EL TOPO
Me escuchas
me miras
me hablas
me abrazas
Descubro mi cuerpo
de la mortaja que lo tapa
el alcohol llena tu mente
en la intimidad de la cama
después, no soy nada...
Una figura de porcelana
una fuente seca
o una concubina barata
Los triángulos son peligrosos
y la aritmética,
nunca falla
EL TOPO
Recibía correspondencia semanal
de mi pupila. En ella me contaba que había conseguido un trabajo como
dependienta de una firma top de joyas muy querida entre la jet levantina, donde
solo compraban millonarios, nuevos ricos, turistas y mafiosos...
Siguiendo mis consejos, se había
matriculado en la Escuela Oficial de Idiomas en inglés, chino y árabe de primer
curso. No debía levantar sospechas. Era una de sus primeras tapaderas, un
señuelo para ir sondeando el terreno. Era la preciosidad que atendía en
Bvlgari. Sin demasiados conocimientos en nada en concreto. Una cara bonita con
una sonrisa perfecta. Una muchacha que, viendo cómo va su país, se plantea la
posibilidad de emigrar. Necesario: idiomas. No destacaba en nada, era una de
las rezagadas. Aunque podía eclipsar incluso a sus profesores.
Después, pasaron seis meses
baldíos en los que no supe nada de ese monstruito que había creado en
Mondragón, hasta que un día, al descargar la compra del supermercado de
Tamariu, me topé con una nueva carta. Esta vez no me escribía desde Valencia,
sino desde el Musheireb Boutique Hotel de Doha.
La carta era alarmante: se
encontraba en un país desconocido y ella nunca se había embarcado en una
empresa de tal magnitud. Debí entrenarla bien cuando los jefes la habían dejado
marchar, pensé con una mueca. O, simplemente, era la única posibilidad de tener
un agente en el entorno de Al Qaeda, aunque el verdadero motivo de nuestra
presencia no fuera tan peligroso. De inmediato, imaginé la escena previa a su
partida...
Calle Poeta Querol de Valencia.
Guardia de seguridad en la puerta, ocho de la tarde de un sábado; a punto de
cerrar. Ningún cliente. El jefe le indica que pasen a su despacho y, de
repente, le propone un traslado a la sucursal de Qatar. De inmediato, me vislumbro
la conversación que debieron mantener Tania —este era el nombre que había
elegido mi discípula como infiltrada— y su jefe.
◊
—Tania, espera a escuchar la
oferta completa. Es muy persuasiva. Además, eres la persona adecuada —insiste
el directivo, al verla confusa.
—¿La persona adecuada? —pregunta
ella.
—Sí. Además, eres joven y guapa.
Tu inglés es fluido y estás estudiando árabe y chino. De momento, chino no
necesitamos. Pero que sepas defenderte en árabe es una bendición.
—No soy una alumna aventajada...
—Hemos hablado con tu profesor y
nos ha dicho que no lo haces mal. Puedes defenderte con solvencia.
—¿Usted cree?
—Por supuesto. Además, tu sueldo
se incrementará en un noventa por ciento y vivirás en un palacete a las afueras
de Doha. Serás la encargada del comercio.
—¿Cómo? No me miente, Arturo
—pone cara de sorpresa.
—Yo nunca miento, Tania.
◊
Después de imaginar los sucesos
de Tania, suena el timbre de la forma peculiar que anuncia a León. Tras mi
ruptura total con Michaela, suele visitarme a diario. Aunque debo decir que me
estoy cansando de su vigilancia.
—Hola, princesa.
—¡Caray! Justo a tiempo, como
siempre —le digo sonriendo.
—Claro, por eso soy un espía.
Siempre llego en el momento oportuno. ¿Qué te cuenta tu discípula en esta
ocasión?
—¿A qué te refieres?
—A Tania, por supuesto.
—¿Estás al tanto de sus
movimientos?
—Sí.
—O sea, que Yul también tiene
intereses con los árabes.
—Nena, los musulmanes nos
interesan a todos. En esto estamos juntos. La verdad es que los radicales
pueden traernos la ruina.
