LOS VALIENTES ANDAN SOLOS
La idea inicial de este proyecto consistía en reeditar El debut del chico tatuado (Azotes Caligráficos, Valencia, 2010), el volumen de relatos completos (1998 – 2009) de David González, desaparecido de las librerías hace años y del que sólo se podían encontrar unos pocos ejemplares en manos de especuladores. Una tarea fatigosa: su familia no conservaba el manuscrito en digital, no logramos contactar con sus editores y tuvimos que acudir a las fuentes originales de los cuentos (dispersos en obras individuales, antologías colectivas, revistas y fanzines) y ejecutar una labor de copia y pega, en algunos casos, y de tecleo en el procesador de textos, en otros.
A medida que reconstruíamos el índice advertimos que, en la etapa posterior, desde 2010 hasta su fallecimiento en 2023, David había ido incorporando nuevos relatos en sus libros y en proyectos como Vinalia Trippers y otras compilaciones. Aquello duplicaba la extensión del volumen pero nos pareció necesario hacer el esfuerzo de recopilar el material, dado que en esos años solía publicar en editoriales pequeñas, marginales e independientes, muchas de ellas sin distribución y en ediciones limitadas. No era fácil acceder a algunas de sus obras porque a menudo sólo se podían comprar online o en las presentaciones en librerías de Gijón o de Madrid.
Consideramos que este nuevo compendio, extendido y revisado, es una especie de obsequio para sus lectores y una llave para guiar a quienes no conozcan a uno de los mejores poetas españoles de los últimos tiempos. Servirá para confirmar la valía de David como prosista. Ninguneado por las grandes editoriales tendentes al cuento, siempre al margen del canon y de los cajones con etiqueta creados por los popes de la cultura, sin embargo sus relatos serán objeto de estudio en años venideros. Pocos escritores tan dotados en España para la recreación de los ambientes del lumpen, la pobreza y la miseria, lo marginal y la clase trabajadora… con un pulso y un ritmo perfectos, con economía de medios pero sin olvidar nunca sus orígenes: los vocablos asturianos, la jerga carcelaria, el lenguaje popular, el argot callejero. Quien lea estas crónicas narrativas comprobará que fue un escritor preciso y excepcional, casi siempre recreando vivencias propias y ajenas para apartarse de la ficción y ofrecernos pedazos de vidas rotas o en declive: era duro pero misericordioso, crítico con el sistema sin olvidarse de la autocrítica, tierno sin ceder al sentimentalismo, honesto y auténtico aunque eso significara desnudar sus errores, sus fracasos y sus contradicciones.
Es necesario señalar que, en la primera parte, hemos seguido los aspectos técnicos del original: sangrías, espacios, etcétera; en la segunda optamos por respetar los caminos de David en los últimos años: muchas narraciones sin párrafos sangrados, con abundancia de cursivas y negritas… Que el lector no crea que obedece a fallos de maquetación: son opciones tomadas antaño por el propio escritor.
Todo esto no hubiera sido posible sin Belén González y María del Carmen Gerpe Nava: gracias por vuestro apoyo. Mi gratitud es extensible a quienes me facilitaron textos, capturas, pistas y copias de sus libros o contribuyeron a que el plan no se estancara: Manolo Tarancón, Juan Puchades, Ana Vega, Mar López, Andrés Ramón Pérez Blanco, Vicente Muñoz Álvarez, Ignacio Escuín, Tito Expósito, Inés Pradilla, Manolo D. Abad, Mónica Barrueco, Gsús Bonilla y Esteban Gutiérrez Gómez. Entre todos logramos que David González siga vivo en estas páginas.
José Ángel Barrueco

