UTOPÍA
Nunca fui en línea recta
quizás,
porque necesito cometer errores
poder ocuparme de mí mismo,
sustraer de las certezas
todas las mentiras que estorban.
Pensar de forma imprevisible
y no saber
qué equipaje llevar
en el próximo viaje.
Cuidar las condiciones de luz
que me harán más feliz,
toparme de frente con la terapia
de construir algo nuevo
con todo lo desechado anteriormente.
Hablar otro idioma que aún no conozco
ni tú tampoco,
descifrar palabras que jamás he utilizado,
descubrir
lo asolado y devastado
que está este viejo mundo.
Todo un bosque donde estar
solo y siempre
con los pensamientos.
Reunir las circunstancias precisas
que hagan de la vida
lo que suele ser
una pequeña, desordenada y acogedora buhardilla.
PRESENTE
Cómo saber si los armarios
están llenos o vacíos
si los abrigos, tan largos,
están ausentes,
felices por tu desnudez o la mía,
en aquella juventud
donde la memoria jugaba
carente de prejuicios con la carne,
ahora pasada de punto,
más decente, más confusa,
intimidada allá en el amor,
lejos de los potentes latidos
cerca de los tatuajes
que aun siguen aullando.
Cómo saber del inútil valor de la verdad
a estas alturas donde el espejo refleja
toda una vida de construcciones y escombros.
Quizá vengándonos de los sueños
volviera una nueva cosecha de puertas abandonadas:
el fuego, el punk, el hierro
que nos merecemos.
Sólo sé del martirio del pasado y del futuro
me quedo en los brazos del presente
espías felices del momento
del aire que brilla e inunda mis pulmones.
Eran mis puertas
puertas abiertas y obstinadas
como las monedas usadas
circulando entre los hombres
que lamen el frío y las distancias.
Eran mis ventanas, paisajes,
calles frenéticas en su avance.
Hablaban asombradas en el centro de la noche
sobre la búsqueda del alba
de los tropiezos ciegos en la tierra de los borrachos
que temblaban hundidos en las aguas oscuras.
Íbamos andando con sandalias
donde los dedos y las lenguas rotas
viajaban por los arcos de los sueños que no dormían.
Llegaban las disputas
los abismos de los ojos ebrios
que veían y no miraban la luz
o la miel del horizonte.
Ahora las flores marchitas
las soledades, las aguas
que buscan la pureza
las ventanas que aceptan la vigilia
las puertas que buscan el norte del mundo.
EVOCACIÓN
Me acuerdo enormemente de tus piernas.
Me acuerdo de mis primeras técnicas amatorias
conocidas posteriormente como persecutorias.
Me acuerdo del hermoso manto que utilizábamos
para cubrir nuestra existencia húmeda y a saltos.
Me acuerdo de aquel tiempo feliz
en el que violábamos la ley de la lógica.
Me acuerdo de aquel niño tierno, sentimental,
desconsolado hasta que llegaba el abrazo.
Me acuerdo de cuando la alegría había que hacerla contagiosa
y allí estabas tú para recibirme.
Me acuerdo de aquel sentimiento desagradable
embalado en un sobre para aligerarme peso,
para hacer tanta ausencia soportable.
Me acuerdo de un amor que quedó sin dueño.
Me acuerdo de cuando cogíamos el revólver
y disparábamos las balas
a todo aquello que nos impedía ser nosotros mismos.
Me acuerdo de que tú siempre has sido razón suficiente
para romper la vagancia.
CORAZÓN AZUL
Casi siempre la oficialidad rechaza el arte
de una mierda de perro bien trazada
en el empedrado caliente,
cerca de las altas grúas que horadan
las vanguardias establecidas.
Sus formas son rechazadas por los genios de la botella
que poseen la fe universal, helada y sin mezclas.
Aburren sus tijeras oxidadas.
El cinturón de castidad cargado de oro
hiere la creatividad de los que gritan.
Recorro tu espalda para encender
lo que no existe en el camino,
bajo el aguacero de lo desnudo, otro tiempo
otro estilo expuesto en el escaparate de los viejos sueños
macizos y vacíos,
en lo más alto de las distancias verticales.
Creo en este instante:
en la colectividad de los puntos suspensivos…
Quemo todos los invernaderos que no cambian de planes
cualquier visión que viene del cielo que pesa tanto en la vida,
sus dolorosos golpes tan reales y tan íntimos.
Ya solo somos:
La Resistencia.
La Resistencia.
Ramón Guerrero

