ENTREVISTA EN DIARIO DE TERUEL



Vicente Muñoz Álvarez, escritor: “La poesía lleva milenios existiendo y así seguirá porque no depende de las modas como la novela”

La Plataforma de Poetas por Teruel premia la antología del leonés como Mejor Libro de Poesía de España, ‘ex aequo’ con ‘Micelio’ de Laura Giordani

Diario de Teruel, miércoles, 4 de marzo de 2026 

Vicente Muñoz Álvarez (León, 1966) es poeta, narrador, editor y gestor cultural, vinculado desde sus inicios a los márgenes del sistema literario, a la poesía social de la conciencia y a la escena alternativa leonesa. Desde 1996 dirige Vinalia Trippers, uno de los proyectos de culto de la narrativa breve y la poesía en España. Como autor, ha desarrollado una obra extensa que combina poesía, narrativa y ensayo, con numerosos poemarios publicados desde finales de los años noventa y libros de relatos y prosas que exploran la memoria, el cuerpo, la noche urbana o la cultura popular. Sus libros muestran una voz reconocible, confesional y existencial, de tono descarnado y lenguaje directo, que se mueve entre el intimismo y la crónica generacional.

En los últimos años su trayectoria ha recibido un fuerte reconocimiento. El año pasado apareció una amplia antología suya: Hombre de mimbre. Antología poética 1999-2025 (Editorial Páramo), que reúne más de dos décadas de escritura e incorpora un poemario inédito. Por este volumen ha obtenido el Premio de la Crítica de Aragón que concede la Plataforma de Poetas por Teruel al Mejor Libro de Poesía publicado en España en 2025, otorgado ex aequo junto a Micelio de Laura Giordani.

Esta distinción, que se entregará en un acto que tendrá lugar en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Teruel el 7 marzo, subraya la coherencia de una obra levantada desde la resistencia, al margen de modas y circuitos mayoritarios y con un norte inquebrantable: no escudarse en el hermetismo y ser una voz, ante todo, legible y honesta.

-Felicidades por el premio...

-La verdad es que muy contento. Yo no soy de presentarme a premios; me presenté a uno con treinta años, lo gané en Letras Jóvenes de Castilla y León, y no había vuelto a hacerlo jamás. Lo bueno que tiene este premio es que no te presentas tú ni te presenta tu editorial, sino que es el propio jurado quien nomina los libros; no está mediatizado por intereses económicos ni de ningún tipo. Por eso me pilló completamente por sorpresa y me produjo mucha alegría

-Hábleme de ‘Hombre de Mimbre’ porque es un libro muy peculiar; una antología que además incluye un poemario completo nuevo.

-Yo tenía un nuevo poemario titulado Hombre de Mimbre y como desde Páramo también habíamos barajado la posibilidad de sacar una antología con motivo de los veinticinco años desde mi primer poemario, que salió en el 99, mi editor me propuso incluirlo dentro de una antología que recogiera una selección de mis ocho libros anteriores. Me pareció muy buena idea porque no es un formato habitual.

-¿Qué aporta esa novedad, ‘Hombre de mimbre’?

-Es muy reciente, recoge poemas escritos en los últimos meses antes de que el libro saliera, en agosto. Se titula Hombre de Mimbre como guiño a una película de culto del género de terror, de folk horror, como se le llama hoy, que es de 1973: El hombre de mimbre, de Robin Hardy, protagonizada por Christopher Lee. El cine de culto es una de mis grandes pasiones y he escrito varios ensayos sobre ello, con una serie de libros publicados bajo el título Cult Movies. Esta película siempre me fascinó; es muy poco conocida para el público en general, aunque paradigmática entre quienes frecuentamos esos círculos.

Los hombres de mimbre eran unas estructuras enormes, construidas con varas de mimbre, que los druidas, los sacerdotes celtas, levantaban en la época de la invasión romana. Dentro metían animales vivos y en ocasiones también personas, y les prendían fuego como sacrificio para pedir buenas cosechas a los dioses. Me pareció una metáfora muy bonita de mi propia forma de ser, como ardiendo por dentro -el que haya visto la película lo entenderá-. Y al mismo tiempo me pareció muy acertado jugar con la fragilidad que sugiere el mimbre, que es un material maleable y resistente al mismo tiempo: es elástico y se mueve a merced del viento, pero al mismo tiempo es muy difícil de romper. A punto de cumplir sesenta años describe muy bien el momento literario en que me encuentro.

–Cumplir 25 años como escritor es muy tentador, pero al mismo tiempo las antologías suenan a final de carrera. ¿No da vértigo eso?

-No, en mi caso no. Ya tengo otra publicada, hace diez años, que se titula Gas: Antología poética personal. Hay distintas maneras de plantear una antología: una es cuando se habla de obra completa, que no es mi caso porque el libro no reúne ni mucho menos toda mi producción poética; otra es lo que vendría a ser esto, una selección de poemas, una obra reunida. La verdad es que casi todos los poetas con cierta trayectoria, si tienen la suerte de encontrar un editor que se la publique, suelen sacar alguna antología a partir de los diez o quince años.

