Chai Editorial: «La primera idea que tuvimos fue que las portadas se parecieran a un póster de una película»



Soledad Urquía y Santiago La Rosa son los fundadores de Chai, una editorial argentina que en España se ha convertido en un referente de buena literatura. Publican entre ocho y diez libros al años, y en su catálogo destaca una de las novelas más conocidas en nuestro país: Dorayaki, pero tiene más, como una novela finalista al premio Booker o libros traducidos por tres personas distintas. Su catálogo destaca por ser obras traducidas del inglés, japonés, francés o alemán. ¿Os apetece conocerlos? 





P.- En 2019, fundasteis en San Javier, Argentina, Chai Editorial, ¿en qué condiciones y de dónde veníais?


Nosotros nos dedicábamos a otra cosa pero siempre nos gustó mucho leer. Además, nos habíamos mudado hacía unos meses desde Buenos Aires a un pueblo pequeño de las sierras de Córdoba. En medio de todo eso, empezamos a pensar en armar una editorial, la idea desde el principio fue dedicarnos a traducir narrativa contemporánea. A partir de ese momento, investigamos y leímos libros sobre edición, nos reunimos con personas del sector y aprendimos algunas cosas sobre el oficio. La idea siempre fue compartir lecturas, algo que veníamos haciendo desde siempre: el primer impulso fue quizá que más personas leyeran lo que a nosotrxs nos entusiasmaba.

 


P.- En España, fundar una editorial requiere cierta dosis de valentía, ¿vosotros creísteis que ibais a llegar tan lejos en el tiempo como lo habéis hecho?, ¿y con tantos lectores?


La última vez que fuimos a España se sintió como una especie de milagro: los títulos de Chai estaban en todas las librerías y los libreros y libreras conocían y recomendaban nuestros libros. La verdad es que pensamos mucho antes de lanzar Chai allá, también trabajamos un montón para que los libros salgan lo mejor posible. Por suerte, el catálogo fue encontrando lectores y lectoras y eso nos da mucha alegría. Fundar una editorial es quizá valiente en cualquier lado pero también, para mí, es lo más lindo que uno puede hacer. 



P.- ¿Qué tenía Ocho, de Amy Fusselman, para ser la primera novela con la que arrancasteis Chai Editorial?


Ocho es un libro que se lee con placer y eso marca un poco el espíritu de la editorial: buscamos textos que nos den ganas de leer, que nos conecten con el placer de la lectura lejos de la solemnidad. Con esa novela de Fusselman nos reíamos en cada relectura y también nos emocionábamos. Es un libro que queremos mucho, quizá también tenga que ver con que, junto a Un hombre con suerte de Jamel Brinkley, fue el título con el que de alguna manera más aprendimos.



P.- La otra hija, de Santiago La Rosa, o La luz y la montaña, de Soledad Urquía, son los libros que habéis publicado como novelistas, ¿os gusta más trabajar como editores o como escritores?, ¿dónde os sentís más cómodos?


Sentimos que tanto editar como escribir son una consecuencia casi natural de la lectura: nosotrxs dos somos principalmente lectores. Por otro lado, el trabajo de edición de alguna manera retroalimenta nuestra escritura, que parte de nuestro trabajo sea leer y trabajar textos es un privilegio enorme.

 


P.- Habladnos del diseño de las cubiertas. ¿Los colores son aleatorios?, ¿y por qué habéis optado por poner una fotografía central?  


Desde el principio, tuvimos claro que queríamos un diseño que hiciera posible distinguir fácilmente nuestros libros, como hace Anagrama, Impedimenta y otras editoriales que admiramos mucho. Es raro, pero la primera idea que tuvimos fue que las portadas se parecieran a un póster de una película. Todo esto derivó en que las portadas consistirían en un Pantone y una foto, casi siempre de algún fotógrafo o fotógrafa argentina. Los colores son aleatorios, casi siempre tienen que ver con la foto. Igual tratamos de no publicar, por ejemplo, dos libros naranjas seguidos.



