Si habéis leído la explosiva trilogía marsellesa de novela negra de Jean-Claude Izzo (Total Kheops, Chourmo y Soleá), entonces ya estáis al tanto del talento de este autor francés. Del que me parece insólito que el librazo que Sajalín publica ahora no se hubiera traducido antes.
Es la historia de un hombre que se queda sin trabajo, sin familia y sin techo y acaba en la calle. La novela comienza en el momento en que un amigo suyo (otro vagabundo) muere en París, y Rico, el protagonista, decide que está harto y emprende el viaje a Marsella. Durante ese periplo otro narrador, que en realidad no "aparece" en persona hasta la segunda parte (hasta entonces sólo era una voz narrativa), nos desvela por qué Rico llegó a esa situación: el desamor, el alcohol, la mala suerte...
Todo fue sumando hasta que se vio en la calle: y suele ser así. Detrás de cada persona que vive a la intemperie hubo alguien que lo intentó, que fue parte de la sociedad, hasta que vinieron mal dadas y no logró evitar el despido, las adiciones, el desahucio... Es una historia antigua y cotidiana. Algo que pone los pelos de punta porque cualquiera de nosotros podría acabar en ese pozo. Así comienza:
El invierno Tití lo llevaba dentro. En aquel momento le pareció incluso que el frío era más punzante en su cuerpo que en la calle. Quizá por eso había dejado de temblar, pensó. Porque no era más que un témpano de hielo, como el agua de las alcantarillas.
Un letrero luminoso sobre la entrada de una farmacia indicaba la temperatura, -8 ºC, y la hora, 20:01. Cobijado a duras penas bajo el soportal de un edificio, había visto desfilar los minutos desde las 19:30. Luego el aire glacial le nubló la vista. Comprendió entonces que la camioneta blanca de Restaurants du Cœur no iba a pasar, que era inútil seguir esperando. Cualquier pedigüeño se sabía su itinerario de memoria: Place de la Nation, Place de la République, Place des Invalides, Porte d’Orléans. ¡Nunca, jamás de los jamases pasaba por la Place de l’Hôtel de Ville la puta camioneta! Y allí había ido a esperarla, justamente, a la Place de l’Hôtel de Ville.
[Sajalín Editores. Traducción de Álex Gibert]

