BOBARY 21 – CAPÍTULO 5. El topo



EL TOPO

 

 

Me escuchas

me miras

me hablas

me abrazas

Descubro mi cuerpo

de la mortaja que lo tapa

el alcohol llena tu mente

en la intimidad de la cama

después, no soy nada...

Una figura de porcelana

una fuente seca

o una concubina barata

Los triángulos son peligrosos

y la aritmética,

nunca falla

 








EL TOPO

 

Recibía correspondencia semanal de mi pupila. En ella me contaba que había conseguido un trabajo como dependienta de una firma top de joyas muy querida entre la jet levantina, donde solo compraban millonarios, nuevos ricos, turistas y mafiosos...

Siguiendo mis consejos, se había matriculado en la Escuela Oficial de Idiomas en inglés, chino y árabe de primer curso. No debía levantar sospechas. Era una de sus primeras tapaderas, un señuelo para ir sondeando el terreno. Era la preciosidad que atendía en Bvlgari. Sin demasiados conocimientos en nada en concreto. Una cara bonita con una sonrisa perfecta. Una muchacha que, viendo cómo va su país, se plantea la posibilidad de emigrar. Necesario: idiomas. No destacaba en nada, era una de las rezagadas. Aunque podía eclipsar incluso a sus profesores.

Después, pasaron seis meses baldíos en los que no supe nada de ese monstruito que había creado en Mondragón, hasta que un día, al descargar la compra del supermercado de Tamariu, me topé con una nueva carta. Esta vez no me escribía desde Valencia, sino desde el Musheireb Boutique Hotel de Doha.

La carta era alarmante: se encontraba en un país desconocido y ella nunca se había embarcado en una empresa de tal magnitud. Debí entrenarla bien cuando los jefes la habían dejado marchar, pensé con una mueca. O, simplemente, era la única posibilidad de tener un agente en el entorno de Al Qaeda, aunque el verdadero motivo de nuestra presencia no fuera tan peligroso. De inmediato, imaginé la escena previa a su partida...

Calle Poeta Querol de Valencia. Guardia de seguridad en la puerta, ocho de la tarde de un sábado; a punto de cerrar. Ningún cliente. El jefe le indica que pasen a su despacho y, de repente, le propone un traslado a la sucursal de Qatar. De inmediato, me vislumbro la conversación que debieron mantener Tania —este era el nombre que había elegido mi discípula como infiltrada— y su jefe.

 

◊

—Tania, espera a escuchar la oferta completa. Es muy persuasiva. Además, eres la persona adecuada —insiste el directivo, al verla confusa.

—¿La persona adecuada? —pregunta ella.

—Sí. Además, eres joven y guapa. Tu inglés es fluido y estás estudiando árabe y chino. De momento, chino no necesitamos. Pero que sepas defenderte en árabe es una bendición.

—No soy una alumna aventajada...

—Hemos hablado con tu profesor y nos ha dicho que no lo haces mal. Puedes defenderte con solvencia.

—¿Usted cree?

—Por supuesto. Además, tu sueldo se incrementará en un noventa por ciento y vivirás en un palacete a las afueras de Doha. Serás la encargada del comercio.

—¿Cómo? No me miente, Arturo —pone cara de sorpresa.

—Yo nunca miento, Tania.

◊

 

Después de imaginar los sucesos de Tania, suena el timbre de la forma peculiar que anuncia a León. Tras mi ruptura total con Michaela, suele visitarme a diario. Aunque debo decir que me estoy cansando de su vigilancia.

—Hola, princesa.

—¡Caray! Justo a tiempo, como siempre —le digo sonriendo.

—Claro, por eso soy un espía. Siempre llego en el momento oportuno. ¿Qué te cuenta tu discípula en esta ocasión?

—¿A qué te refieres?

—A Tania, por supuesto.

—¿Estás al tanto de sus movimientos?

—Sí.

—O sea, que Yul también tiene intereses con los árabes.

