VOSOTROS, EL PUEBLO. POEMAS ANTISOCIALES: Prólogo.




ENFERMOS DE OSCURIDAD


Vivimos tiempos salvajes, despiadados y cruentos, hipócritas y fariseos, y alguien, aunque le caigan chuzos de punta, tiene que contarlo.

Obviamente, no lo harán los cómplices del sistema: ni los políticos (da igual la bandera que defiendan, no nos engañemos), ni los mandamases de turno (da igual el disfraz que se pongan), ni los patrones ni los banqueros ni los borja maris, ni cualquiera, en suma, que esté en lo alto del iceberg. Ni lo harán, por supuesto, los poetas crípticos y herméticos, desde su templo de símbolos y metáforas, tan sutiles e inofensivas y ajenas al pueblo. Pocos, en realidad, se atreverán en estos tiempos de oscuridad y penuria que estamos viviendo a contarlo, porque contarlo es ser políticamente incorrecto, un lastre para la sociedad y el establishment, para lo que a toda costa quienes manejan los hilos nos quieren vender, y decir la verdad hoy en día es algo que el canon (poético en este caso) nunca perdonará, y por lo que se paga, de una u otra manera, un alto precio: doy fe.

De hacerlo, lo harán los que no tienen nada que perder porque ya lo perdieron todo, los que no tienen miedo a gritar porque nadie ha velado nunca por ellos: poetas realistas, sociales, críticos, killers, incendiarios, de no ficción, que jamás verás reseñados en Babelia ni El Cultural.

“Pero es lo que es, y alguien tiene que encargarse del trabajo, por sucio que sea. Basura, casquería, despojos, bajos fondos, corruptela política, esos son los asuntos del Lobo”.

Y este poemario feroz, nihilista y amargo, que ahora tienes en las manos y estás a punto de comenzar a leer, querido lector, su manifiesto. Toda una declaración de principios e intenciones, del primer al último verso.

Si tienes miedo a escuchar verdades como puños, no lo leas.

Si no quieres complicarte la vida ni llorar lágrimas negras, no lo leas.

Si te va la literatura de ficción y evasión, no lo leas.

Si eres de los que no quieren oler la mierda de los vertederos, no lo leas.

“Lo mío son otras cosas. El barro. El cieno. La basura. Soy el coleccionista de miserias. Mi alimento es la carne cruda. El sufrimiento. La locura”.

Rafael López Vilas no puede dejarlo más claro.

Y si algo valoro como poeta es la autenticidad de otro poeta, comparta o no su filosofía y estética, y su valentía a la hora de exponer su poética.

“Hombres destruidos, apesadumbrados finiquitados desmembrados, borregos numerarios del inframundi”.

De eso, en definitiva, va este poemario que abrasa como el fuego del mismísimo infierno, no te quiero engañar. Ni, por descontado, él tampoco. Lo comprenderás en cuanto leas el poema con el que abre el libro, y lo irás corroborando a medida sigas leyendo, hasta que te duelan en todo el cuerpo sus golpes.

Es lo que hay, un mundo salvaje y podrido, despiadado y feroz, la humanidad y el almuerzo al desnudo, con sus lepras y úlceras a flor de piel, y así nos lo ha contado El Lobo, te guste o no, lo disfrutes o sufras (según tu punto de encaje, que diría Castaneda), es lo que hay: “estos cuadernos negros, enfermos de oscuridad”.

Sin concesiones a nada ni a nadie, metiendo el dedo en la llaga y removiendo dentro la herida, estremeciendo las vísceras y el corazón, abrasando, doliendo, cortando el aliento y no dejando títere con cabeza, López Vilas denuncia lo que somos y nos han hecho en la Tierra, la cárcel de sombras en que vivimos, y el absurdo, la farsa y el terror de estar vivos.

Como Louis-Ferdinand Céline (con el que, por cierto, el autor de este libro tiene mucho en común) afirmó en una ocasión: “Os lo aseguro, buenas y pobres gentes, gilipollas, infelices, baqueteados por la vida, desollados, siempre empapados en sudor, os aviso: cuando a los grandes de este mundo les da por amaros, es que van a convertiros en carne de cañón”.

Quedas, pues, avisado, incauto lector:
en tus manos va a estallar el obús.

Ve buscando trinchera.

Vicente Muñoz Álvarez,
prólogo a Vosotros, el pueblo. Poemas antisociales, 
de López Vilas 
(Versátiles Editorial, 2023)



1 Comment

  1. What is the author’s opinion about who will be hesitant to expose the truth about the system? Why does the author think that telling the truth is challenging in today’s society?

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