
Este mes se ha apagado la estrella de Robert Redford, y el mundo se lamenta porque era una figura referencial que ha formado parte de nuestra memoria cinéfila durante tanto tiempo, que me atrevo a decir que estando todavía en activo ya era considerado un clásico.
A pesar de que los artículos de Cineenunminuto son breves, permitidme que en este Especial me extienda un poco más de lo habitual para repasar los hitos de una carrera que abarcó seis décadas. Y lo voy a hacer como siempre, “my way” que diría Sinatra.
COMIENZOS EN EL CINE
La carrera de Robert Redford arrancó en Hollywood cuando estaba en la treintena, pero no tuvo que esperar mucho tiempo para destacar en el lugar con más competencia del mundo. Sus primeros pasos le proporcionaron un aprendizaje de lujo en papeles secundarios acompañado por astros consagrados como Natalie Wood en Propiedad condenada (1966), o en la coral La jauría humana, del mismo año, en la que compartió pantalla con un elenco de campanillas que incluía a Marlon Brando y Jane Fonda. La gloria le llegó enseguida, no habían finalizado los años sesenta cuando, después de probar su registro cómico en Descalzos por el parque (1967), llegó al estrellato con su pareja ideal, que resultó ser otro hombre, Paul Newman. Un dúo de oro que causó furor con el western Dos hombres y un destino (1969) y ya nada volvió a ser igual.
LOS SALVAJES AÑOS 70

En la revolucionaria década de los 70 la sociedad dio un vuelco, en la calle triunfaba la contracultura, y los movimientos pacifistas, y en el cine, el nuevo Hollywood se abría paso a codazos. Los jóvenes ya no pagaban para ver en pantalla a las viejas glorias, así que era el momento idóneo para que una nueva hornada de actores tomase el relevo. Y allí estaba listo para recibirlo un Robert Redford bien asentado y con el perfil ideal para representar a la vanguardia de la sociedad norteamericana: progresista, comprometido, ecologista, moderno… Y encima guapo y rubio como la cerveza.
De esta década son sus películas más icónicas: Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972) un western que homenajeaba el espíritu hippie y ecologista de la época. Tal como éramos (1973) formando una improbable pareja con Barbra Streisand, y aún así su historia de amor conmovió a toda una generación. Los tres días del cóndor (1975), un título de espionaje conspiranoico con Faye Dunaway cuyo guión ponían como ejemplo gurús como Syd Field. O Todos los hombres del presidente (1976) prestando palmito a Bob Woodward, periodista del Washington Post quien junto a su compañero Carl Berstein ( Dustin Hoffman), elevó el periodismo de investigación a un asunto de estado que acabó con la dimisión del Presidente Richard Nixon.
REDFORD AND FRIENDS