—¿Y qué pinto yo en esta
historia?
—De momento, nada.
—¿Entonces?
—Protección cautelar. Sabes
demasiado...
—Sí, estoy fuera de servicio.
—Por si acaso.
No puedo negarme a su virilidad.
Tenemos sexo sobre la mesa de la cocina como Jessica Lange y Jack Nicholson en El
cartero siempre llama dos veces. Pero, cuando salimos a dar un paseo por el
Camí de Ronda, tan poco transitado, le inoculo una inyección de aire y
lo despeño por los acantilados. Sé que, como su oficio de psicólogo era una
tapadera, nadie irá a buscarlo y, cuando lo encuentren, estaré lejos y tendré
otra identidad.
Días antes, a miles de
kilómetros, Tania acaba de salir de la embajada española en Qatar. Sabe cómo
vestir, por dónde salir, con quién entablar amistad, cómo presentarse a los
clientes —en su mayoría de la casa real— y, por supuesto, dónde vivir. Fija su
residencia en una villa de estilo nazarí dentro del complejo para empleados
occidentales.
En el aeropuerto la recibió Faruk
Al-Ali. Guía por vocación y qatarí de nacimiento; licenciado en Relaciones
Públicas y Filología Inglesa por Oxford. Lo que equivalía a pertenecer a la
clase aristócrata qatarí o estar emparentado con la mismísima casa real, aunque
fuera en décimo grado. A simple vista, resultaba todo un caballero.
Le habla en inglés, tras besarle
la mano, y poco después acceden al exterior del aeropuerto, donde un
Mercedes-Benz los aguarda, sin pasar ningún control. De camino a su vivienda,
Tania comprueba su exquisita educación. Actúa con cautela. Sabe que todo es una
pose para que los occidentales creamos que sus costumbres se parecen a las
nuestras.
La villa donde residirá es
preciosa y posee bastantes más lujos de los que había imaginado. Amén de cinco
sirvientes y cocinero europeo incluido. Tras una semana en Qatar, Tania tiene
demasiados caramelos a la vista; debe centrarse en la inauguración de la
boutique ubicada en el corazón qatarí.
Está tan ocupada que solo tiene
tiempo de ultimar los preparativos y llegar reventada a casa. Menos mal que en
su palacete la sirven a cuerpo de rey. Se da un buen baño en el jacuzzi y
espera la exquisita cena. Antes de acostarse, chatea diariamente con su jefe de
todos los pormenores.
No obstante, ha visto a Faruk en
diversas ocasiones. El guía se preocupa por la apertura del local y por los
trabajadores. En una ocasión, le ha presentado a diversas amistades, pero Tania
—tras los formalismos— sigue con sus ocupaciones sin darle mayor importancia;
debe acostumbrarse a su nueva vida.
La inauguración de la joyería es
un completo éxito. Canapés selectos, bombones y refrescos. Nada de alcohol.
Hubiera sido una ofensa; la religión musulmana prohíbe su ingesta —por lo menos
en público—. Tania está radiante. Ha elegido un modelo en blanco y negro,
conjuntado con unas perlas que realzaban su tono de piel. Una de sus compañeras
le ha dicho que las damas se han prendado de su estilo. Le han presentado a
varias princesas y a sus acompañantes.
A Tania, todos le parecen
idénticos, excepto Karim; un verdadero handsome de estatura prominente y rasgos
atractivos, perfecto para flirtear con él e introducirse en ese mundo
enigmático y perverso que envuelve a parte de la realeza del Próximo Oriente. Aunque,
¿será lo suficientemente atractiva como para seducirlo?
Días más tarde, le llega una
invitación de la princesa Noor para pasar una tarde en las dunas. La recoge
Faruk en una limusina de color gris antracita. Tras veinte minutos de trayecto,
estacionan en una zona a las afueras de la ciudad donde hay una amalgama de
todoterrenos de alta gama, utilizados por la exquisitez qatarí para desplazarse
por el desierto. Divisa a muchos clientes. Entre ellos, a Karim, que ni tan
siquiera la mira. El grupo se fragmenta para montarse en Land Cruiser 4x4,
Mitsubishi Montero, L200 y Sportrack Quads con todas las prestaciones. Se
dirigen a uno de los lugares más bellos del país: las dunas de Khor al Adaid.