P.- En vuestra cuenta de Instagram, preguntáis a vuestros seguidores qué futura cubierta les puede gustar más. Mostrarse así de cercanos es una maravilla. Otras editoriales se muestran cerradas e inexpugnables, ¿por qué lo hacéis vosotros?


Nosotrxs pensamos la edición como un diálogo, de alguna manera publicar un libro que presenta una voz nueva o desconocida en español abre una conversación o al menos esa es nuestra intención. Parte de ese diálogo también consiste en incluir de la manera que se pueda a nuestros lectores y lectoras en las distintas instancias del proceso editorial. Elegir una portada nos parece una de las partes más divertidas de nuestro trabajo y nos gusta compartir eso.



P.- Solo publicáis libros traducidos, ¿de qué idiomas? ¿Nunca habéis tenido la tentación de publicar un libro escrito en castellano?


La tentación siempre está, pero por ahora preferimos seguir en la línea de traducciones exclusivamente. Por el momento, tenemos libros traducidos del inglés, del francés, del japonés y del alemán. El año que viene tendremos la primera traducción del islandés.



P.- Vosotros miráis las traducciones al dedillo, pero ¿qué ha sido lo más loco que os habéis encontrado en una traducción, o si nos queréis contar alguna curiosidad a este respecto?


Nos han pasado todo tipo de cosas en este año, algunas buenas y otras no tanto, pero hemos podido resolverlas siempre con la prioridad de que el texto salga lo mejor posible. Una situación que nos hizo pensar mucho fue que Cynan Jones, un autor del que publicamos muchos libros, fue traducido por tres personas distintas: Esther Cross, Laura Wittner y Matías Battistón. Este autor tiene un estilo muy particular y los tres hicieron un trabajo excelente y muy distinto entre sí, no podría decir cuál traducción es mejor. Esto trajo luz, de alguna manera, respecto a la cantidad de decisiones que toma un traductor o traductora y cómo eso impacta en el texto final. Para nosotrxs, el trabajo de los traductores es fundamental.



P.- Dorayaki, de Durian Sukegawa quizá haya sido la novela más vendida en vuestra editorial, ¿a qué creéis que se debe?, ¿y por qué en un libro que trata sobre cocina, postres, habéis elegido una portada que no hace referencia a nada culinario?


Nos sorprende mucho lo que está pasando con Dorayaki y estamos muy agradecidxs con la recepción que ha tenido el libro. Sentimos que es una novela tierna, delicada y, al mismo tiempo, con una cierta profundidad. Es un libro que la gente compra para leer y que, después, sigue comprando para regalar porque funciona incluso para personas que no leen tanto. Desde el punto de vista literario, es una novela de apariencia sencilla pero muy bien hecha, en la que todo cierra de manera perfecta y en la que, a pesar de la calma que se siente al leerla, pasan un montón de cosas todo el tiempo.


»Cambiamos el título a último momento, se iba a llamar Pasta de azuki. Con la tapa nos pasó algo similar, dimos muchas vueltas, algo que no suele pasarnos. En general, a las fotos las proponen los diseñadores, pero en este caso nosotrxs encontramos esta imagen y sentimos que era perfecta para el libro. Al frente del puesto de dorayakis de Sentaro hay un árbol de cerezo que va marcando la temporalidad de la novela. Nos gusta mucho esa idea.



P.- Los recuerdos del viejo Jack, de Wendell Berry, es el último libro que habéis publicado. ¿Cuál va a ser el próximo? ¿Cada cuando tiempo sacáis un libro al mercado y por qué esa cuantía?


Justo hoy entró a imprenta nuestra próxima novedad: Días de juego de Benjamin Markovits. Saldrá en abril y estaremos junto al autor presentando el libro en Madrid.


»Nosotrxs publicamos entre ocho y diez libros al año. Sentimos que se publican muchos libros todo el tiempo, sobre todo en España, y nuestra decisión es publicar menos pero todos libros que nos gusten y entusiasmen muchísimo. Además, como nosotrxs nos ocupamos de todas las instancias de edición es lo que podemos abarcar por el momento.



