Debido a una circunstancia personal, he intentado recordar cuántas novelas con un perro como protagonista he leído. Recuerdo tres, aunque no descarto que pueda haber alguna más.
– (Buck) La llamada de lo salvaje, de Jack London
– Flush, una biografía, de Virginia Woolf
– (Mr. Bones) Tombuctú, de Paul Auster.
Los tres viven alrededor de una relación con el otro (un humano, un perro, algo), independientemente del entorno en el que se encuentren y tienen una segunda, o más, capas existenciales.
– Buck disfruta de una vida placentera y, de repente, cambia a un mundo sin reglas, violento y sin piedad. Esto hace que le surja la capa de la supervivencia y de la lucha, pero sin dejar de lado el componente relacional con los otros.
– Flush nace en un entorno campestre, pero es regalado a la escritora Elisabeth Barret para que la acompañe en su delicada salud. Gracias a eso, Elisabeth se obliga a salir a la calle a pasear con él. Flush es inquieto y siempre está explorando y ahuyentando a visitantes que no le caen bien. Existió de verdad. Aquí también tenemos a un perro que no depende de su entorno, si no más bien de sus relaciones. Según parece, está enterrado en la casa Guidi de Florencia. El día que estuve allí, la casa estaba cerrada.
– Mr. Bones vive en un ambiente marginal. A diferencia de las otras dos, la novela está narrada por él mismo. Sin embargo, aquí también veo una tendencia al vínculo, no al entorno. Me impactó la escena en la que Mr. Bones, con gran determinación, mira fijamente al frente, esperando con paciencia el momento para hacer la gran acción.
Desde el punto de vista del perro, nos encontramos con el posible esfuerzo que hace para entender y hacerse entender. Así, nuestra perrita Joy se desploma con una mirada que sólo puede interpretarse como una solicitud urgente de ayuda. Su vida se apaga. Urgencias caninas. Diagnóstico: parálisis de laringe. Entubada, con respiración asistida, sedada.
– Dicen: ¿Os habéis despedido de ella?
Vaya pregunta. No, no hemos pensado en ello.
Estamos en una UCI veterinaria. Tubos y monitores por todas partes. Como en las películas.
– Esta noche le quitaremos el tubo y veremos si puede respirar por sí sola. Si no os llamamos por teléfono, es buena señal.
No llaman. Llamamos nosotros por la mañana. Buenas noticias. Se decide que no le ha llegado su hora. Respira por sí sola, pero con dificultad. Hay que operarla.
Otra vez sedada y a esperar. Otra vez se decide que no le ha llegado su hora. Llaman. La operación ha ido bien. Ahora ya, mucho mejor claro.
Mientras escribo esto, la tengo a mi lado. Mirándome. Como siempre hace.