El espectáculo es alucinante. Un aluvión de vehículos sube y baja las
cordilleras de arena a una velocidad endiablada. La música techno es idéntica a
la de una disco neoyorquina. Suena a toda pastilla con el mismo ritmo que se
intercambian las botellas de los alcoholes más preciados del mundo.
No existe discriminación de
género. Todos beben, ríen y bailan hasta desfallecer. Al final de la velada, de
madrugada, la dejan en la puerta de su villa. Los sirvientes la esperan
despiertos. Tienen preparado un buen baño y una taza de algo que bebe sin preguntar
y que le ayuda a conciliar el sueño.
Una semana más tarde, el
acompañante de Karim le propone encontrarse con el príncipe. Tania intuye el
motivo y no duda en aceptar. La cita tendrá lugar en una suite del Marriott
Executive Apartments Doha City Center. Se engalana con un modelo verde
esmeralda de punto por debajo de la rodilla; desmangado y con cuello alto.
Acoplado a su esbelta silueta como un guante de fino satén. Se engomina el
cabello en una cola alta, tirante. Zapatos destalonados con tacón y puntera de
aguja.
Toma prestado de la joyería un
cordón de platino rematado por una perla, a juego con las que penden de sus
lóbulos. Al presentarse en la recepción del hotel, ipso facto, la acompañan
hasta la suite privada del príncipe, ubicada en el ático del rascacielos. La
panorámica de Doha es augusta. Las paredes son de cristal y la decoración de la
antecámara, exquisita. Karim no está. La recibe Almansur, su guardaespaldas.
Sentada en una chaise longue inmaculada, una hermosa dama de mediana edad,
vestida de manera impecable, le da la bienvenida.
—Hola, Tania. Mi nombre es
Bahiya. Soy la secretaria de Karim. Estábamos esperándote.
—Buenos días, Bahiya —extiende la
mano para saludar.
—Sí que eres hermosa. Karim tiene
buen gusto —insinúa Bahiya.
Estas palabras asombran a Tania,
la cual nunca ha visto al príncipe fijarse en ella. Conoce el gusto de estos
hombres de alto estatus, que pueden ser más discretos que cualquier espía.
Dicho pensamiento hace que una sonrisa ilumine su rostro.
—¿Usted dirá? —termina por decir una Tania cándida.
—Karim desea proponerte un nuevo
trabajo.
—¿Un trabajo? Les estoy muy
agradecida. Pero me parece imposible cambiar mi puesto laboral en este momento.
—Tranquila. Si te agrada nuestra
oferta, el resto lo solucionaremos de inmediato.
—¿De qué se trata, señora? —dice
cautelosa.
—Siéntate. Estás en tu casa.
¿Deseas beber algo?
—Un Cinzano con mucho hielo, por
favor.
—Almansur, prepara las copas.
Para mí, lo de siempre.
—A Karim le agradas —continúa
Bahiya—. Sabrás que, por su posición, tiene acceso a muchas mujeres. Pero
desearía que fueras su acompañante.
Tania está adiestrada en
situaciones límite. Y, aunque pone cara de sorpresa, exteriormente no se
inmuta. La oferta es gloriosa: acompañante equivalía a olvidarse de los harenes
y entrar en sus círculos más íntimos.
—¿Acompañante?
Bahiya sonríe como diciendo: «Es
perfecta: guapa y tonta».
—Querida Tania, significa viajar
con Karim cuando le parezca oportuno. Conocer a sus amigos más íntimos. Vivir
como una verdadera princesa. Además, tu salario superará en muchos miles de
dólares al actual y, si no te sientes cómoda, podrás abandonarlo cuando desees.
—Y nada más...
—Por supuesto, también deberás
procurarle placer. Es refinado y exigente.
Tania mantiene un semblante
dubitativo.
—¿No te gusta Karim? —pregunta
Bahiya con delicadeza.
