Yoga, de Emmanuel Carrère

 

Yoga es un libro raro pero satisfactorio. Comienza con las intenciones de Carrère de escribir sobre la práctica del yoga pero ese libro en curso se le ramifica: va a un centro de terapia, pierde amigos en el atentado a Charlie Hebdo, entra en una depresión, etcétera. Al final escribe una obra en la que el yoga es sólo una rama del árbol: lo importante es cómo se autoanaliza, cómo se tortura, cómo aprende que debería ser mejor persona. En el texto va enlazando otros temas: la lectura de un cuento de George Langeelan (que casualmente yo leí semanas atrás), la reflexión sobre sus propios libros, el terrorismo, Carl Seelig y sus paseos con Walser (volumen que casualmente releí hace poco), Simone Weil, la meditación, el budismo... Un fragmento:

Ya que hay que empezar por alguna parte el relato de aquellos cuatro años en los que intenté escribir un librito risueño y sutil sobre el yoga, afronté cosas tan poco risueñas y sutiles como el terrorismo yihadista y la crisis de los refugiados, me sumergí en una depresión melancólica tan grande que tuvieron que internarme cuatro meses en el hospital Sainte-Anne, y perdí, por último, a mi editor, que por primera vez desde hace treinta y cinco años no leerá un libro que yo he escrito, ya que hay que empezar, pues, por alguna parte elijo la mañana de enero de 2015 en que, al cerrar mi bolsa, me pregunté si sería mejor llevar mi teléfono, del que de todas formas tendría que desprenderme allí donde iba, o dejarlo en casa. Opté por lo más radical, y apenas abandoné nuestro edificio me resultó excitante haber quedado fuera del alcance de los radares. 



[Anagrama. Traducción de Jaime Zulaika]

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