de niños y cuevas
De niño me encantaban aquellos agujeros tan oscuros, esas cuevas ahondadas en las montañas más allá del parque que ululaban y seducían con voz de viento, esas sensuales grutas ignotas frente a las que uno jugaba excitado y a solas sin permiso de papá y mamá. Esas cuevas que al final de la tarde parecían preciosas soledades circulares de sombr...
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