VIVIR DEL CUENTO
Antes que nada, debo confesar algo para que luego nadie me lo recrimine: soy inglés. Lo soy para lo bueno y para lo malo, pero lo soy. Debe ser genético, algo con lo que se nace, un plus de personalidad que nos conforma a los británicos tal y como somos. Es como si ya desde el nacimiento quisiéramos ser diferentes al resto del mundo. Yo, por ejemplo, para llamar la...
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