LA AMA por JESÚS ESNAOLA



Recogíamos la cocina e íbamos al salón a ver la tele. Nos quedábamos adormilados durante un rato, antes de empezar a aburrirnos con los asuntos del corazón o la película del oeste. La ama no veía bien y cada día entendía menos, así que no tardaba en proponerle ir a la cocina y echar una partida a la escoba. Cómo le gustaba la escoba, las cartas en general. Además le convenía porque las sumas ya solo le sonaban de oído y los números de las cartas se intercambiaban con malicia. A veces, después de haber preguntado dos o tres veces cuál era la carta que sostenía entre los dedos se le cruzaba ante los ojos una sombra de certeza que pronto era sustituida por la alegría de llevarse el siete de velos, o una aceituna a la boca.

Qué remontada me hizo aquel día, recortando la diferencia poco a poco, con dos más tres más uno y ¿esto que era? ¿un caballo? escoba entonces ¿no?

—¿Ya te vas?

Cómo imaginar entonces que podía haberle hecho yo la misma pregunta.

Jesús Esnaola


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