudiciales. ¡Ayyy…!!! Creo que el cuento preferido de muchos gubernativos es Pinocho.

A ver qué nos dicen, esta noche. Este confinamiento parece La milla verde. Quizá, si nos dieran a todos el traje de protección individual correspondiente, podríamos salir a la calle y viviríamos la vida de otra manera.
En la calle me siento como la reencarnación de Will Smith en Soy leyenda. Quizá mañana amanezca la esperanza. ¿Por qué no?

@Anna Genovés
Domingo 5 de abril de 2020

#solidaridad #covid19 #coronavirus #gratitud #tendencias #leer #escribir #frases #pensamientos #diariocuarenténico #annagenoves





Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.