TECLEAS

Relato incluido en el nº4 de LA GRAN BELLEZA. Puedes adquirirla a través de este enlace: LGB Yo-Yo


TECLEAS

Rafael Caunedo



Tecleas, te veo teclear cada noche antes de acostarte. Te sientas a la mesa dejándote caer sobre la silla, que se desplaza unos centímetros sobre sus ruedas, y las haces rodar para acercarte de nuevo. Miras la pantalla con un cielo estrellado y te ves reflejado entre millones de puntos blancos. Siempre te miras unos segundos antes de escribir tu diario personal. Piensas, recapitulas lo que ha supuesto para ti el día que concluye, haces balance y sopesas si ha merecido la pena. Después, tecleas y buscas el archivo de tu farsa.

8 DE OCTUBRE DE 2018

Tecleas, con la torpeza de quien siempre consideró la mecanografía como algo desfasado. Cuatro dedos, solo cuatro dedos para resumir una vida. La tuya. Pero quién eres tú, ¿el que escribe o el otro?

El otro soy yo, tu otro yo. Tu yo-yo.

A veces creo que solo soy lo que tu imaginas, alguien que forma parte de la ficción de tu realidad. No sé lo que harás fuera, pero sé lo que reflejas en tu diario, sé cómo me dibujas, sé lo que me obligas a hacer. ¿Acaso es lo que haces también tú ahí fuera? De ser así, ¿por qué lloras a veces? Llorar no es malo, lo sé, pero a mí jamás me haces llorar; solo lloras tú. Si somos el mismo, si soy tu reflejo, ¿no crees que yo debería llorar también? Tal vez me guste.

Tecleas, e ignoras la vibración de tu teléfono sobre la mesa. Es él, sabes que es él. Tu padre no es muy bueno con el manejo de la tecnología. Sus dedos torpes y artríticos tiemblan sobre el teclado. No sabe que te está llamando. Le pasa mucho. Antes descolgabas; ahora no. Su memoria es frágil; la tuya no. Su futuro es corto; el tuyo también. No me preguntes por qué lo sé, solo lo imagino. Alguien que engaña a su diario no tiene mucho futuro, ¿no crees?

Tecleas, y me tratas como un personaje de tus novelas. Me haces ir de un sitio a otro, conocer gente, comer en lugares sofisticados, pasear por el Retiro disponiendo de un tiempo que no tienes. ¿Crees que me gusta pasear por el Retiro? No; la verdad es que estoy harto de pasear por el Retiro. Me representas como si fuera tu aspiración, aquel en quien te quieres convertir, o, tal vez, quien fuiste y sabes que no vas a volver a ser. Has creado un personaje en tu vida. Cualquiera que lea tu diario verá lo que no es, igual que haces en tus perfiles.

Tecleas, machacas las teclas con tus cuatro dedos, dispuesto a rematar tu día, el que crees verdadero. Por la mañana, en el despacho, te has acordado de mí. Y después también, reunido con un cliente. Y comiendo. Y en el taxi camino de la presentación de un nuevo proyecto. No eres capaz de quitarme de tu cabeza. Al principio pensé que era un defecto por tu afición a escribir novelas, pero me he dado cuenta de que, en realidad, lo tuyo es un desdoblamiento. Aunque escribas en primera persona, sigo siendo tu yo-yo.

Tecleas, y dudas entre lo que eres y lo que dice el prospecto de tus antidepresivos. Sé que vas al psicólogo, aunque yo no vaya. Sé que estás en tratamiento, aunque yo no tome una sola pastilla. Sé que te han recomendado desconectar unos días y venir donde estoy yo. ¿Por qué siempre dices en tu diario que estoy pletórico? Los dos sabemos que no lo estás. No lo estamos.  Me suena tan ridículo eso de pletórico.

Tecleas, y sonríes al hacerlo. ¿Te hago gracia? El único momento del día que sonríes es cuando hablas sobre tu yo-yo. Te gusto. Te gusta este puto bañador de palmeras que yo odio. Te gusta el Caribe y a mí me parece el lugar más abyecto del planeta. Es humillante esta gran mentira, este decorado para gente aburrida. Sácame de aquí, tú que puedes. Teclea y llévame a tu lado, mata a tu yo-yo y déjame ser simplemente yo.

Tecleas, e ignoras mis ruegos. Tal vez no los oigas. O, si lo haces, no te importan. Para ti no soy nada más que un anhelo, el espíritu de un sueño, una función teatral con el patio de butacas vacío. Me haces representar una obra sin espectadores. Eres un cabrón. Y un cobarde. ¿No te parece suficiente escarnio mostrarme de esta guisa ante una sala vacía? Me das pena, pero aún estás a tiempo de recuperarte. Solo tienes que borrar este diario. Elimina este archivo. Eso es lo que soy: un archivo, uno más entre los miles de archivos que tiene tu ordenador, pero soy el único que abres cada noche, antes de acostarte, para contar mentiras, para engañarte a ti mismo, para construir con mirada vidriosa un mundo lleno de vacuidades. ¿Esto es lo que quieres ser? ¿Un mierda con un bañador de palmeras, mojito con sombrilla y cara de gilipollas?

Tecleas, ya estás llegando al final de la página. Cada día una página, solo una, ese es tu compromiso. El resumen de un día en una sola página. Cuánta falsedad cabe en una sola página, cuánta invención. ¿Acaso tú te lo crees? Te gustaría que este diario fuera público, lo sé, pero te frena el sentido común. A veces tienes la tentación de compartir en las redes, cambiarme el nombre y publicar mi vida, que no es la tuya. Entonces sí sería divertido. Hazlo, mamón, cámbiame el nombre y déjame ser otro, no tú. Estoy cansado del yo-yo. Quiero ser yo, a secas. Lo que me irrita de verdad es verte teclear, verte ahí mirando la pantalla sabiendo que te quieres ver reflejado en mí. Eso es lo que no soporto, lo odio, me repugna ver tu cara de idiota mientras una playa de turistas se refleja en tus pupilas dilatadas. Quiero ser yo, joder, ¿qué parte de la frase no entiendes?

Se te acaba la página, estás a punto de llegar al final. Solo tienes que borrar el nombre y poner otro. Solo eso. Mira la tecla que sirve para “suprimir”, mírala bien, por favor, es sencillo, solo debes situar el cursor sobre el nombre y apretar. Hazlo ahora. ¡Deja de teclear, cojones, y dale a “suprimir”! Elimíname, hazme salir de esta ignominia. Por más que quieras, jamás serás yo-yo. Por favor, suprime.

Y olvídame.

No, no sigas…

9 DE OCTUBRE DE 2018

Tecleas, hijo de puta, tecleas.






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