-¿Se reconoce en los versos que escribió hace veinte, veinticinco años, tanto en lo formal como en lo conceptual?

-Sí, totalmente. Siempre he tenido los pilares de mi poética muy definidos y muy claros. Soy un poeta realista, de línea clara, social y crítico, que enjuicia la realidad que le rodea y que piensa que la poesía sí puede cambiar el mundo. Y por otro lado soy un poeta autobiográfico: todo lo que escribo es absolutamente verídico. Esas características estaban ya presentes en mi primer poemario de 1999. Obviamente no es la misma la impulsividad, la ferocidad o la rabia contenida de los treinta años, pero sí, me reconozco plenamente.

-Dice que es de los poetas que piensan que la poesía puede cambiar el mundo. ¿Cree también que tiene la obligación de intentarlo? ¿O es igualmente lícita la poesía neutra, descomprometida, que busca lo bello por lo bello?

-Esa es una decisión que tiene que tomar cada poeta. Yo entiendo la poesía con ese deber de enjuiciar la realidad, aunque no sea de forma dogmática. Mi poesía es un examen de conciencia, de mi propia conciencia, con el fin de expresar a los demás mi punto de vista poético, político, sociológico y literario. Eso no quiere decir que la otra poesía, la que persigue la belleza por sí misma, la más hermética, carezca de valor. Lo tiene y yo mismo puedo disfrutarla. Pero mi forma de escribir parte ante todo de querer utilizar un lenguaje comprensible. De hecho esta poesía hermética, desde mi punto de vista, ha alejado al público lector de la poesía. ¿Cuántas veces habrá escuchado usted ‘poesía no, que no la entiendo’? Ese es el tipo de poesía contra el que va mi forma de entenderla. Yo quiero escribir con línea clara, puedo usar todas las metáforas, todas las figuras literarias y todas las figuras rítmicas que quiera, pero no quiero que haya un muro entre el poeta y el lector que obstaculice la comprensión.

-Es una postura valiente y hasta arriesgada, porque en muchas ocasiones ese hermetismo es puro sinónimo de buena poesía. Cuanto más complejo mejor poeta.

-Exactamente, y mucho más todavía en mi ciudad, León, donde la mayor parte de las tendencias poéticas van por esa vía del simbolismo y el hermetismo en su máximo exponente. Yo la respeto absolutamente y desde luego puedo disfrutar leyéndola, pero no es la poesía que a mí, personalmente, me interesa escribir. Yo me pongo a escribir para comunicarme, no para establecer muros o demostrar el registro léxico que puedo manejar. Se puede ser intelectual con el fondo y en el contenido usando nuestro vocabulario popular habitual.

-Ha escrito ensayo sobre cine, poesía y narrativa. ¿Ha recorrido también la senda de la novela?

-Ya soy perro viejo. Tengo más de treinta libros publicados y la mitad son de prosa. El relato me ha apasionado mucho, también la novela e incluso la prosa poética. Mi obra es un poco miscelánea, y aunque quizás me siento más poeta, también me considero narrador. Eso sí, siempre de aliento corto: los poetas que son narradores, acostumbrados a la concisión de la poesía, tienden a escribir relato breve, prosa poética o, en todo caso, novelas breves. Como novela propiamente dicha tengo una sola publicada, Regresiones, que es una especie de memorias construida con fragmentos breves. Y tengo otra, El Merodeador, que es en realidad un libro de relatos interconectados que se pueden leer como una novela, pero siempre de aliento corto. El único campo en el que no me he movido es el de la novela larga.

-¿Para qué emplear 400 páginas para lo que se puede contar en 100?

-Tal cual. Incluso dentro de la poesía me gustan los textos breves; mi poética es la concisión pura y dura. Lo que yo cuento en un relato de cinco páginas a otro puede llevarle doscientas. A veces envidio a los novelistas capaces de escribir setecientas páginas, pero cuando hablo con ellos me dicen que ellos envidian un relato de siete. Es curioso.

-La extensión física en las novelas nunca se sabe si es virtud o defecto...

-Así es. En cualquier caso la industria literaria está orientada ahora mismo a las novelas largas, a la novela histórica, a la ficción, porque es lo que vende y lo que se promociona. El relato es un género magnífico que fuera de España, en Estados Unidos, por ejemplo, tiene una consideración enorme, pero aquí está un poco denostado. Y respecto a la poesía, ya ni le cuento: es para minorías.

-Quizá la poesía no sea un género mayoritario, pero nunca ha dejado de estar ahí y, desde luego, ni usted ni yo seremos testigos de su desaparición.

-La poesía tiene un círculo de lectores que quizá sea pequeño, pero son muy fieles. En ese sentido es mucho más universal. No es un lenguaje popular y no todo el mundo tiene sensibilidad poética, ni como lector ni como escritor, pero quien lo tiene necesita de la poesía. La prosa sin embargo depende mucho de las modas; ahora llevamos unos años de novela histórica, de guerra civil, de maquis... que yo personalmente estoy hasta la coronilla. La poesía, en cambio, no depende de corrientes ni tendencias. Existe desde hace milenios y seguirá existiendo dentro de muchos siglos.



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