—Nena, los musulmanes nos interesan a todos. En esto estamos juntos. La verdad es que los radicales pueden traernos la ruina.

—¿Y qué pinto yo en esta historia?

—De momento, nada.

—¿Entonces?

—Protección cautelar. Sabes demasiado...

—Sí, estoy fuera de servicio.

—Por si acaso.

No puedo negarme a su virilidad. Tenemos sexo sobre la mesa de la cocina como Jessica Lange y Jack Nicholson en El cartero siempre llama dos veces. Pero, cuando salimos a dar un paseo por el Camí de Ronda, tan poco transitado, le inoculo una inyección de aire y lo despeño por los acantilados. Sé que, como su oficio de psicólogo era una tapadera, nadie irá a buscarlo y, cuando lo encuentren, estaré lejos y tendré otra identidad.

 

 

Días antes, a miles de kilómetros, Tania acaba de salir de la embajada española en Qatar. Sabe cómo vestir, por dónde salir, con quién entablar amistad, cómo presentarse a los clientes —en su mayoría de la casa real— y, por supuesto, dónde vivir. Fija su residencia en una villa de estilo nazarí dentro del complejo para empleados occidentales.

En el aeropuerto la recibió Faruk Al-Ali. Guía por vocación y qatarí de nacimiento; licenciado en Relaciones Públicas y Filología Inglesa por Oxford. Lo que equivalía a pertenecer a la clase aristócrata qatarí o estar emparentado con la mismísima casa real, aunque fuera en décimo grado. A simple vista, resultaba todo un caballero.

Le habla en inglés, tras besarle la mano, y poco después acceden al exterior del aeropuerto, donde un Mercedes-Benz los aguarda, sin pasar ningún control. De camino a su vivienda, Tania comprueba su exquisita educación. Actúa con cautela. Sabe que todo es una pose para que los occidentales creamos que sus costumbres se parecen a las nuestras.

La villa donde residirá es preciosa y posee bastantes más lujos de los que había imaginado. Amén de cinco sirvientes y cocinero europeo incluido. Tras una semana en Qatar, Tania tiene demasiados caramelos a la vista; debe centrarse en la inauguración de la boutique ubicada en el corazón qatarí.

Está tan ocupada que solo tiene tiempo de ultimar los preparativos y llegar reventada a casa. Menos mal que en su palacete la sirven a cuerpo de rey. Se da un buen baño en el jacuzzi y espera la exquisita cena. Antes de acostarse, chatea diariamente con su jefe de todos los pormenores.

No obstante, ha visto a Faruk en diversas ocasiones. El guía se preocupa por la apertura del local y por los trabajadores. En una ocasión, le ha presentado a diversas amistades, pero Tania —tras los formalismos— sigue con sus ocupaciones sin darle mayor importancia; debe acostumbrarse a su nueva vida.

La inauguración de la joyería es un completo éxito. Canapés selectos, bombones y refrescos. Nada de alcohol. Hubiera sido una ofensa; la religión musulmana prohíbe su ingesta —por lo menos en público—. Tania está radiante. Ha elegido un modelo en blanco y negro, conjuntado con unas perlas que realzaban su tono de piel. Una de sus compañeras le ha dicho que las damas se han prendado de su estilo. Le han presentado a varias princesas y a sus acompañantes.

A Tania, todos le parecen idénticos, excepto Karim; un verdadero handsome de estatura prominente y rasgos atractivos, perfecto para flirtear con él e introducirse en ese mundo enigmático y perverso que envuelve a parte de la realeza del Próximo Oriente. Aunque, ¿será lo suficientemente atractiva como para seducirlo?