P.- ¿Cuál ha sido el libro de vuestro catálogo que no pensabais que iba a tener tanta repercusión ni ser tan vendido?


Pasó algo muy raro con ¿Hay alguien ahí? de Peter Orner. Cuando leímos el manuscrito por primera vez nos encantó. Después pedimos un informe de lectura a Damián Tullio, que finalmente fue su traductor. A él también le gustó mucho pero nos recomendaba no publicarlo porque ¿quién iba a comprar un libro sobre libros, en el que aparecen autores y autoras que en muchos casos ni siquiera han sido traducidos al español? De todas formas decidimos publicarlo y la recepción que tuvo el libro fue sorprendente. El autor visitó España, Chile y Argentina y se acercaron muchas personas a hablar con él y a escucharlo.


»Esta experiencia, que fue cuando estábamos empezando con la editorial, nos ayudó también a confiar en nuestro instinto: si a nosotrxs nos gusta, seguramente el libro encontrara otros lectores, no somos tan especiales después de todo.


P.- No aceptáis manuscritos, pero ¿aun así los recibís?


Pusimos eso en nuestra web porque nos llegaban muchos manuscritos en español, diría que a diario. Como nosotrxs solo publicamos traducciones, no leemos textos escritos en español.



P.- Si no aceptáis manuscritos en vuestra web, ¿cómo conseguís los originales?, ¿cómo dais con ellos?


Para las contrataciones de libros de autores extranjeros, siempre tenemos la mediación de los agentes. Aunque lleguemos a un libro a través de otros libros y lecturas, a partir de los catálogos de editoriales extranjeras que leemos y en cuyo criterio confiamos, siempre está la figura del agente. Tras las primeras contrataciones, empezamos a formar parte de las agendas de esas agencias que nos bombardean (con mayor o menor precisión) de proyectos posibles. Muy pocas veces contratamos alguna de esas propuestas. Nos gusta bucear en los catálogos y descubrir los libros por nuestra cuenta.



P.- ¿Tenéis alguna anécdota curiosa sobre cómo habéis conseguido los derechos de autor de uno de vuestros libros?


Es, quizás, una de las excepciones a lo que decíamos más arriba. Cuando una agencia envío la propuesta de El resto de nuestras vidas de Benjamin Markovits, el correo no venía repleto de los típicos blurbs elogiosos y las comparaciones con autores de éxito. Adjuntaba, en cambio, una carta del editor histórico de Markovits en Faber que decía, y acá parafraseamos un poco, que siempre es difícil acompañar a un autor literario, siempre es difícil que sus libros vendan, incluso cuando se trata de uno del talento de este. Sabiendo que es difícil apostar, nos decía en la carta, les pido que lean este libro y lo consideren para su traducción porque se trata de la cima en la escritura de un escritor maravilloso. Esa carta nos conquistó y empezamos a leer inmediatamente. El libro fue finalista del Booker, se convirtió en uno de nuestros éxitos y Markovits en un autor de la casa.



P.- ¿Qué pensáis que habría que cambiar en el sector del libro argentino?


La verdad es que no sé si hay algo que debería cambiar, el sector del libro ha sobrevivido a muchas crisis de todo tipo y sigue siendo diverso y muy interesante. Ahora es un momento particularmente difícil en Argentina pero, a pesar de la recesión y las condiciones económicas cada vez más hostiles, la gente sigue comprando libros y compartiendo lecturas.



P.- Desde España, necesitamos una recomendación de libros argentinos. ¿Qué autor que ha publicado en los meses anteriores nos recomendaríais?, ¿qué novela que tenga una temática primaveral nos recomendaríais de vuestro catálogo?


A finales del año pasado Anagrama publicó Un cementerio perfecto de Federico Falco. Es un libro que ya había sido publicado en Argentina hace unos años. Recomendamos mucho leer sus cuentos en primavera y todas las estaciones del año. También un libro muy lindo que se llama La madre de Beckett tenía un burro de Matías Battistón. Es un libro divertido, erudito y muy interesante sobre la traducción y todo lo que implica.






*Gracias a Chai Editorial por mostrarse cercana, amable y accesible. 

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