Manuel Ríos San Martín es escritor, director y guionista. Con una amplia trayectoria en televisión, ha participado en series tan reconocidas como Médico de familia, Compañeros, Sin identidad y Operación Barrio Inglés. Autor de algunos de los thrillers más leídos de los últimos años, Manuel Ríos San Martín firma éxitos como La huella del mal, llevada al cine con una adaptación que ha superado los 5 millones de espectadores. Además, El olor del miedo y Donde haya tinieblas se encuentran actualmente en proceso de adaptación audiovisual.
La editorial lo cuenta así. En los icónicos talleres de restauración del Museo del Prado, Irene Llamas, la joven y brillante directora, se enfrenta al mayor reto de su carrera: autentificar un lienzo inédito de la serie del 2 y el 3 de mayo de Goya. Lo que no imagina es que está a punto de descubrir un inquietante secreto que puede sacudir el mundo del arte internacional… si decide sacarlo a la luz. Apenas unas horas después, la estrella del pop mundial Emcy es asesinada en el backstage de su esperado macroconcierto. Lola Baltanás, la inspectora de humor corrosivo e instinto infalible a cargo del caso, sospecha que, tras lo que parece un crimen pasional, se ocultan motivos mucho más oscuros y peligrosos. Dos casos sin aparente conexión. Dos mujeres dispuestas a arriesgar su vida para descubrir una red de conspiraciones, manipulación y luchas de poder. Una única salida: no confíes en nadie.
¿Quién soy o para modificarlo? (risas).
Fernando Marías tuvo la idea original y la plasmó en su novela corta Esta noche moriré, de la que después hacía un monólogo en teatros que funcionaba genial, daba miedo que le sucediera algo, que le estuvieran espiando. Pero la novela iba de otra cosa, de una venganza, no terminaba de desarrollar la idea, que era magnífica. Por eso, le pedí permiso para contar la verdadera historia de esa organización secreta y le pareció una buena idea. De ahí nace esta segunda vida de La Corporación, o tercera incluso, porque ya se había editado antes un libro de relatos cortos escrito por varios autores.
P.- Tú mujer es directora de restauración en el Museo Thyssen-Bornemisza. ¿Por qué te fuiste al Prado para ambientar esta historia, pudiendo tener más contactos en el Thyssen?
Al ser un cuadro desconocido de Goya el que aparece al inicio de la novela, me parecía más lógico hablar con los restauradores del Prado, ya que es el museo que tiene más obras del pintor, y los que más saben de su vida y de su técnica. Si quería profundizar, saber qué lienzos empleaba, los pigmentos, y conocer más de su historia tenía que hablar con ellos. Con Laura Alba, la encargada de los rayos X y con Gudrun Maurer, experta en Goya. Eso no quiere decir que no le haya hecho un montón de preguntas a mi mujer, claro está; se leía el texto mientras escribía para puntualizarme detalles.
P.- ¿Por qué elegiste a Goya entre todos los artistas del museo?
Al principio, incluso pensé en Leonardo da Vinci, pero me pareció que era un poco más tópico. Y con Goya me funcionaba realmente bien. Es un pintor del que se ha hablado mucho, aunque yo creo que no siempre de manera acertada. Se dice que pinta enloquecido, casi entre delirios, y aunque fuera un pintor vehemente, yo creo que era muy racional y sus pinturas explicaban perfectamente su ideología, tanto Los caprichos, que hablan de la ignorancia y la corrupción de la sociedad como las pinturas negras, por ejemplo.
P.- ¿Qué pintores serían muy complicados de falsificar y por qué?
Hoy en día, cualquier pintor clásico es difícil de falsificar porque los análisis de los pigmentos y de los lienzos delatarían su antigüedad, por más que se intentasen utilizar telas de la época. Y, además, la mayoría de los pintores clásicos tenían una técnica fantástica, no tan sencilla de imitar. De los más recientes, por ejemplo, Dalí también tenía una técnica sofisticada y, sin embargo, hay bastantes falsificaciones por ahí, lo cual resulta chocante. Quizá no se quiera investigar, alguien perdería mucho dinero.
P.- ¿Cómo fue el proceso de documentación?, ¿cuántas veces tuviste que ir al Prado para perderte por sus salas o por los talleres de restauración?
Visité el Prado unas cuantas veces, pero sobre todo tenía hilo directo con Laura Alba y también con Gudrun Maurer, como te he contado antes. No necesitaba volver, sino que podía mandar un e-mail o un WhatsApp. De todas maneras, he tenido acceso a estudios técnicos muy interesantes y he conocido el programa Aracne, diseñado por la propia Laura y el ingeniero Juan José Murillo, capaz de analizar la urdimbre de la tele con una precisión increíble. Eso ayuda a la datación de las obras y nos confirma si dos cuadros están hechos con la misma tela, por ejemplo, algo importante para determinar la autoría. Lo he utilizado en la novela.