Días más tarde, le llega una invitación de la princesa Noor para pasar una tarde en las dunas. La recoge Faruk en una limusina de color gris antracita. Tras veinte minutos de trayecto, estacionan en una zona a las afueras de la ciudad donde hay una amalgama de todoterrenos de alta gama, utilizados por la exquisitez qatarí para desplazarse por el desierto. Divisa a muchos clientes. Entre ellos, a Karim, que ni tan siquiera la mira. El grupo se fragmenta para montarse en Land Cruiser 4x4, Mitsubishi Montero, L200 y Sportrack Quads con todas las prestaciones. Se dirigen a uno de los lugares más bellos del país: las dunas de Khor al Adaid. El espectáculo es alucinante. Un aluvión de vehículos sube y baja las cordilleras de arena a una velocidad endiablada. La música techno es idéntica a la de una disco neoyorquina. Suena a toda pastilla con el mismo ritmo que se intercambian las botellas de los alcoholes más preciados del mundo.

No existe discriminación de género. Todos beben, ríen y bailan hasta desfallecer. Al final de la velada, de madrugada, la dejan en la puerta de su villa. Los sirvientes la esperan despiertos. Tienen preparado un buen baño y una taza de algo que bebe sin preguntar y que le ayuda a conciliar el sueño.

Una semana más tarde, el acompañante de Karim le propone encontrarse con el príncipe. Tania intuye el motivo y no duda en aceptar. La cita tendrá lugar en una suite del Marriott Executive Apartments Doha City Center. Se engalana con un modelo verde esmeralda de punto por debajo de la rodilla; desmangado y con cuello alto. Acoplado a su esbelta silueta como un guante de fino satén. Se engomina el cabello en una cola alta, tirante. Zapatos destalonados con tacón y puntera de aguja.

Toma prestado de la joyería un cordón de platino rematado por una perla, a juego con las que penden de sus lóbulos. Al presentarse en la recepción del hotel, ipso facto, la acompañan hasta la suite privada del príncipe, ubicada en el ático del rascacielos. La panorámica de Doha es augusta. Las paredes son de cristal y la decoración de la antecámara, exquisita. Karim no está. La recibe Almansur, su guardaespaldas. Sentada en una chaise longue inmaculada, una hermosa dama de mediana edad, vestida de manera impecable, le da la bienvenida.

—Hola, Tania. Mi nombre es Bahiya. Soy la secretaria de Karim. Estábamos esperándote.

—Buenos días, Bahiya —extiende la mano para saludar.

—Sí que eres hermosa. Karim tiene buen gusto —insinúa Bahiya.

Estas palabras asombran a Tania, la cual nunca ha visto al príncipe fijarse en ella. Conoce el gusto de estos hombres de alto estatus, que pueden ser más discretos que cualquier espía. Dicho pensamiento hace que una sonrisa ilumine su rostro.

—¿Usted dirá? —termina por decir una Tania cándida.

—Karim desea proponerte un nuevo trabajo.

—¿Un trabajo? Les estoy muy agradecida. Pero me parece imposible cambiar mi puesto laboral en este momento.

—Tranquila. Si te agrada nuestra oferta, el resto lo solucionaremos de inmediato.

—¿De qué se trata, señora? —dice cautelosa.

—Siéntate. Estás en tu casa. ¿Deseas beber algo?

—Un Cinzano con mucho hielo, por favor.

—Almansur, prepara las copas. Para mí, lo de siempre.

—A Karim le agradas —continúa Bahiya—. Sabrás que, por su posición, tiene acceso a muchas mujeres. Pero desearía que fueras su acompañante.

Tania está adiestrada en situaciones límite. Y, aunque pone cara de sorpresa, exteriormente no se inmuta. La oferta es gloriosa: acompañante equivalía a olvidarse de los harenes y entrar en sus círculos más íntimos.

—¿Acompañante?

Bahiya sonríe como diciendo: «Es perfecta: guapa y tonta».

—Querida Tania, significa viajar con Karim cuando le parezca oportuno. Conocer a sus amigos más íntimos. Vivir como una verdadera princesa. Además, tu salario superará en muchos miles de dólares al actual y, si no te sientes cómoda, podrás abandonarlo cuando desees.

—Y nada más...

—Por supuesto, también deberás procurarle placer. Es refinado y exigente.

Tania mantiene un semblante dubitativo.

—¿No te gusta Karim? —pregunta Bahiya con delicadeza.