En una carrera que se prolongó durante sesenta años, sería difícil que un gran tipo como Redford no hubiese reclutado una legión de amigos.
El primero a destacar es Paul Newman. Parece increíble que la unión de dos astros semejantes no resultase demasiado cegadora, sin embargo tras el éxito de público conseguido en su tentativa anterior, acabaron coincidiendo de nuevo en 1973 para rodar El golpe. Un filme superior al de 1969, y que por el aroma clásico que desprende parece estar rodado mucho antes de la década revolucionaria en la que se gestó.
Otra colega de profesión, con la que estrechó lazos fuera de la pantalla fue Jane Fonda, una figura que siempre destacó por su compromiso político, faceta bastante habitual en los actores de décadas pasadas. Coincidieron en cuatro películas, su mejor trabajo juntos fue la excelente El jinete eléctrico (1979), donde Robert Redford, una estrella de rodeo en horas bajas, da una lección de dignidad a la ambiciosa periodista que interpreta Fonda. En 2017 se unieron de nuevo en Nosotros en la noche.
Y no solo con actores se codeaba Robert Redford, otro gran amigo y director, a cuyas órdenes se puso nada menos que en siete ocasiones, fue Sydney Pollack. Un tándem creativo que nos dejó títulos inolvidables, la mayoría ya están citados, quedaría añadir Memorias de África (1985) donde enamoró a la camaleónica Meryl Streep encarnando al libre y salvaje Denys Finch Hatton, perfecto como cazador y amante, pero imposible de cazar como marido . Y Habana (1990), el filme más flojo de esta pareja.
EL ALMA DE SUNDANCE
Robert Redford tomó pronto el mando de su trayectoria cinematográfica. Al fundar su propia productora, Wildwood Enterprises Inc., mostró que más allá de una cara bonita, Redford había llegado a lo más alto para ponerse cómodo, y estaba dispuesto a arriesgar parte de su capital para tener la libertad de elegir sus proyectos, y más adelante lanzarse incluso a su carrera como director.
Del amor de Redford por Utah nació el vínculo que iba a unirle con toda una nueva galaxia de estrellas emergentes, como Quentin Tarantino, los hermanos Coen, Steven Soderbergh y demás cineastas reputados de la actualidad. Todos ellos encontraron apoyo en el Festival de cine independiente de Sundance (antes Utah/US Film Festival) creado por el veterano actor. Un nombre que es todo un homenaje a su rol en Butch Cassidy and the Sundance Kid (1969).
REDFORD EN LOS ÓSCAR
Poco se habla de lo sorprendente que resulta que allá por 1981, y tras el carrerón que llevaba Robert Redford como intérprete, ganase su primer Óscar como director novato de Gente corriente (1980). Trabajo que tuvo una acogida insólita por parte de la Academia, teniendo en cuenta a la competencia: Toro salvaje de Martin Scorsese, o El hombre elefante de David Lynch. Sin hablar de que aquel mismo año el filme protagonizado por Redford, Brubaker, solo había conseguido una nominación a mejor guión original. Con esa tesitura, y un título que no ha aguantado demasiado bien el paso del tiempo, a día de hoy cuatro Óscars parece más una muestra de cariño y respeto por parte de sus compañeros de profesión que un éxito justo (mejor dirección, película, guión adaptado y actor de reparto). La siguiente estatuilla que consiguió fue la honorífica, más que merecida, en 2002.
TÍTULOS MENORES

Además del montón de títulos que ya han salido en este Especial, en la inabarcable trayectoria de esta leyenda del cine hay películas que pueden quedarse fuera de las sesudas recomendaciones de los profesionales del séptimo arte. Pues por si acaso, aquí van:
Una proposición indecente (1993), creo que merece la pena ver esta película al menos una vez, para maravillarse ante la osadía de un guión cuya premisa es que un Robert Redford, educado, encantador y millonario… no tiene otra cosa que hacer que empeñarse en pagar un millón de dólares para acostarse con la esposa de Woody Harrelson. Ella no era otra que la casta Demi Moore antes de desmelenarse en Striptease. Sí, habéis leído bien, pero no la veréis etiquetada como ciencia ficción sino como drama romántico.
La última fortaleza (1998), ver a Robert Redford en un papel que parece que le hubiese sido arrebatado al mismísimo Clint Eastwood, es un gustazo. Y además me hace pensar que es una pena que el rol de rebelde con causa, que aborda en este cruce entre cine bélico y carcelario no se repitiese en sus distintas variantes. Siempre que Redford se procurase un antagonista como James Gandolfini, el experimento hubiese resultado por lo menos entretenido.
Un paseo por el bosque (2015) estaba destinada a ser el reencuentro entre Robert Redford y Paul Newman. Hasta ahí mal, porque el segundo falleció en 2008. Pero la decisión de elegir como sustituto a un gamberro Nick Nolte no fue descabellada, y la pareja funciona. Sin llegar a convertirse en el legendario dúo Jack Lemmon/ Walter Matthau, hay química entre estas dos viejas glorias que deciden emprender su última gran aventura.
Cuando todo está perdido (2013), he dejado para el final el filme de J.C.Chandor, porque me niego a reconocer como despedida de un icono cinematográfico de la talla de Redford una peli de Marvel (sin acritud hacia Marvel que hace el producto que le funciona, pero es que hablamos de Robert Redford). Así que como despedida y cierre elijo este otro trabajazo del maestro en modo “cine mudo”, el diálogo se hace innecesario ya que se erige en el único protagonista de una aventura de supervivencia en alta mar. Con esta angustiosa propuesta que no da respiro al espectador, Robert Redford se despidió a lo grande haciendo gala de su calibre actoral, al someterse a su avanzada edad a semejante reto físico, y es que el actor se moja física y emocionalmente en esta odisea marítima.
Ya solo me resta añadir Adiós Robert Redford, tu partida nos ha sorprendido y nos has dejado un poco huérfanos a todos los que te hemos considerado más que un icono de la pantalla, un conocido que siempre había estado en nuestras vidas.
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