Nueva colección en Muñeca: pequeño formato y pocas páginas, algo que me gusta mucho. Fabrice Gaignault, de quien ya había leído Diccionario de literatura para snobs, escribe un ensayo sobre cómo a Primo Levi le ayudó la lectura de una novela de Roger Vercel cuando estaba en el punto más bajo de su encierro en un campo de concentración nazi: enfermo, molido, sin esperanza y creyendo que pronto le darían pasaporte al otro barrio. Es un texto muy bello acerca de la necesidad de la lectura para construirse un refugio: la libertad interior. Un fragmento:
Habiendo hecho de la novela de Vercel su cielo, uno situado más allá de aquel que se cernía inmóvil sobre él y al que ya no miraba desde su llegada al campo, Levi se agarró a ella como a un clavo ardiendo durante la tarde y la noche siguientes, aquella noche en la que no sabía si sobreviviría. Se asió a ella como a un salvavidas para alejarse de los confines de este mundo, de los mares de las antípodas por los que navegaba Ulises cuando una ola gigantesca lo arrastró hacia los abismos.
[Muñeca Infinita. Traducción de Vanesa García Cazorla]