—Apenas lo conozco. Me parece educado y atractivo.

—Entonces, ¿qué te preocupa?

—Me gustaría conocerlo mejor...

—Es muy respetuoso. Te agradará.

—Podría tener una cita con él y decidir más tarde.

—Por supuesto. Está esperándote en la habitación de al lado. Ve cuando estés preparada.

Tania se ruboriza. Baja la cabeza y se encamina hacia la suite como una verdadera jovencita sin experiencia. Bahiya sonríe y le dice:

—Seremos buenas amigas.


Y el tiempo pasa constante e indiscreto como el millón de disparos por minuto que puede lanzar una Metal Storm antes de aniquilarnos por completo.

 

Mientras, en España, Emma Rouault cambia de residencia y de identidad. Se convierte en Cándida Herrera; una mujer solitaria y religiosa de cabello fosco que vive en la costa malagueña como una de tantas jubiladas.

En Qatar, Tania se convierte en la dama inseparable de Karim. Y, seis meses después, es su única amante oficial. Acude a casi todos los eventos de la monarquía qatarí. Eventos privilegiados para descubrir si las numerosas mujeres presentes en estas lujosas fiestas, de todas las etnias y religiones, están allí por voluntad propia o forzadas. Ella sigue enviando los informes a la Interpol por medio de ese contacto que todavía no tiene rostro. Podría ser desde Bahiya hasta Almansur. De igual modo, mantiene informada a su maestra. Pero sus movimientos son cautelosos porque no debe levantar sospechas.

Una noche, mientras duerme plácidamente, un golpe brusco la despierta. Alguien chilla. Los gritos provienen del jardín. Tania se levanta de un salto. Se pone la bata y sale al exterior. Es muy extraño... Una chica muy joven está delante de su puerta, al borde de un ataque de pánico. Va desnuda y está cubierta de sangre. Habla una lengua eslava que no termina de entender. Pero, gracias al inglés, se comprenden. Decide darle un alprazolam para calmar sus nervios. La muchacha le dice que se llama Natacha y es estonia.

Le cuenta que pertenece al harén del príncipe porque unos amigos la engañaron y drogaron; cuando despertó, estaba en un avión con jóvenes de rasgos y lenguas distintas. Y, desde que llegaron, los habían sometido a todo tipo de vejaciones. Esa noche les habían dado una dosis extra de droga porque se celebraba una fiesta especial: la presentación de una nueva virgen. Un niño pequeño vestido de diosa griega. Pero algo había salido mal y, tras someterlo, el niño comenzó a vomitar sangre. Natacha lo había socorrido; sin embargo, había muerto en sus brazos mientras el resto de jóvenes seguían durmiendo.

Tania tiene entre sus manos la primera prueba de las aberraciones que se cometen a espaldas del mundo. Sin lugar a dudas, el harén se nutre de una red de tráfico de personas. Debe informar, lo antes posible, a su contacto. Antes le dice a Natacha que le muestre el cadáver del pequeño. Hace unas cuantas fotografías y se deshace de la pobre chechena; el calmante llevaba el suficiente veneno como para que no se despertara. No puede hacer otra cosa porque, si la deja con vida, peligraría su tapadera.

Una hora después de conciliar el sueño, Almansur la despierta: Karim la quiere en el yate privado de su primo Naser —el encargado de todos sus negocios—. Tania está hecha polvo y quiere pasar el informe lo antes posible. Podría decir que se encuentra mal. Ergo, ¿quién sabe qué pasajeros estarán en la recepción náutica? Cuando sube al navío, comprueba que están los de siempre: los emires, su corte, algún que otro político y los mandatarios de turno. Pasados unos minutos, Karim le pide un favor: el hijo de un diplomático inglés se ha encaprichado de ella. Desea que sea amable con él. A cambio, le regala una pulsera de diamantes.

