![]() |
| Academia de Atenas, 2026. Archivo propio. |
Plutarco: La excelencia de las mujeres.
Mármara, 2019. Traducción de Marta González González.
No soy experta en Plutarco (I-II d. C.), pero de La excelencia de las mujeres puedo decir que:
- Nace de las conversaciones del autor con Clea, su amiga, «familiarizada con muchos libros», mujer a quien dedica —y esto es excepcional— el texto.
- No todo era familia y hogar para las griegas: traductores, lectores e intérpretes hemos ido volcando nuestra propia misoginia en los originales. Para conocer la realidad, se nos indica, debemos acudir a las fuentes primigenias.
- La excelencia es entendida como heroísmo, como arrojo, como andreia; y también como resistencia. En ningún caso como pureza. Esta virtud heroica «es una sola» entre hombres y mujeres, y se reconoce sin paternalismos.
- El tratado «merece ser leído sin prejuicios», advierte su traductora, sin perder de vista que Plutarco escribió «en contra de una opinión establecida». A nuestros ojos, ni todos los hechos referidos resultan ejemplares, ni todas las historias terminan bien. Abusos, violaciones, o el uso de las mujeres como botín de guerra no se ocultan.
- Se fija Plutarco en dos tipos de excelencia: hazañas colectivas y empresas individuales. Ambas conmueven, pero las primeras —por qué, por qué, por qué— lo hacen con mayor y más profunda fuerza.
- Observa el autor más allá de la elegida cuestión central. Así, afirma: «…que el talento para la pintura de hombres y mujeres es el mismo»; «… que el arte poética o adivinatoria no es diferente sino la misma en hombres y en mujeres».
- Aún con todo: en otra vida —digamos que paralela—, me pediría ser hombre.
Plut. Un moderno. Un vanguardista. Un amigo a quien querría a mi lado.

.jpeg)
.jpeg)