El diagnóstico: la mayoría de los panameños cree que la cultura es un privilegio, no un derecho, de allí que opinen que un festival como este, que tiene un impacto real en la vida de miles de jóvenes, lo debe costear la fundación que lo convoca o la empresa privada. Para muchos, y eso le conviene al sistema, la cultura sobra.
El pronóstico: poco a poco irá languideciendo. La asignación por ley de MiCultura no será suficiente, y los días se irán acortando y el impacto ira menguando, y eso que muchos músicos panameños estuvieron en el origen mismo del jazz, y ha tenido en varios de nuestros compatriotas dignos exponentes. Pero eso no es suficiente para un amplio sector de la sociedad.
Las solución pasa por ser más pedagógicos. El Festival es una muestra en sí mismo de la importancia del jazz, pero los entusiastas de la ignorancia han conseguido establecer en la conciencia social que la cultura es una yeyesada, no una vaina del pueblo, y la culpa es a partes iguales de MiCultura, Meduca, y de la voluntad política del Ejecutivo y el Legislativo: «Entre todos la matamos y ella sola se murió».
Espero que el pronóstico sea fallido, que seamos capaces de enseñar que la cultura es cuestión de todos, y que en ella nos jugamos la memoria reflexiva que necesitaremos para los tiempos complejos que se nos vienen encima. Por el «apellido» del Festival nos estamos haciendo todas estas preguntas, pero no lo duden, muchas iniciativas culturales se han perdido y se pierden por ser anónimas, y eso también destruye el tejido cultural del país.
Artículo publicado en el diario La Prensa, martes 13 de enero de 2026.
