ENTREVISTA EN CUALIA por HILARIO J. RODRÍGUEZ



TREINTA AÑOS DE ÉXITOS: 
ENTREVISTA CON VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ

Hilario J. Rodríguez, Cualia Libros, 24-10-2026

Vicente Muñoz Álvarez repasa su trayectoria literaria, 
la relación entre poesía y narrativa 
y las influencias que atraviesan sus relatos.

La primera vez que supe de Vicente Muñoz Álvarez, no fue ni sobre el agente cultural ni sobre el narrador; sobre quien descubrí algo fue sobre el poeta. Hay, por si no lo sabíais, más de un Vicente Muñoz Álvarez, y el poeta aquella primera vez (en torno a 2013) me pareció impresionante. Leí dos poemas suyos en un blog, uno se titulaba Animal herido y el título del otro ya no lo recuerdo, aunque recuerdo que resonó en mí durante un tiempo y que trataba el tema del jardín. El año pasado su libro Hombre de mimbre. Antología poética (1999-2025) mereció el Premio de la Crítica de Aragón al mejor poemario del año.

No fue un premio puntual, sino a una labor incesante que ya duraba casi treinta años, porque la suya es una obra acumulativa, en la que todo suma: suman los libros, uno tras otro, del mismo modo que el poeta se suma al narrador, al reseñista, al ocasional crítico de cine, al instigador de obras ajenas y al gestor cultural que no duda en apoyar la obra de artistas de todo tipo, marginales especialmente.

Algo parecido a lo que le ha sucedido a su poesía el año pasado, les ha sucedido a sus libros de relatos este año con Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia), que acaba de publicar Efe Eme y que recopila tres: Perro de lluvia, Los que vienen detrás y El merodeador. Bastarían esos tres libros para convertirlo en uno de los maestros indiscutibles del relato en este país.

Al pensar en esta coincidencia: la de que su poesía y tres libros de relatos aparezcan recopilados en un espacio tan breve de tiempo, me parece como si de pronto todo el mundo se hubiese puesto de acuerdo para hacer un poco de justicia con un escritor incansable, a quien hasta ahora había movido más su amor a la literatura que los premios y distinciones. Ese amor, por si fuera poco, ha ido siempre más allá de su propia obra y se ha expandido en múltiples frentes, como creador de fanzines, reseñista, aficionado al cine, compilador, antologista y coordinador del Festival Cultural Híbridos en León.

Atento siempre a lo que sucede en las periferias, los relatos de Vicente Muñoz Álvarez tienen muchos ecos de los escritores beatniks, pero también del realismo sucio de Raymond Carver y Richard Ford. Prefieren la sequedad al alambicamiento, aunque a veces utilicen recursos poéticos. Eso quiere decir que sus protagonistas nunca son personas demasiado especiales, ni por su inteligencia ni por su fuerza; son tan solo seres humanos, a veces incluso demasiado humanos. No son relatos que pretendan cerrar círculos perfectos, porque a menudo se conforman con mostrar a personas en tránsito, que atraviesan la hoja en blanco y se pierden de vista de pronto, sin haber llegado a un punto y final.

Quienes conocen al autor, insinúan que algunos (bastantes) son relatos autobiográficos. Lo dicen para acto seguido cuestionar su posible veracidad. Con esto quiero dejar claro que no estamos ante un escritor cualquiera, estamos ante alguien que ya ha generado su propio mito. Pero dejemos que él mismo nos lo cuente.

Escribir desde los márgenes

PREGUNTA.- Calculo que para ti, que tienes algo de escritor de periferias y márgenes, cada vez que cobras protagonismo te debe resultar contradictorio, aunque al mismo tiempo sea necesario.

RESPUESTA.- La verdad es que, pese a ser un escritor de periferias y márgenes, como bien dices, la crítica y la prensa siempre me han tratado bien, sobre todo en mi ciudad, y agradezco cualquier entrevista o reseña que dé a conocer mi obra. Siempre he publicado en editoriales pequeñas e independientes, y con ellas es necesario hacer un esfuerzo de promoción si quieres dar a conocer tus libros, así que no tengo ningún problema en contestar entrevistas o lo que me quieran preguntar sobre ellos.

P.- ¿Es el Vicente Muñoz Álvarez que escribió Perro de la lluvia, Los que vienen detrás y El merodeador el mismo que ahora presenta esos tres libros en un solo volumen de título Nunca volverá a ser ahora? ¿Qué aprendió el joven Vicente Muñoz Álvarez del que iba a venir años después y qué aprende el Vicente Muñoz Álvarez de ahora mismo del que él mismo fue en su día?

