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LA BOLA NEGRA, Javier Ambrossi y Javier Calvo (2026)
Bienvenidos a la PELÍCULA EVENTO de la temporada, y si de algo tenemos que alegrarnos de entrada, es de que se trate de un estreno español. La bola negra es una película concebida con una ambición poco habitual en el cine patrio y rodada con la clara intención de apabullar al espectador con el calado de sus imágenes.
LOS JAVIS PRESTIDIGITADORES
Los Javis usan su particular puesta en escena barroca para mostrarnos un tríptico temporal cuyo hilo conductor es una pieza teatral de Lorca que en realidad no existió. El punto de partida es una obra dramática de Alberto Conejero, La piedra oscura que desarrolla la historia de Sebastián (Guitarrica de la Fuente) y Rafael Rodriguez Rapún (Miguel Bernardeau), carcelero y prisionero en 1937, durante la Guerra Civil. De ahí saltan al año 2017 metiéndose hasta el tuétano en una conflictiva relación madre hijo, prodigiosos Lola Dueñas y Carlos González. Y el lirismo lorquiano, que impregna todo el conjunto, late en la tercera historia, ambientada en Granada en 1932 y protagonizada por Carlos (Milo Quifes), un joven gay que es rechazado como nuevo socio del Casino con la temida bola negra que da título a la película.
Si ya de por sí, es complicado conjugar tres momentos temporales, la audacia de los directores va mucho más allá, ellos se atreven a ir lanzando al aire todos estos elementos y unos cuantos más en una carambola que a priori parece imposible. Sin embargo, y ahí está la magia, los Javis prestidigitadores son capaces de mantener toda esa imaginería en movimiento, sin que se les caiga ninguna bola al suelo. Quizás el secreto es la naturalidad que imprimen a sus secuencias, alternando escenas bélicas crudísimas con diálogos cotidianos fuera de cámara que nos recuerdan lo anodina que puede llegar a ser la sinrazón humana.
PENÉLOPE CRUZ Y GLENN CLOSE
En este artefacto dramático, concebido como una muñeca rusa, en el que cada historia que se abre desvela otra más íntima, conviven la memoria histórica, la ucronía, la reivindicación queer (con la metáfora de la bola negra como símbolo del rechazo social), las colaboraciones de relumbrón: Penélope Cruz tonadillera y Glenn Close hablando español, y todo un mosaico de escenarios y personajes (Lorca incluido), que podrían resultar difíciles de coser en una misma película sin que se le salten las costuras.
En definitiva estamos ante un título que, esta vez sí, está a la altura de los hiperbólicos calificativos que le viene dedicando la prensa desde su estreno en el festival de Cannes. Además la buena respuesta del público en taquilla es un impulso más a una obra que va a resultar imbatible en la gala de los premios Goya . Cruzamos los dedos para que esta bola negra siga rodando y derribe a su paso también algunos Óscar.
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