—Apenas lo conozco. Me parece
educado y atractivo.
—Entonces, ¿qué te preocupa?
—Me gustaría conocerlo mejor...
—Es muy respetuoso. Te agradará.
—Podría tener una cita con él y
decidir más tarde.
—Por supuesto. Está esperándote en la habitación de al lado. Ve cuando estés preparada.
Tania se ruboriza. Baja la cabeza
y se encamina hacia la suite como una verdadera jovencita sin experiencia.
Bahiya sonríe y le dice:
—Seremos buenas amigas.
Y el tiempo pasa constante e
indiscreto como el millón de disparos por minuto que puede lanzar una Metal
Storm antes de aniquilarnos por completo.
Mientras, en España, Emma Rouault
cambia de residencia y de identidad. Se convierte en Cándida Herrera; una mujer
solitaria y religiosa de cabello fosco que vive en la costa malagueña como una de
tantas jubiladas.
En Qatar, Tania se convierte en
la dama inseparable de Karim. Y, seis meses después, es su única amante oficial.
Acude a casi todos los eventos de la monarquía qatarí. Eventos privilegiados
para descubrir si las numerosas mujeres presentes en estas lujosas fiestas, de
todas las etnias y religiones, están allí por voluntad propia o forzadas. Ella
sigue enviando los informes a la Interpol por medio de ese contacto que todavía
no tiene rostro. Podría ser desde Bahiya hasta Almansur. De igual modo,
mantiene informada a su maestra. Pero sus movimientos son cautelosos porque no
debe levantar sospechas.
Una noche, mientras duerme
plácidamente, un golpe brusco la despierta. Alguien chilla. Los gritos
provienen del jardín. Tania se levanta de un salto. Se pone la bata y sale al
exterior. Es muy extraño... Una chica muy joven está delante de su puerta, al
borde de un ataque de pánico. Va desnuda y está cubierta de sangre. Habla una
lengua eslava que no termina de entender. Pero, gracias al inglés, se
comprenden. Decide darle un alprazolam para calmar sus nervios. La muchacha le
dice que se llama Natacha y es estonia.
Le cuenta que pertenece al harén
del príncipe porque unos amigos la engañaron y drogaron; cuando despertó,
estaba en un avión con jóvenes de rasgos y lenguas distintas. Y, desde que
llegaron, los habían sometido a todo tipo de vejaciones. Esa noche les habían
dado una dosis extra de droga porque se celebraba una fiesta especial: la
presentación de una nueva virgen. Un niño pequeño vestido de diosa griega. Pero
algo había salido mal y, tras someterlo, el niño comenzó a vomitar sangre.
Natacha lo había socorrido; sin embargo, había muerto en sus brazos mientras el
resto de jóvenes seguían durmiendo.
Tania tiene entre sus manos la
primera prueba de las aberraciones que se cometen a espaldas del mundo. Sin
lugar a dudas, el harén se nutre de una red de tráfico de personas. Debe
informar, lo antes posible, a su contacto. Antes le dice a Natacha que le muestre
el cadáver del pequeño. Hace unas cuantas fotografías y se deshace de la pobre
chechena; el calmante llevaba el suficiente veneno como para que no se
despertara. No puede hacer otra cosa porque, si la deja con vida, peligraría su
tapadera.
Una hora después de conciliar el
sueño, Almansur la despierta: Karim la quiere en el yate privado de su primo
Naser —el encargado de todos sus negocios—. Tania está hecha polvo y quiere
pasar el informe lo antes posible. Podría decir que se encuentra mal. Ergo,
¿quién sabe qué pasajeros estarán en la recepción náutica? Cuando sube al
navío, comprueba que están los de siempre: los emires, su corte, algún que otro
político y los mandatarios de turno. Pasados unos minutos, Karim le pide un
favor: el hijo de un diplomático inglés se ha encaprichado de ella. Desea que
sea amable con él. A cambio, le regala una pulsera de diamantes.