Tania se adentra en uno de los camarotes de lujo acompañada de un británico de cabello cobrizo. Tras la sofocante sesión erótica a la que la somete el corpulento muchacho, se dispone a retocar su maquillaje frente al espejo. Al mirar por la claraboya, divisa una lancha aproximándose. Olvida de inmediato el desagradable trance con el obeso —que en ese instante duerme a pierna suelta— para espiar a los recién llegados. A bordo de la embarcación, distingue un rostro de sobra conocido en la cúpula de Al Qaeda.

Con sumo cuidado, lo fotografía. Primero, hablando con Karim. Seguido, con Almansur y otros invitados. Envía las imágenes por WhatsApp a un número encriptado que responde al nombre de Lucía-Bvlgari, antes de rebotar en varios móviles hasta llegar a la base. Ipso facto, hace desaparecer los mensajes —ha utilizado idéntico proceso con todas las reproducciones del harén, donde posaban mafiosos y políticos de todo el mundo entre jóvenes visiblemente drogados.

La reunión en el navío sigue entre caviar Beluga y champagne Armand de Brignac Brut Gold. Media hora más tarde, Tania entra en otro camerino con el terrorista recién llegado —al que todos llaman Mohamed—. Es insólito. Nunca lo había visto en los círculos de Karim. Lo conocía por imágenes confidenciales, cedidas por la CIA.

Por extraño que parezca, Mohamed, ese hombre al que odia por encima de todo, es amable. Las dendritas de su cabeza echan chispas. Desearía asfixiarlo por todos los crímenes cometidos y por los que tendrá preparados. Empero, es tan complaciente que se entrega totalmente. No obstante, codifica todas y cada una de sus palabras. Al igual que sus movimientos. Tania es un «Intel Core i7 990». Antes de marcharse, el terrorista habla con ella:

—Tania, ¿te gustaría acompañarme a España?

—Sí. Pero le pertenezco a Karim.

—Karim es amigo mío. Sería perfecto que me acompañaras a tu país.

—¿Y para qué vas a España?

—Las mujeres no preguntan —Mohamed cambia la expresión de su rostro.

Tania comprende que esa pregunta ha sido nociva. Intenta subsanar su error con caricias y palabras cariñosas. Pero el terrorista está receloso.

Por la mañana, prepara un informe para la OCN-Interpol y una carta a Emma Rouault. El primero, detallado. La segunda, personal. La jornada pasa tranquila. Pero, cuando va a acostarse, suena el timbre. Será Karim, piensa. Se pone su bata preferida y abre. Perpleja, ve a Faruk con el rostro descompuesto: está malherido.

—Pronto, Tania. Coge lo imprescindible y salgamos lo antes posible. Han descubierto tu cobertura.

—¿De qué me hablas?

—Soy tu contacto.

—Pero… ¿qué dices?

—No tenemos tiempo.

—Dime la contraseña.

Faruk se sienta. Respira con dificultad.

—La noche en Qatar es maravillosa desde las dunas de Khor al Adaid.

Tania se queda estupefacta. Faruk es el topo y ni tan siquiera lo había sospechado.

—¿Cómo lo han descubierto?

—Mohamed le dijo a Karim que eres demasiado inteligente para ser tan solo una acompañante. El príncipe estaba confuso.

—¿Mohamed? ¿El terrorista de Al Qaeda?

—Tranquila, lo has hecho bien.

—No. Le pregunté por qué iba a España y le cambió el rostro. He fallado. ¿Y mis informes?

—Han llegado a la central. Gracias a ellos sabemos que los chinos han introducido su nueva droga, Kai Xin Guo, en el Próximo Oriente. Por desgracia, entre Qatar y Al Qaeda, aunque no hay células islámicas extremas, existen lazos subyacentes. Está por confirmar hasta dónde llega esta alianza. Puede que alguien financie parte de la yihad o que la presencia de Mohamed fuera una coincidencia puntual.

—¿Solo eso?

—Es relevante que Mohamed te sugiriera que lo acompañaras a España.

—Entonces estamos realmente en peligro.

—Sí. Estarán a punto de llegar.

