TRES POEMAS de LA SOMBRA ARROJADA por MARTA PUMAREGA RUBIO




Desde tu muerte,
disimulo la tristeza,
sonrío a los vecinos,
voy al trabajo,
hago la compra,
camino descalza por la casa,
tomo algo
en el bar del mercado,
no lloro.

Desde tu muerte,
me despierto
a las tres de la mañana.

Sola.

Me siento al filo de la cama,
lloro sin mesura,
y escribo:
la tristeza es el río
en el que muchos se ahogaron.

*

Las palabras permanecen
y el tiempo
queda allí dormido;
se detiene
en todo lo escrito.

Por eso, si dije noche,
todo quedó a oscuras.

Por eso, cuando escribí amor,
un cuadro
vistió el frío
de mis paredes descalzas.

*

Quien no ha tenido
las uñas llenas de barro,
quien no ha trabajado la tierra,
quien no estuvo años bajo el sol,
quien no sintió el frío del invierno
atravesando la ropa,

jamás entenderá mi dolor.

Teníamos las flores
más bellas del jardín,
pero vino el viento
para llevárselo todo.


Marta Pumarega Rubio, de La sombra arrojada (Editorial BajAmar, 2024)


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