Tania se adentra en uno de los
camarotes de lujo acompañada de un británico de cabello cobrizo. Tras la
sofocante sesión erótica a la que la somete el corpulento muchacho, se dispone
a retocar su maquillaje frente al espejo. Al mirar por la claraboya, divisa una
lancha aproximándose. Olvida de inmediato el desagradable trance con el obeso —que
en ese instante duerme a pierna suelta— para espiar a los recién llegados. A
bordo de la embarcación, distingue un rostro de sobra conocido en la cúpula de
Al Qaeda.
Con sumo cuidado, lo fotografía.
Primero, hablando con Karim. Seguido, con Almansur y otros invitados. Envía las
imágenes por WhatsApp a un número encriptado que responde al nombre de
Lucía-Bvlgari, antes de rebotar en varios móviles hasta llegar a la base. Ipso
facto, hace desaparecer los mensajes —ha utilizado idéntico proceso con todas las
reproducciones del harén, donde posaban mafiosos y políticos de todo el mundo entre
jóvenes visiblemente drogados.
La reunión en el navío sigue
entre caviar Beluga y champagne Armand de Brignac Brut Gold. Media hora más
tarde, Tania entra en otro camerino con el terrorista recién llegado —al que
todos llaman Mohamed—. Es insólito. Nunca lo había visto en los círculos de
Karim. Lo conocía por imágenes confidenciales, cedidas por la CIA.
Por extraño que parezca, Mohamed,
ese hombre al que odia por encima de todo, es amable. Las dendritas de su
cabeza echan chispas. Desearía asfixiarlo por todos los crímenes cometidos y
por los que tendrá preparados. Empero, es tan complaciente que se entrega
totalmente. No obstante, codifica todas y cada una de sus palabras. Al igual
que sus movimientos. Tania es un «Intel Core i7 990». Antes de marcharse, el
terrorista habla con ella:
—Tania, ¿te gustaría acompañarme
a España?
—Sí. Pero le pertenezco a Karim.
—Karim es amigo mío. Sería
perfecto que me acompañaras a tu país.
—¿Y para qué vas a España?
—Las mujeres no preguntan
—Mohamed cambia la expresión de su rostro.
Tania comprende que esa pregunta
ha sido nociva. Intenta subsanar su error con caricias y palabras cariñosas.
Pero el terrorista está receloso.
Por la mañana, prepara un informe
para la OCN-Interpol y una carta a Emma Rouault. El primero, detallado. La
segunda, personal. La jornada pasa tranquila. Pero, cuando va a acostarse,
suena el timbre. Será Karim, piensa. Se pone su bata preferida y abre.
Perpleja, ve a Faruk con el rostro descompuesto: está malherido.
—Pronto, Tania. Coge lo
imprescindible y salgamos lo antes posible. Han descubierto tu cobertura.
—¿De qué me hablas?
—Soy tu contacto.
—Pero… ¿qué dices?
—No tenemos tiempo.
—Dime la contraseña.
Faruk se sienta. Respira con
dificultad.
—La noche en Qatar es maravillosa
desde las dunas de Khor al Adaid.
Tania se queda estupefacta. Faruk
es el topo y ni tan siquiera lo había sospechado.
—¿Cómo lo han descubierto?
—Mohamed le dijo a Karim que eres
demasiado inteligente para ser tan solo una acompañante. El príncipe estaba
confuso.
—¿Mohamed? ¿El terrorista de Al
Qaeda?
—Tranquila, lo has hecho bien.
—No. Le pregunté por qué iba a
España y le cambió el rostro. He fallado. ¿Y mis informes?
—Han llegado a la central.
Gracias a ellos sabemos que los chinos han introducido su nueva droga, Kai Xin
Guo, en el Próximo Oriente. Por desgracia, entre Qatar y Al Qaeda, aunque no
hay células islámicas extremas, existen lazos subyacentes. Está por confirmar
hasta dónde llega esta alianza. Puede que alguien financie parte de la yihad o
que la presencia de Mohamed fuera una coincidencia puntual.
—¿Solo eso?
—Es relevante que Mohamed te
sugiriera que lo acompañaras a España.
—Entonces estamos realmente en
peligro.
—Sí. Estarán a punto de llegar.