R.- Pues obviamente, no soy el mismo, pero a la vez sí… Es decir, me reconozco e identifico totalmente en esos relatos y libros, varios de ellos autobiográficos, pero lo cierto es que ha pasado mucho tiempo desde que los publiqué (1997, 2002 y 2007 respectivamente) y, de algún modo, soy ya otra persona. Si he decidido publicarlos ahora en un solo volumen es porque me siguen pareciendo grandes relatos, y vistos además con la perspectiva del tiempo, creo que se adelantaron a su época y encajan casi mejor en esta. Se habla en ellos de la alienación del individuo, de sociedades distópicas, de servidumbres laborales y sentimentales, del colapso del capitalismo, de la crueldad y las grietas del Estado de bienestar, de las neurosis y paranoias del creador, y sobre todo en El merodeador, el último de los libros que incluye la trilogía, del oficio de tinieblas que es la escritura, don y maldición al mismo tiempo. Temas, todos ellos, de plena actualidad.

Entre poesía y narrativa

P.- Tú mismo te has descrito ante todo como poeta, pero en este volumen demuestras que la ficción narrativa y sobre todo el relato no te son ajenos. ¿Dónde se encuentran en este libro el poeta y el narrador? En libros como Crónicas de motel, de Sam Shepard, o en algunos de John Berger, es fácil verlo porque alternan relatos y poemas, pero en tu caso es más borroso.

R.- Curiosamente, siempre han dicho de mi prosa que es muy poética, y de mi poesía que es muy narrativa, así que de algún modo ambos géneros se fusionan con naturalidad en mi obra. Hay relatos en esta antología, por ejemplo, Un cofre lleno de recuerdos, Beatitud o La lluvia, por citar algún ejemplo de cada uno de los tres libros, que son pura prosa poética. Y en todos ellos, creo, se nota de algún modo mi vena poética, tanto en la concisión como en el tono melancólico y existencial que los caracteriza.

P.- La variedad de asuntos y formas que uno puede encontrar en los relatos de Nunca volverá a ser ahora te coloca casi en el terreno de experimentalistas como Stephen Dixon. ¿Tiene eso que ver con tu afición a los fanzines, los cómics, la ciencia ficción, el underground bukowskiano, la generación beatnik y todo ese torbellino al que podríamos llamar literatura de quiosco, de donde salieron muchos escritores insignes, como Jorge Luis Borges o Fernando Pessoa?

R.- Sí, por supuesto. Siempre he intentado fusionar la alta y la baja cultura, y mis relatos están llenos de referencias a ambos mundos: literatura, cómic, música y cine, que siempre, de un modo u otro, aparecen en mi obra. Y está, por otro lado, mi pasión por la cultura subterránea, como bien dices, los fanzines, la literatura pulp y el cine de serie B, sin menoscabo de la alta literatura, determinantes igualmente en mi trayectoria. No en vano, coordino desde hace más de una década un festival cultural llamado Híbridos para el Ayuntamiento de León, que intenta fusionar lo mejor de unos y otros mundos, con propuestas fuera de los circuitos comerciales habituales.

Influencias literarias y mestizaje cultural

P.- ¿Estarías de acuerdo en definir Perro de lluvia como un libro decimonónico, Los que vienen detrás uno más propio del siglo XX y El merodeador uno del siglo XXI?

R.- Nunca lo había pensado así, pero pudiera ser. En Perro de lluvia apuesto, en líneas generales, por lo que precisamente en el siglo XIX se denominaron cuentos crueles, en la línea de Maupassant, Poe o Villier de L’Isle-Adam, entre otros muchos: relatos excesivos y sangrientos, de ficción extraña, viscerales y perversos. En Los que vienen detrás, la influencia es sobre todo del minimalismo y el realismo sucio norteamericano, con Carver y Bukowski como principales exponentes. Y en El merodeador, que es un homenaje a Thomas Bernhard, un autor básico en mi formación, las influencias son de autores europeos, nihilistas y existencialistas. Aunque, volviendo a lo que hablábamos antes, nunca he sido un autor purista y siempre he apostado por el mestizaje y la hibridación, de modo que en los tres libros hay también influencias de la contracultura, el mundo del rock (Perro de lluvia, sin ir más lejos, es un guiño explícito a Tom Waits), el cine y el cómic, etc.

P.- ¿Cuáles son, en tu opinión, los saltos estilísticos y conceptuales entre los tres libros?

R.- Creo que en parte te he contestado a esto en la pregunta anterior. En mi opinión, Perro de lluvia es un libro de relatos de ficción extraña y gore, Los que vienen detrás de relatos hiperrealistas, y El merodeador de relatos existenciales, con el denominador común del horror y la perversidad humana.

P.- ¿Cuál dirías, además de ser tú el autor de los tres libros, que es el rasgo que los hermana en Nunca volverá a ser ahora?

R.- La brevedad y la concisión de sus relatos, por un lado, y el propósito de remover la conciencia de los lectores, de manera que la lectura de cada relato les haga pensar y no les deje indiferentes.