P.- Corren rumores de que en todas las paredes de los grandes museos cuelgan cuadros falsos, ¿hay algo de verdad en esto, pero no se revelaría por escándalo o en verdad es un mito?, ¿ha habido algún caso sonoro?
Hay una broma entre restauradores: Corot pintó dos mil quinientos cuadros de los que se conservan casi cuatro mil (risas). Aun así, a mí me parece difícil que haya tantos cuadros falsificados. Tal vez algunos museos prefieran no saber la verdad, por si acaso. Otra cosa es que se atribuya un cuadro a un gran maestro y sea de su taller o del entorno. Eso seguro que pasa. En las falsificaciones creo que hay parte de leyenda.
P.- Al lector le gusta cuando «la cámara» pasa a un espacio que no le está permitido al público. ¿Cómo se siente al entrar en los talleres y ver la trastienda del Prado?
Para el lector, entrar en el taller de restauración del Museo del Prado es una oportunidad fascinante, y trato de trasmitirle mis sensaciones. También lo es acceder a un monasterio abandonado, del que no contaré más, viajar a lugares exóticos o entrar en determinados ambientes elitistas que aparecen en la novela. De eso se trata, de que la imaginación del lector viaje a lugares que no son habituales en su vida.
P.- En la novela hay dos historias que convergen: el asesinato de una reina de pop y la posible autenticidad del cuadro de Goya. ¿Escribiste toda la novela de manera lineal o como un puzle que luego fuiste ensamblando?
Escribí la novela en orden, las dos tramas a la vez, porque necesitaba que avanzasen en paralelo y que para el lector fuese una única investigación, aunque tuviese dos patas. Si lo hubiese escrito por separado, al juntarlo, habría quedado caótico, no se sumarían. De esta manera, aunque durante una parte de la novela no se crucen, sí lo hace la información en la cabeza del lector. Unos personajes saben unas cosas y los otros tienen una información diferente, y eso aumenta la intriga, ninguno tiene la foto completa, que solucionaría el puzle.
P.- Lola Baltanás es la inspectora que investiga el caso. Tiene cincuenta años, está divorciada y tiene una hija adolescente. ¿Por qué quisiste mencionar varias veces que estaba en la menopausia y cuáles eran sus síntomas, una etapa tan injustamente denostada de la mujer?
Vivo rodeado de mujeres que están en esa edad y que tienen bastante presente esa realidad. Las oigo hablar, las escucho, veo los desajustes que tienen, los desarreglos hormonales, y pensé que sería interesante construir un personaje así. Nunca he leído una novela protagonizada por alguien que tenga menopausia. Todavía si fuera una ama de casa, pero aquí es una policía dura y bregada en muchas investigaciones. Ahora se siente un tanto insegura porque las hormonas le están jugando una mala pasada.
P.- Con todas las novelas negras que hay, parece que a cada escritor se le asigna un policía para que este pueda documentar su obra. ¿Tenías algún amigo o tuviste que buscar a un agente que te pudiese ayudar en toda la terminología, en formas de proceder, etc.?
Con los años y las novelas cada vez conozco más policías y más forenses, imprescindibles para contar una historia que sea verosímil. En mi novela anterior, El olor del miedo, tuve que habar con tiradores de precisión del ejército español y con veterinarios expertos en elefantes y también primatólogos. La documentación es un proceso fascinante.
P.- Al igual que ocurrió con La huella del mal, ¿también vas a adaptar No te fíes de ellos a la gran pantalla?
Creo que hay una falsa idea de lo que significa adaptar una novela. Es un proceso complicadísimo, yo diría que casi imposible. Hay multitud de autores superventas que nunca han llevado sus obras a la pantalla. Con La huella del mal tardé casi seis años. Así que, a día de hoy, no me lo planteo.
P.- Has pasado de publicar en Planeta con tu anterior novela, a publicar en Harper Collins Ibérica, ¿crees que para un escritor es importante que sus novelas estén en distintas editoriales?
Pues ni sí ni no. Cada obra tiene que encontrar su lugar. En este caso HarperCollins ha confiado plenamente en mí y vivimos un idilio fantástico.
P.- Necesitamos dos novelas para leer.
Me acabo de leer tres y no sabría elegir: María Oruña, La cámara de las maravillas; David Silva, La obra maestra; y Luis Zueco, El juicio. Las tres tienen aspectos muy interesantes.
2) ¿Y otra que no tenga nada que ver con el género que has escrito, que hayas leído este año?
Me acabo de leer Las gratitudes de Delphine de Vigan, que me ha gustado bastante, y estoy con Innocentia de Juan Tranche, que arranca muy bien.
Si eres escritor, librero, editor o tienes algún negocio relacionado con la literatura y te gustaría que te hiciera una entrevista en La boca del libro, no tienes más que escribirme a mb.sancha@gmail.com y hablamos.

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