Escapan gracias a un amigo
taxista, que recorre las calles de Doha con la presteza del mismísimo James
Bond. Por el camino, Faruk, le dice que tanto la OCN-Interpol como Emma Rouault
saben que están en peligro.
—Un avión nos espera —le dice
Faruk.
—¿Qué sabes de Emma?
—Además de que ahora se hace
llamar Candela Herrera, es alguien muy importante para ti. Le has enviado
muchas cartas.
—Gracias, Faruk. Siento no
haberte conocido en otras circunstancias.
Minutos más tarde, Faruk cierra
los ojos para siempre. Media hora después, Tania despega de Doha. Respira
hondo. Un sueño repentino hace que pierda la noción de la realidad. Cuando
despierta, está maniatada a un camastro. Se levanta y mira a través del claroscuro
de la oquedad. El paisaje de una ciudad sucia y medieval le hace comprender
dónde se encuentra. Chilla desesperadamente.
—¡Hijos de puta! No podéis
cambiarme por información o por alguno de los vuestros. Nadie vendrá a
rescatarme.
—Tal vez estés equivocada —le
contesta Mohamed desde la oscuridad del cuchitril.
—¡Imposible!
Tania intenta darle un golpe.
Pero está demasiado drogada.
—Yo nunca me equivoco —contesta
el terrorista, sonriendo con ferocidad.
—Te maldigo a ti y a tu dios.
¡Cabrón!
—¡Eres una perra! Así voy a
tratarte.
Le asesta varios golpes y la
viola con una brutalidad espantosa.
Cuando finaliza, le inyecta una
nueva dosis de heroína mezclada con Kai. De inmediato, sale con aire puritano
al lúgubre pasillo del exterior, por donde se desliza con las manos cruzadas
tras la espalda. Cuando Mohamed desaparece, un criado entra en el cuartucho y
la socorre. Cura sus heridas, la asea y le inocula otra jeringuilla que parece
reconfortarla.
Simultáneamente, en Madrid.
Cándida Herrera llega a la central de la OCN-Interpol.
—¿Deseo ver al director?
La recepcionista pone cara de asombro.
—¿Está citada con él?
—Dígale que Cándida Herrera desea
verle. Disculpe, Emma Rouault. Perdón, soy Vera Carmona.
Tras una llamada, la cachean,
pasa el control del detector de metales y, antes de llegar al ascensor, su
antiguo jefe la recibe.
—Vera, cuánto tiempo sin saber de
ti. ¿Qué sucede?
—Mi hija está en peligro.
—¿Cómo lo sabes?
—¿Creíais que no me comunicaba
con ella?
—No te alteres. Vayamos a la sala
de operaciones.
Al abrir la puerta, Vera descubre
el despliegue de medios y toda la información que Tania les ha enviado. Lo
mismo que se hizo con ella, muerta para la mayoría de humanos. Se hizo con su
hija, solo que Carlota decidió seguir los pasos de su madre y ella misma la
entrenó. Nuestra heroína sigue mirando las fotografías del panel, con
anotaciones y flechas hacia todas las fotografías y lugares señalados. Su jefe
la interrumpe.
—¿Qué quieres hacer, Vera?
—Regresar al campo de batalla, mi
hija me necesita.
—Sabes que es imposible.
—Nada es imposible.
—En este caso, sí.
—¡No es una petición! Os lo
exijo: me debéis muchos favores. ¡Vengo a cobrármelos!
—En estos momentos, no puedes
ayudarla. Pero no te preocupes, alguien lo hará por ti.
Título de la edición original: Bovary
21
Autora: Anna Genovés
Asiento Propiedad Intelectual
09/2913/2206
*Os espero en unas semanas o, tal
vez, meses, para leer el sexto capítulo: El diplomático... ¡No os lo perdáis! 💋
📢ENLACES a los capítulos
de BOVARY 21 en el blog. Cliquea sobre el nombre para leerlo 😉
Capítulo 1. El tatuador Incluye la presentación de la novela en 2013.
Capítulo 2. El vikingo
Capítulo 3. El comisario
Capítulo 4. El espía
Capítulo 5. El topo


.png)
