Hablar de la rosa es siempre hablar del poema

rose

1.

 “Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano… ¿entonces, qué?

Lo escribió Coleridge, lo dejó apuntado en un libro de notas. No dice rosa, dice flor, pero yo escuché la anécdota con una rosa y ya se sabe que las cosas no son como son sino como se cuentan. Se lo escuché a Martín Garzo, mucho más cursi, pero así lo dijo:

Coleridge escribe un poema en el que se queda dormido en su catre, vive en una casa oscura y fría. En el sueño escapa a un lugar maravilloso, un paraíso. Alguien le entrega una rosa para que no lo olvide. Al despertar en su triste cuarto vuelve de aquel precioso lugar a su dura realidad. Pero al girarse, sobre la mesa, encuentra la rosa del sueño. Así termina el poema. Es, pues, una paradoja imposible. Pero la rosa, en realidad, es el poema, lo que se trae del sueño Coleridge es el poema que acabamos de leer.

La frase de Coleridge, su paradoja, da para mucho más. Pero quedan ya las palabras, que la rosa es el poema, que el poema es aquello que nos traemos del  sueño, o eso que salta del milagro a lo real, que actúa como puente, portal, que se instala en la paradoja.

2. Hablar de la rosa es siempre hablar del poema. Y hablar del poema es siempre hablar de las palabras. Y hablar de las palabras es siempre hablar del lenguaje. Hace quinientos años lo decía Shakespeare con la voz de Julieta.

What’s in a name? that which we call a rose
By any other name will smell as sweet.

Qué es esto sino análisis metalingüístico puro y duro (aunque contradiga lo que decía arriba sobre la forma influyendo sobre el contenido). Siglo XVI, les recuerdo. La rosa es Romeo, claro, pero también es un declaración de intenciones. ¿Qué hay en un nombre? Indomable pregunta que se adentra en profundidades que creo el ser humano no es (ni será jamás) capaz de abarcar.

3. ¿Que hay en un nombre? ¿Qué hay en el nombre de la rosa? El nombre de la rosa y plaff, aparece Umberto Eco.

5. Siguiendo el pensamiento shakespeariano tenemos a la Stein y su más famoso Rose is a rose is a rose is a rose de su poema Sacred Emily. Dicen que es, también, una forma de decir que las cosas son lo que son y punto. Sin embargo, pienso que va más allá, es un intento de ir más allá de lo que las cosas son, de profundizar en ellas. ¿No adquiere un carácter nuevo la rosa cada vez que la nombras? ¿Es lo mismo decir Rosa, que decir Rosa es una rosa, que decir Rosa es una rosa es una rosa, que decir Rosa es una rosa es una rosa es una rosa? ¿Es la primera rosa la misma que la última? Cada vez que la nombras es diferente, así que una rosa no es nunca una rosa o no es nunca la rosa.

6. Borges fan incondicional de la paradoja iba más por el rollo Coleridge.

La rosa

La rosa,
la inmarcesible rosa que no canto,
la que es peso y fragancia,
la del negro jardín de la alta noche,
la de cualquier jardín y cualquier tarde,
la rosa que resurge de la tenue
ceniza por el arte de la alquimia,
la rosa de los persas y de Ariosto,
la que siempre está sola,
la que siempre es la rosa de las rosas,
la joven flor platónica,
la ardiente y ciega rosa que no canto,
la rosa inalcanzable.

Lo dice clarito al final del poema, la rosa, lo inalcanzable, pero añade otra paradoja, la rosa que no canto y sin embargo estoy cantando. Afirma que no canta la rosa en un poema, la rosa que es inalcanzable, o aquello que ocurre en el sueño y es imposible de traer, traerlo en el poema y que el poema sea (un fracaso probablemente) el intento de abarcarla.

7. Y finalmente nuestra rosa, la más famosa de España, no, no es la Jurado, es la rosa de Juan Ramón Jiménez.

El poema

¡No la toques ya más,
que así es la rosa!

Creo que no hace falta explicar mucho, lo explica el propio poeta, la rosa, el poema y una breve clase de escritura, una suerte de poética que aboga por lo natural, por lo que surge sin artificio, como la rosa. Pero pocos saben que Juan Ramón Jiménez confesó que la afirmación del poema la decía “después de haber tocado el poema hasta la rosa”. Y quedamos pues en otra paradoja, aquella de que la perfección surge de forma natural pero para traérnosla, representarla, necesitamos de la retórica.

8. Me he hecho un play-list de Mecano. Ciao.

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