P.- El lector de quiosco y biblioteca, a la manera de Borges o Umberto Eco, que caracteriza los relatos de Perro de lluvia, parece salir, como Don Quijote, a buscar la realidad en Los que vienen detrás. Parece como si un escritor con unos rasgos clásicos hasta cierto punto, se encontrase de pronto el realismo sucio e intentase encontrar en él su propia voz.

R.- Puede ser, e insisto en lo que ya hemos hablado: mis influencias son tanto de alta como de baja cultura y literatura. Yo leía con veinte años a Sartre y Camus, y a Lovecraft y a Poe a la vez, tocaba la batería en un grupo de rock, leía las Historias de la Cripta y me apasionaban el cine de autor y el de serie b, y todo eso siempre se ha reflejado en mis libros.

Thomas Bernhard y la ambigüedad autobiográfica

P.- El merodeador me recuerda por momentos al padre médico y su hijo en Trastorno, de Thomas Bernhard.

R.- Efectivamente. El merodeador está dedicado a Thomas Bernhard, que fue un autor que me voló la cabeza en su día, cuando estaba escribiendo ese libro, y que está presente de algún modo en todos sus relatos. Trastorno, por supuesto, pero aún más La Calera, Maestros Antiguos y sobre todo Corrección, que aparecen en algunos fragmentos de mi libro. Además, El merodeador, aunque estructurado en forma de capítulos que se pueden leer independientemente como relatos, es una novela con una estructura circular y obsesiva, donde al final todo se entrelaza y cobra sentido, algo muy bernhardiano también.

P.- Hay quienes describen tu obra como un territorio inestable donde es difícil saber cuánto de ficción y verdad hay en cada uno de tus relatos. ¿Hasta qué punto aceptas una descripción así?

R.- Estoy bastante de acuerdo con esa definición de mis libros, porque siempre he jugado con la ambigüedad y tomado mi propia experiencia como base para desarrollar mi prosa y mi poesía. En Nunca volverá a ser ahora, sobre todo en El merodeador, hay muchos relatos absolutamente autobiográficos, y otros que parten de anécdotas que he presenciado o escuchado, para luego derivar hacia otros territorios, según a dónde pretenda llegar.

Literatura, cine y crítica social

P.- En al menos uno de tus volúmenes sobre Cult Movies, que bien merecerían ser rescatados, hay alguna película directamente inventada, pero que sin embargo no desentona en el conjunto, cobrando un poco de vida entre las otras películas, que sí existen.

R.- Cierto, aunque no hablamos solo de una sino de dos películas, de entre las cientos que aparecen reseñadas. Pero no voy a desvelar cuáles son esas películas inventadas, porque de hecho pasan en la actualidad por ser verdaderas. Fue un juego metaliterario y cinéfilo que ha creado una especie de mito con el que me he divertido mucho.

P.- ¿Qué papel juega la crítica en tu obra?

R.- Si te refieres a crítica social, muchísima, sobre todo en mi obra poética, pero también en la narrativa. Soy un escritor que enjuicia la sociedad en la que vive, quizás porque creo que la literatura puede de algún modo cambiar el mundo, o al menos hacer que las personas se planteen en qué mundo viven y qué se puede hacer para mejorarlo.

P.- Una antología de tu poesía, Hombre de mimbre, acaba de recibir un importante premio. ¿De qué manera crees que pueda normalizar tu obra, en todos sus terrenos y vertientes? ¿Hasta qué punto puedes dejar de ser un escritor en los márgenes y convertirte en un representante del establishment?

R.- Hombre de mimbre, Premio de la Crítica de Aragón, ha supuesto un importante reconocimiento y empujón no solo a mi obra poética, sino a toda mi trayectoria al completo como editor, autor y gestor cultural. La cuestión es que yo me encuentro bien en los márgenes, que son mi territorio natural, y no he buscado nunca salir de ahí, ni antes ni ahora. Siempre he sido un autor a contracorriente y crítico, sin pelos en la lengua ni servidumbres de ningún tipo, ni políticas ni literarias, y no tengo ninguna intención de convertirme a estas alturas en un autor comercial, ni mucho menos representante de ningún establishment cultural o literario. Más bien todo lo contrario: me considero un francotirador y un escritor políticamente incorrecto a todos los niveles, con todo lo que ello implica. Y asumo y disfruto los márgenes en los que me muevo y escribo.

P.- ¿En qué andas enfrascado ahora mismo?

R.- En un nuevo poemario que va ya bastante avanzado, pero que no tengo prisa en publicar. Después de Hombre de mimbre, una antología poética de casi 600 páginas, y de Nunca volverá a ser ahora, que rescata tres libros de relatos emblemáticos de mi bibliografía, creo que lo que debo hacer es dejar que ambos libros, y las decenas que hay detrás, encuentren sus lectores y sigan sus respectivos caminos.




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