El fuego que no arde en ninguna parte
Tomamos un vino imprevisto en La Taberna de los Conspiradores de Huertas. Es jueves por la noche. Cuando nos encontramos ya han dado las once en el reloj ovalado, de diseño antiguo, que cuelga sobre la puerta más cercana a la barra. Hace un frío atroz y no nos quitamos nuestras bufandas de lana al sentarnos en una mesa verde y diminuta, pegada a la pared, que nos recuerda a L...
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