WHITEHALL STREET
Yo le tenía miedo. No sabía
que un delgado cuchillo entra en la carne
que un delgado cuchillo entra en la carne
sin despertar la piel. Como entra el frío.
Como una piedra agujerea el agua.
Pensaba que su grito subiría,
como una lagartija, por mi brazo,
haciendo que soltara mi cuchillo.
¿Qué debe uno decir en estos casos?
Pensaba que en sus ojos hallaría
la sonrisa cansada de la noche.
Aquella que yo solo causaba. Antes.
Pero no hubo mirada ni hubo grito.
Un delgado cuchillo entra en la carne
sin despertar la piel. Como entra el frío.
Y sabe hallar la vida allí escondida
con rápido sigilo. Sin esfuerzo.
No hubo mirada, no. Tampoco grito.
Fue muy fácil. Tan fácil que aún me asombro.
No llego a comprender por qué hay quien teme
matar, cuando resulta algo tan fácil.
WALL STREET
De un tajo la corté. Con el machete
corté de un solo tajo su cabeza.
"Miradla bien aquí", les dije alzándola
con el grito iniciado aún en su boca.
Fui mucho más veloz que su sorpresa
para encontrar el cuerpo distendido.
Estaba trabajando. Me acerqué
levantando el machete con sigilo.
Y lo bajé muy rápido y con fuerza.
"Fijaos en el cuello. Sólo un tajo",
les dije. Y los demás se me apartaron
con asombro y respeto en la mirada.
Aún se habla de mi hazaña en aquel pueblo.
THIRD AVENUE
Es bello contemplarte aquí en tus huesos.
Mirar la hermosa fábrica de sangre
que se erguía en tu cuerpo tan querido.
Estos huesos tuvieron tu cintura,
tus labios, las colinas de tus senos.
Toda tu carne amada los rodeaba.
Es grato acariciarte aquí en tus huesos.
Como si te tuviera nuevamente
cuando el placer hallado los movía.
KENNAMORE STREET
Yo quiero que tú sufras lo que sufro:
aprenderé a rezar para lograrlo.
Yo quiero que te sientes tan inútil
como un vaso sin whisky entre las manos;
que sientas en el pecho el corazón
como si fuera el de otro y te doliese.
Yo quiero que te asomes a cada hora
como un preso aferrado a su ventana
y que sean las piedras de la calle
el único paisaje de tus ojos.
Yo deseo tu muerte donde estés.
Aprenderé a rezar para lograrlo.
PELL STREET
No ha valido la pena ser un niño
tanteando en la penumbra hacia la luz.
No ha valido la pena ser un joven
desnudando de sombras a la luz.
No ha valido la pena ser adulto
buscando, hasta en mí mismo, algo de luz.
No ha valido la pena haber vivido
si nunca alcanzaría a ver la luz.
José María Fonollosa, de Ciudad del Hombre: New York (Quaderns Crema, 1996).

