4 POEMAS de HABITACIONES DE INVIERNO por ALFREDO PERÁN PÉREZ



Regresará la luz a tu casa.
Te hallará el alba tendido
con la desidia de quien
se sabe derrotado.
Como una vieja letanía
que aprendió el tiempo,
despertarán todas las voces
alejando los ecos callados
de una noche en fuga.
Desnudo de piel, calor y sueños,
arrastrarás tus pies
con el bagaje de todos tus pasos
hasta el patio donde surge el día.
Y allí, vestido de sol,
observarás tranquilo
tu minúscula existencia.
Absorto ante la realidad que reflejan
los ojos cuando miran al vacío.

*

Como una noche recién hecha, 
la carne se despoja de su luz 
quedando a oscuras 
en el laberinto que el tiempo 
va dibujando. 
Algo en nosotros se rompe 
con la lentitud con que avanzan 
los días maniatados 
en que morimos y nacemos 
siendo otros. 
Retazos de medias vidas, 
encerradas en su propia pequeñez, 
que nunca han sido nuestras, 
y que sin embargo están, ahí, 
vagando solitarias en la penumbra 
que deja la memoria, 
con la mirada errante, sobrecogida, 
esperando el silencio que precede 
al olvido último.

*

«Es aquí donde estoy, 
tras las grietas de un yo parapetado 
en las profundidades 
de sí mismo». 

José Luis Morante 

Se abre lento el día 
sobre la carne deshabitada, 
que yace tranquila, 
inadvertida a la realidad y al reloj 
que han quedado suspendidos. 
Vuelve al hogar la luz, 
esculpida sin prisas, 
a la par que el viento, 
con la costumbre de quien 
se sabe dueño de todo, 
recorre los vértices 
del silencio, vacío, cotidiano. 
Sobre una cama sola 
se adivina un solo cuerpo, 
agazapado en mitad de su existencia. 
Todo lo hace con calma, despacio. 
Respira, se mueve,  
se estremece, vive... 
Como la vida que crece 
en las calles. 

Entre el sueño y la consciencia 
súbita se despierta la mirada. 
Y observa en su extensa quietud 
los pasos breves del presente. 
Hay un mundo devastado 
tras sus ojos de agua. 
La tristeza inacabable 
de las cosas que se fueron. 
Poco queda ya debajo de su piel, 
salvo los restos de un naufragio 
a pocos metros de la orilla.

*

«Te he sobrevivido suficiente 
como para recordar desde lejos». 

Wislawa Szymborska 

La vida continúa, a pesar de mí. 
Todo se marcha en algún momento, 
con el dolor que deja la carne 
que se arranca a la fuerza 
cuando aún sigue latiendo. 
Y así, con ese daño, 
me he desprendido del yo que fui 
mientras era conmigo. 
Me lavé mi antiguo rostro, 
mi antigua mirada, 
y estrené zapatos de caminar 
a solas, conmigo. 
Y cuando quise salir, 
hallé unos pies desaprendidos 
de tanto estar parados. 
Y a sus pies la sombra de otra sombra
sosteniendo unos huesos desgastados 
que ya no podían roerse. 
Debo decir que en este breve 
espacio en que ya no eres, 
he echado la vista atrás 
una, dos, mil veces. 
Y me alivia saberme huido 
de aquel yo que he sido, 
abandonado al abandono, 
perdido en el olvido último 
del tiempo que quedó sin tiempo. 

Alfredo Perán Pérez, de Habitaciones de invierno (Olé Libros, 2022)


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