Escapan gracias a un amigo taxista, que recorre las calles de Doha con la presteza del mismísimo James Bond. Por el camino, Faruk, le dice que tanto la OCN-Interpol como Emma Rouault saben que están en peligro.

—Un avión nos espera —le dice Faruk.

—¿Qué sabes de Emma?

—Además de que ahora se hace llamar Candela Herrera, es alguien muy importante para ti. Le has enviado muchas cartas.

—Gracias, Faruk. Siento no haberte conocido en otras circunstancias.

Minutos más tarde, Faruk cierra los ojos para siempre. Media hora después, Tania despega de Doha. Respira hondo. Un sueño repentino hace que pierda la noción de la realidad. Cuando despierta, está maniatada a un camastro. Se levanta y mira a través del claroscuro de la oquedad. El paisaje de una ciudad sucia y medieval le hace comprender dónde se encuentra. Chilla desesperadamente.

—¡Hijos de puta! No podéis cambiarme por información o por alguno de los vuestros. Nadie vendrá a rescatarme.

—Tal vez estés equivocada —le contesta Mohamed desde la oscuridad del cuchitril.

—¡Imposible!

Tania intenta darle un golpe. Pero está demasiado drogada.

—Yo nunca me equivoco —contesta el terrorista, sonriendo con ferocidad.

—Te maldigo a ti y a tu dios. ¡Cabrón!

—¡Eres una perra! Así voy a tratarte.

Le asesta varios golpes y la viola con una brutalidad espantosa.

Cuando finaliza, le inyecta una nueva dosis de heroína mezclada con Kai. De inmediato, sale con aire puritano al lúgubre pasillo del exterior, por donde se desliza con las manos cruzadas tras la espalda. Cuando Mohamed desaparece, un criado entra en el cuartucho y la socorre. Cura sus heridas, la asea y le inocula otra jeringuilla que parece reconfortarla.

 

Simultáneamente, en Madrid. Cándida Herrera llega a la central de la OCN-Interpol.


—¿Deseo ver al director?

La recepcionista pone cara de asombro.

—¿Está citada con él?

—Dígale que Cándida Herrera desea verle. Disculpe, Emma Rouault. Perdón, soy Vera Carmona.

Tras una llamada, la cachean, pasa el control del detector de metales y, antes de llegar al ascensor, su antiguo jefe la recibe.

—Vera, cuánto tiempo sin saber de ti. ¿Qué sucede?

—Mi hija está en peligro.

—¿Cómo lo sabes?

—¿Creíais que no me comunicaba con ella?

—No te alteres. Vayamos a la sala de operaciones.

Al abrir la puerta, Vera descubre el despliegue de medios y toda la información que Tania les ha enviado. Lo mismo que se hizo con ella, muerta para la mayoría de humanos. Se hizo con su hija, solo que Carlota decidió seguir los pasos de su madre y ella misma la entrenó. Nuestra heroína sigue mirando las fotografías del panel, con anotaciones y flechas hacia todas las fotografías y lugares señalados. Su jefe la interrumpe.

—¿Qué quieres hacer, Vera?

—Regresar al campo de batalla, mi hija me necesita.

—Sabes que es imposible.

—Nada es imposible.

—En este caso, sí.

—¡No es una petición! Os lo exijo: me debéis muchos favores. ¡Vengo a cobrármelos!

—En estos momentos, no puedes ayudarla. Pero no te preocupes, alguien lo hará por ti.


 

Título de la edición original: Bovary 21

Autora: Anna Genovés

Asiento Propiedad Intelectual

09/2913/2206


 

*Os espero en unas semanas o, tal vez, meses, para leer el sexto capítulo: El diplomático... ¡No os lo perdáis! 💋

 

📢ENLACES a los capítulos de BOVARY 21 en el blog. Cliquea sobre el nombre para leerlo 😉

 

Capítulo 1. El tatuador Incluye la presentación de la novela en 2013.

Capítulo 2. El vikingo 

Capítulo 3. El comisario 

Capítulo 4. El espía

Capítulo 5. El topo




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