No, la Biblioteca de Alejandría no se quemó. Claves para conocer su historia



En verdad, toda esta historia comienza con  Alejandro Magno en el 331 a. C. Sin redes sociales, ya era bien conocido en Persia, Egipto y había cruzado el Mediterráneo. De hecho, en Egipto lo coronaron faraón por haber liberado al pueblo egipcio de los persas. Así que él debió de pensar: "¡Qué lugar tan agradable para quedarse, Egipto!". Y eligió un enclave divino al norte del país, en una franja muy estrecha de tierra junto al lago Mareotis, vamos, un pueblito de pescadores. Ese pueblo se convirtió en un punto de encuentro, una ciudad que él mismo diseñó, pero nunca la vería terminada, murió en el 323 a. C. ¿Su muerte trajo gloria y progreso? NO, trajo guerra y destrucción porque no había sucesor. Así que unos cuantos individuos se repartieron algunos territorios. Nada nuevo, vaya. 


Al general Ptolomeo le tocó Egipto (fue como el quesito marrón del Trivial Pursuit). Dejó de guerrear y construyó en Egipto lo que él consideraba una idea de futuro urbano, más allá de fortalezas destinadas al ámbito bélico. ¿Y en qué se fijó? En el conocimiento. No había Instagram para abrirse una buena cuenta de libros, pero sí pensó en un lado más cultural. De hecho, ya tenía algunos referentes: la Academia de Platón en Atenas o el Liceo de Aristóteles. Lo que quería Ptolomeo era llevar esa misma idea a Alejandría: catalogar, clasificar y comparar, como ya se hacía en el Liceo, pero más a lo grande. No solo pretendía guardar libros, sino que fuese un lugar para debatir y producir conocimiento. Así tendría justificación el poder de Alejandría. Un poder que ya se veía desde que llegabas con el barco al puerto, ya que nada más entrar, veías un faro de ciento treinta metros. Un monumento que era difícil de olvidar, porque era uno de los más altos del mundo antiguo. Una duda, ¿el faro también se quemó cuando ardió en llamas la biblioteca más famosa de la época? ¡Vamos a descubrirlo!



¡¡Comenzamos con la Biblioteca de Alejandría!!



¿Cómo fueron los comienzos? Pero antes ¿se llamó desde el primer momento Biblioteca de Alejandría? No, ese nombre no estaba en la lluvia de ideas, sino El Lugar de las Musas. Las nueve musas de las artes de las ciencias (de hecho, la palabra museo viene de aquí). Demetrio fue el principal asesor de la biblioteca. ¿Y cuál fue su propósito? Reunir todos los libros conocidos de todas las materias, en todos los idiomas disponibles. ¡Casi nada! Entonces, empezaba para él otra ardua misión. ¡La de mandar cartas a los gobernantes del Mediterráneo y de Oriente Próximo! Al menos no pedía el original, sino las copias de los textos más importantes. La verdad que Demetrio se volvió un poco paranoico con el asunto, y hasta pidió que se requisasen todos los manuscritos que se hallasen en cualquier barco que llegase al puerto de Alejandría, o pidió originales para hacer copias y devolver a Atenas los originales, pero ¿lo hizo? ¡Menudo pillastre! No, devolvió las copias y robó los originales de obras de Sófocles, Eurípides, Platón... Ahora ya nadie lo puede denunciar. Creo. 


¿Cómo eran los libros? No, no eran libros como los que conocemos. Si algo hemos aprendido en El infinito en un junco, de Irene Vallejo, es que eran rollos de papiro, no páginas encuadernadas. Y estos rollos se guardaban en unos armarios de madera encastrados en la pared. Como no había lomo, en cada rollo se veía una etiqueta colgante con el título y el autor. 


¿Cómo estaban organizados? Pensad que había decenas de miles de rollos de papiros (se desconoce el número y cada fuente dice un número distinto, lo que sí se cree es que había un catálogo más grande que cualquier institución del siglo XVIII), era necesario catalogarlos, clasificarlos y organizarlos. Y de ello se encargó Calímaco de Cirene, poeta y erudito, padre de la bibliotecología durante el reinado de Ptolomeo II. Así pues, él fue el encargado de catalogar todo aquello mediante tablas. En ellas, estaban clasificados los papiros por géneros y disciplinas y, en cada categoría, los autores aparecían por orden alfabético con una breve biografía y una lista de sus obras. Esas obras contenían unas notas sobre su autenticidad, porque el plagio ya se había inventado, señores. Así se podían buscar bien todos los manuscritos. 


¿Qué otros bibliotecarios hubo? No, Calímaco no fue el único, pensad que la biblioteca tuvo una vida de unos novecientos años. Lo que sí es cierto es que, si el rey te elegía como jefe del lugar de las musas, eras un gran afortunado. ¡El rey te había seleccionado! Era como si te hubiese tocado la figurita del roscón. Otros nombres fueron: Zenódoto de Éfeso, gramático griego, crítico literario y estudioso de Homero. Él revisó textos de La Ilíada y La Odisea. Apolonio de Rodas, poeta griego y autor de Las Argonáuticas. Eratóstenes de Cirene, matemático, astrónomo, geógrafo. Aristófanes de Bizancio, que inventó el sistema de puntuación griega y estableció ediciones canónicas de los poetas líricos. Aristarco de Samocracia, que contribuyó con importantes trabajos sobre Homero; de hecho, si buscáis aristarco en el diccionario, os encontraréis con esta definición: 'crítico entendido, pero excesivamente severo'. El hombre consiguió un hueco en el diccionario.  


