POESÍA PARA LA GRAN FERIA DE LAS VANIDADES LIBRESCA por ENRIQUE VILLAGRASA



La crítica literaria de poesía en este país es acrítica y promocional. No existe. De ahí que a más ventas menos poesía. La tropa poética, poetas y críticos, son cada vez más anémicos cerebrales y más hemorrágicos verbales. Y esto lo sufrimos las personas lectoras. No lo podemos consentir. Por esto y por mucho más es necesario y urgente un planteamiento crítico del lenguaje poético y un planteamiento critico de la realidad nombrada. Y en esta Feria del Libro de Madrid, podemos encontrar de todo y más desde las pantallas promocionales de los grandes medios y de las grandes editoriales. Que son cuatro en este país. Y solo publican aquello que es rentable y que hay que vigilar, que igual algún día publican algo que vale la pena leer. Y aquí está la Feria del libro de Madrid, del 26 de mayo al 11 de junio. Vanidad de vanidades y todo vanidad, que decían y dicen los que siempre quieren ir bajo palio.

Pero de lo que estoy seguro es de que esta propuesta de lectura de poesía para encontrar en la feria buena poesía y que hoy hacemos en Librújula puede ser muy interesante para las personas lectoras o nuevas lectoras de poesía y para los que se animen a leer. Pero no dejen de pasear y pasear y buscar en las paradas nuevas voces y nuevos libros, también entre las (re)conocidas voces, que no todo es malo. Lo hay peor. Y uno de los libros que me ha llamado la atención para bien es este desván de la memoria, como es la buena poesía: memoria y lenguaje, es Nadar en seco (Isla Negra y Crátera) de José Luis Morante (El Bohodón, Avila, 1956), con prólogo de José Antonio Olmedo. Las personas lectoras encontrarán en este libro poesía sencilla y elegante: “Con signos de vida/ la memoria concreta los átomos dispersos del poema,/ es un germen de luz/ que ilumina la noche, en paz consigo”. Y otro de los libros extraordinarios que podemos encontrar es el del poeta Manuel López Azorín (Moratalla, Murcia, 1946), quien publica Baluartes y violines (Lastura), con prólogo de Félix Maraña. Si hay alguna poesía que puede curar el alma es esta, sin lugar a dudas: “Agua de luz, palabras, alimento”. Lo domina todo, el lenguaje, la rima, la cadencia del verso, el soneto, sin ir más lejos y ahí es nada: “Es invierno y andamos desmayados,/ pero ellos saben bien que está en su suelo/ la certeza del tiempo revivido”. Lope de Vega le tendría envidia sana.

También pueden encontrar en la feria tres poemarios de la editorial aragonesa Olifante, cuya singladura dirige la poeta y editora Trinidad Ruiz Marcellán como Aparición y otras despariciones (Olifante), de Ángel Guinda (Zaragoza, 1948–Madrid, 2022); o como La acción es el frío (Olifante) de Alfredo Saldaña (Toledo, 1962) y Rupestre (Olifante) de Celia Carrasco Gil (Tudela, 2000), que si bien este cuenta con prólogo de Alfredo Saldaña y texto de solapa de María Ángeles Pérez López, el de Alfredo Saldaña lleva prólogo de Celia Carrasco Gil. Creo que la poesía de estos poetas es don, encuentro, hallazgo, azar y necesidad: pensamiento rebelde y audaz, certero. En esta poesía, de estos tres grandes poetas aragoneses, que posiblemente sean los mejores hoy por hoy, hay preocupación e interés por explorar y horadar el lenguaje y las posibilidades de la palabra; a la vez que muestran la incapacidad de la misma palabra para expresar algunas cosas y sentimientos. Hay una sana y justa y necesaria preocupación por el lenguaje a partir de la idea de que el mundo es lo que los poetas dicen que es. Pero el mundo puede también ser otro, si es otro el lenguaje que utilizamos para nombrarlo. Y para cada persona lectora será un mundo distinto: esa realidad real: “Todo está claro:/ nosotros somos lo oscuro” (AG); “Ahí,/ aunque no estalle nada” (AS); y “en donde abreva al verbo su materia” (CC).

Otro de los poemarios más recomendables es La poesía es un arma que carga el Diablo (Literaturas Com Libros/Erres Proyectos Digitales) del reconocido poeta Vicente Muñoz Álvarez (León, 1966), con prólogo de otro de los grandes poetas aragoneses de la actualidad, Ignacio Escuín Borao y epílogo del admirado poeta Gsús Bonilla. Quienes, tanto uno como otro, apuestan por esta poesía descarnada, confesional de Muñoz Álvarez. Pienso que la poesía, entre otras cosas, es un lenguaje que tiene que velar por lo desaparecido. O sea, debe cumplir, entre otras funciones, esa, la de ser testigo de lo que ya no está. Y más en esta época, en la que hay muchos intereses. En los versos de este poemario hay también perplejidad e indignación. A la vez que desasosiego e incertidumbre. Poemas Como hojas ardiendo o A sangre y hielo y Los olvidados dan cuenta de esto, entre otros, claro: “cuál es el camino”.

