Y dijo Armando: “el amor es como el curling”

Armando me recoge en mi portal. Es martes por la tarde, ya ha oscurecido. Ni siquiera teníamos previsto el encuentro, pero surge la posibilidad de tomar un café y no la desperdiciamos. A veces pasamos mucho tiempo sin vernos; otras, en cambio, cruzamos nuestras vidas con una frecuencia que contribuye a crear un vínculo invisible de complicidades y anécdotas compartidas. Llevamos ya seis años así y ha funcionado contra todo pronóstico.

Él es El Experto; y en este momento de la historia se ha convertido en el ídolo hipster de la ciudad (su suéter con estampados horizontales en blancos, rojos y negros da fe de ello; sus gafas de pasta, también), porque ha puesto en marcha Los Jueves Subterráneos de La Central de Callao y ha conseguido que todo el mundo hable del garito y de los conciertos.

A pesar de eso, de su fama incipiente en el círculo moderno de Madrid, no me falla nunca, siempre tiene un hueco.

La tarde del martes nos refugiamos en el Azul y él se pide un batido de cítricos y un pedazo considerablemente grande de tarta de dulce de leche; yo me conformo con un café. Encontramos libre la mesa de la ventana y nos sentamos el uno frente al otro.

Hablamos de amor.

Entre los colores suaves del local, intenta disuadirme.

Y, en un momento de la conversación, sin dejar de mirar su iPod conectado con Wi-Fi cada poco ni saber que se dispone a contribuir a mi investigación inabarcable sobre el concepto, en la que ya han participado, entre otros, Cortázar y Astrud, Jaramillo, Dickens, Stoker, Sergio Dalma, Wharton, Vituperio, Silvi, mi madre, Raquel Friera y Raquel Vicedo, dice: "el amor es como el curling".

Y despierta mi atención. ¿Qué demonios es eso?

"El amor es como el curling", continúa, "mal van las cosas si hay que forzar demasiado el deslizamiento de la piedra. Cuando es de verdad, simplemente funciona".

Llego a casa y encuentro este vídeo, donde los entregados jugadores de curling ejercen de metáfora. Fascinada ante su empeño frotador, me pregunto si el curling no existirá únicamente para reflejar los diferentes estadios del amor: desde el verdadero, el que tiene que ser, en el que nada cuesta; hasta el amor viciado , carcomido, el amor que nos imponemos y por el que luchamos ignorando una voz interior que nos repite sin esperanza: "todo esfuerzo es inútil".

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