¿Quiénes podían entrar? Solo los intelectuales o personas con acreditación previa. Si el estudiante era aceptado, el Estado les pagaba alojamiento, comida y el acceso al conocimiento que, por el momento, se quedaba solo en Alejandría. Pensad que la biblioteca se hallaba dentro del palacio de Alejandría, así que es normal que su acceso estuviese tan controlado. Los ptolomeos lo pagaban todo, los costes del mantenimiento del edificio, la adquisición de nuevos rollos de papiro, la tinta... Vamos, era como el Silicon Valley, pero con papiros y sandalias. 


¿Cómo se hacía un libro? El libro entonces no era como el libro ahora, donde podemos encontrarlo hasta en una sala de hospital. Antes era un objeto escaso y costoso de producir. Recordad que no había imprenta (un tal Gutenberg, apenas conocido, la inventaría de tipos móviles hacia 1440), así que cada rollo era copiado a mano por escribas. Y el papiro no era barato, precisamente. 


¿Qué rollos de papiro podíamos encontrar allí dentro? No solo los manuscritos de los grandes intelectuales como Eurídices, Jenofonte,  Aristófanes o Platón, sino temas de física, biología, ética, medicina, agricultura, filosofía, matemáticas, textos en otros idiomas como en hebreo, egipcio, persa, indio... Pero lo bueno es que este conocimiento no solo se almacenaba, sino que se usaba. Imaginad tener todos los gastos pagados para entrar en una biblioteca y disponer de tiempo para investigar sobre todos esos rollos. Por ejemplo, de ello se benefició Euclides, que escribió aquí el Tratado de geometría, el que se convirtió en el libro de texto de Matemáticas en Europa y en el mundo árabe durante casi dos mil años. 


¿Te gustaría vivir allí dentro unos mesecitos? No era todo tan perfecto, a veces era como estar en una lucha de egos constante para ver quién era el más sabio. Las rivalidades eran muy duras y los debates sobre si tal o cuál verso de Homero era auténtico se hacían encarnizados, vamos, que ni en los debates políticos de la televisión nos podríamos encontrar tal frenesí de emociones. Aunque gracias a ese frenesí, uno ha aprendido a ser escrupuloso en las fuentes que emplea en un trabajo académico. Cuando estéis escribiendo la bibliografía de vuestra tesis y estéis hasta el gorro, pensad en estos hombres, pues de estos debates salía el rigor de las fuentes, todo debía ser contrastado y documentado. Las fuentes eran lo más importante, y la ignorancia no tenía lugar. 





¿Qué grandes teorías salieron de la biblioteca? Ptolomeo III llamó a Eratóstenes de Cirene para dirigir la biblioteca el 245 a. C. Era un gran intelectual del mundo griego que dijo que la Tierra era curva. Aristarco de Samos propuso que la Tierra no estaba en el centro de universo y que giraba alrededor del sol junto con otros planetas: heliocéntrico. Además, argumentó que el sol era más grande que la Tierra. Copérnico citó a Aristarco en sus anotaciones. Además, otros intelectuales diseccionaron cuerpos humanos, algo totalmente descabellado en la época, se distinguió por primera vez el cerebro del cerebelo, o la importancia del pulso para la salud. Se estudiaron el corazón y los vasos sanguíneos y cómo influían en el cuerpo humano. También se inventaron los orígenes del motor de vapor, aunque no se usaron, ya que total..., ¿para qué?, había esclavos que lo hacían todo. Una máquina expendedora de agua sagrada, puertas automáticas movidas por vapor... Inventos que no se verían hasta el Renacimiento y más allá.  


¿Quién fue Hipatia de Alejandría? Fue hija de un matemático y astrónomo, muy relacionado con la Biblioteca de Alejandría. Hipatia fue profesora de matemática, astrónoma y filósofa neoplatónica. Colaboró con su padre a la hora de escribir papiros, pero no nos ha llegado ningún manuscrito suyo. Murió asesinada en el 415 d. C., en unas turbas políticas y religiosas que hubo en la ciudad. Hasta el siglo XVIII no se la tuvo en consideración. Ninguna sorpresa.    


¿Cómo comenzó el declive? No, la Biblioteca de Alejandría no ardió en llamas, esto hay que tenerlo en cuenta (el faro tampoco, ya hago spoiler). Su declive fue por un desgaste lento a lo largo de nueve siglos. Esa gran institución decayó por acontecimientos políticos. Ptolomeo I, II y III se portaron con honores, pero a partir del siglo II, la situación cambió: guerras, conflictos sucesorios, financiación de la biblioteca, muchos intelectuales fueron expulsados de la biblioteca, la consolidación del imperio romano... Así que poco a poco se fue apagando. Gracias a los emperadores romanos, la biblioteca siguió funcionando, pero comenzó a ser una ciudad más, no el centro del conocimiento. En el imperio de Calígula, hubo mucha violencia en Alejandría. Caracalla ordenó matar a una gran parte de los hombres de la ciudad, así que la biblioteca se cerró. Pero abrió más adelante. Y así todo.  


