ESPÍRITU DE ENGRANAJE por MAX BENÍTEZ



Vuelves al curro, a la nueva normalidad, al espíritu de engranaje, al hacinamiento en el metro, a los horarios de bueyes, de carnaza. Te dices a ti mismo, mientras regresas a casa tras 14 horas fuera de tu casa, que es lo que toca, que, además de pagar el alquiler, el gas, la bolsa del Día, no es momento de abollar la conciencia con golpes que únicamente atizan al desencanto del hombre del siglo XXl al que te adhieres como la lapa. Piensas en tus cuarenta y tantos; en la distancia que se abre entre la realidad y lo que añorabas, incluso en la paradoja que aplaudimos sin inmutarnos, sin abofetearnos.

Luego recuerdas esa historia, aún a medias, hipóstasis de todos los hombres que te habitan, que reclama tu testimonio, la comunión que teñirá de sentido esos cardenales por recoger las puñeteras mesas y sillas de la terraza, el peso (cada vez más inaguantable) de las bebidas con que se ponen hasta el culo todos menos tú. Y no sonríes, no. Pero esa noche, ya en casa, no tocas la cama sin haber mantenido una conversación con todos ellos.

Max Benítez


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