También, otro de los poemarios sorprendente del momento es Lo que dicen las piedras (Páramo) del poeta Joan de la Vega (Santa Coloma de Gramenet, 1975), con bellas ilustraciones de Cuca Muro e inteligente y pedagógico prólogo de Teresa Garbí. En estos atractivos y sugerentes poemillas, tankas o haikús japoneses, hay belleza y profundidad. Versos precisos y elegantes y hablan de temas de la existencia, vida y naturaleza, con una sensibilidad única, donde plasma emociones de manera sencilla y directa: “bajo los pinos/ desfilan las falanges// de un invierno cálido”. También los poemas recogidos bajo el título de Weblog del tiempo (Corona del Sur), de la poeta Paloma Fernández Gomá (Madrid-Algeciras, década de los 50): “Hay ángeles que reposan en las yemas de los árboles/ y trasladan el óleo de la tarde hasta las orillas”, con certero prólogo del también poeta Albert Torés; quien presenta su desafiante Escala de Ensueño (Cabaret Voltaire, La Habana): “Yo sé que oiré su voz, que sus palabras/ volarán sin ruido y volverán,/ pues las olas han vuelto a mi memoria,/ sus pechos dulces, frágiles, calientes”. Y la poesía escogida de Rumí, Pequeño Gran Rumí (Cántico), en edición y traducción de José M. Carte, quien nos introduce y hace pedagogía en su sencillo e interesante prólogo explicativo. Mística sufista que busca la realización espiritual de la persona. Sin ir más lejos: “Fuiste para el mundo como dulce lluvia/ caída de la bóveda del cielo”. También en esta editorial Cántico, aparece la antología de la poeta Juana Castro (Villanueva de Córdoba, 1945), En el brocal del tiempo, en edición de la también poeta Concha García, quien se ha ocupado para Cántico de la edición de los tres últimos libros de la poeta Selva Casal (Montevideo, 1927-Solymar, 2020), bajo el título de Abro la puerta de un jardín de plata y otros poemas: “y dejamos el pan arder sobre una mesa”.

Además, están también el poemario Lo que uno quiere lo que el otro quiere (Universidad de Jaén) de Javier Vázquez Losada (Orense, 1967); Ökologie de Miguel Ángel Curiel (Korbach Valdeck, Alemania, 1966), El calor oculto de las cosas rotas de Jon Andión (Madrid, 1984) y Kabul (Crónica de un silencio) de José Manuel Lucía Megías (Ibiza), los tres poemarios editados en Huerga y Fierro, y por su parte JM Lucía Megías edita con Verbum El fin es solo un accidente, XLI Premio Internacional de Poesía ‘Juan Alcaide’; otro es Historia de la lluvia (Chamán) de la poeta Esther Peñas (Madrid, 1975); y el poeta Luis Ramos de la Torre (Zamora, 1956) publica dos libros: La serena estrategia de la luz (Lastura), con prólogo de Fermín Herrero y pinturas de José María Mezquita Gullón y Mientras pueda decir (Baile del Sol). También Encarna Lara (Cuevas de San Marcos, Málaga) publica Viento lejano (Gráficas Belda).Y de Ursula K. Le Guin (Nordica), aparece su poesía en edición bilingüe, por primera vez en castellano, bajo el título de En busca de mi elegía. Poesía 1960-2010, en traducción de Andrés Catalán, y no seré yo quien le quite la razón a Margaret Atwood cuando dice sobre Ursula que “su voz cuerda, comprometida, molesta humorística, sabia y siempre inteligente es muy necesaria ahora”. Creo que es una poesía justa y necesaria de obligada lectura: “Siempre el verso milagroso intuido a medias/ temblaba en el límite de la existencia”.

Esta es mi propuesta poética para esta feria, hay más no lo duden. Sé que el tipo de poesía que les propongo no es la tendencia del mercado, porque desde hace unas décadas hay una apuesta clara por una especie de realismo arrabalero diríase, que ha acabado convirtiéndose en algunos casos en un simple acto de inteligencia artificial, carecen de la natural, que ha respondido y responde a prejuicios más que consabidos, de falta de lecturas y de ganas de continuar bajo palio. Pero estos poetas y sus libros, los que aquí les he citado, son una oportunidad de ver el mundo de otra manera. Son poetas que contemplan y representan de otra forma, fuera del canon, desde el margen. ¡Pero benditos sean, pues nos abren los ojos!

Enrique Villagrasa, 
en Librújula


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