¿Qué pasó con los papiros? Sí, los hombres estaban más pendientes de guerrear que de conservar lo que había dentro de la biblioteca. Así que, poco a poco, el catálogo se fue echando a perder por el deterioro y los distintos conflictos sociales, religiosos y políticos que hubo (en este momento fue cuando mataron a Hipatia). Y fue aquí donde llegó el fin de una institución. Además, hubo otro cambio sustancial, ya que el papiro fue sustituyéndose por el códice (libro con páginas encuadernadas), que era más sencillo de transportar, costaba menos y cogía menos humedad. Pero claro, alguien tenía que copiar todo de un soporte a otro. Y, por supuesto, no hubo nadie para hacerlo. 


¿No hubo entonces ningún incendio? No, pero sí tres momentos clave en la historia de Alejandría. Vamos a verlos. 


    1) Julio César, en el año 48 a. C., llegó a Alejandría y no se le ocurrió otra cosa que incendiar la flota enemiga, concretamente la de Ptomoleo XIII, para que no le atacaran, ya que Julio César se vio encerrado en Alejandría por los conflictos políticos. Al hombre le entró pánico en suelo enemigo, ya ves tú, y la lio. El incendio llegó de los barcos hasta el puerto, y allí había libros almacenados en el puerto. ¡Pero en el puerto, no en la biblioteca! 


    2) Teófilo, en el 391 d. C., era obispo de Alejandría. Por aquel entonces se descubrió un templo pagano, y esto alteró a los cristianos, lo que supuso muchos altercados en un momento en el que el culto pagano estaba prohibido. Teófilo mandó derruir el templo, y una horda de cristianos enfurecidos fue al Serapeun, el gran templo de Serapis, para destruirlo. Allí había otra biblioteca, que era la secundaria de Alejandría, más pequeña. Pero las fuentes no mencionan libros ardiendo y los cristianos no fueron expresamente a quemar libros, estos simplemente se destruyeron como parte de las revueltas.


    3) En el 642 d. C., el general Amr ibn al-As le preguntó al califa Omar qué debía hacer con los libros de la biblioteca cuando conquistó Alejandría. Y le dijo: "Si esos libros están de acuerdo con el Corán, no los necesitamos; si están en desacuerdo, son perjudiciales. En ambos casos, deben ser destruidos". ¡Dicho y hecho! ¡Más madera! Los emplearon como combustible para los baños de la ciudad, y el apaño les duró seis meses. 


Snøhetta, Bibliotheca Alexandrina, tecnne © Snøhetta


Entonces, ¿qué pasó con la biblioteca principal? Pues esto es como las exposiciones universales de los países, deterioro, dejadez, abandono... Pero no, no fue destruida por las llamas del fuego, sino por la inestabilidad política, los conflictos militares, religiosos, el asesinato de Hipatia, el cambio del papiro al pergamino y, lo más importante, la desgana para seguir preservando todo ese conocimiento. 


Los califas abasíes en los siglo VIII y IX crearon La Casa de la Sabiduría, en Bagdag. Esta fue la heredera de la Biblioteca de Alejandría. Atesoró textos y creo otros tantos. Tradujeron mucho al árabe los textos que ya había en Alejandría. 


¿Qué hay ahora donde estuvo la biblioteca original de Alejandría? En el 2002, se construyó otra biblioteca impulsada por la UNESCO, con donantes internacionales. En su fachada se pueden ver todos los sistemas de escritura del mundo. Su catálogo tiene unos ocho millones de libros. Alberga varios museos, un planetario, centros de investigación, salas de conferencias... Sin duda, es un gran enclave que atesora mucho simbolismo para levantar otro gran centro de conocimiento. Era eso o levantar un Starbucks. Eligieron bien. 



Como veis, da para un debate televisivo explicar por qué siempre se ha creído que la Biblioteca de Alejandría se destruyó bajo las llamas, y que posiblemente el fuego lo iniciase la conspiración o algún terraplanista. Nos encanta ver lo oscuro donde no lo hay. Aunque, de todas formas, abandonar el conocimiento ya supone un atraso con dramáticas consecuencias.


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LITERATURA AMBIENTADA EN ALEJANDRÍA













Y vosotros, ¿conocíais la historia de la gran biblioteca del conocimiento antiguo?, ¿habéis leído alguna de estas novelas?



*Fuente: La verdadera historia de la Biblioteca de Alejandría. YouTube. 

**Imagen de cabecera. Fuente del texto: National Geographic. Este grabado recrea el incendio que quizá destruyó parte de la Biblioteca en el año 47 a.C., durante la guerra entre Cleopatra y su hermano. 1876.

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