NIEBLA
Todo está cubierto de niebla. Avanzamos despacio y sólo vemos niebla. Niebla por todos lados. Kilómetros y kilómetros entre la niebla. Horas y horas conduciendo por la niebla. La autopista sube. De repente llega un túnel. Lo atravesamos con alivio, esperanzados. Pero luego nada, sólo más niebla. Niebla y niebla. Una niebla tan espesa que nos se ve nada más allá del arcén. La autopista sigue subiendo. Reducimos aún más la velocidad. Otro túnel. Tan repentino como el primero. Vemos el túnel, pero no la montaña. Debe ser alta. Calculamos su altura por la longitud del túnel. Es un túnel largo. En curva. No sé ve la salida, que aparece de pronto. Y más niebla. Niebla por todos lados. Luego otro túnel. Y no hace falta saber más. No hay esperanza. La niebla nos espera al otro lado. Lo sabemos. Pese a todo nos distraen las luces amarillas. Los carteles de precaución. Eso funciona. Alguien se encarga de que funcionen. La autopista está casi vacía. Es muy pronto para el tráfico. O muy tarde. Ya ni lo sabemos. Hemos perdido la noción del tiempo. ¿Qué toca ahora, cenar o almorzar? ¿Habrá algún área de servicio cerca? ¿Algún hotel? ¿Alguna ciudad?
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