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Street Wings

Un concierto cuando menos te lo esperas.

En el metro.

De puta madre.

Y gratis.

Trasbordo en Sol (porque así se llama la estación, que nada tiene que ver con una jodida operadora de telefonía móvil) camino de Atocha. Sales del vagón e inicias el camino hacia el otro andén arrastrado por la marea humana que se suena las narices o se rasca los huevos, mira al suelo, la pantalla de sus smartphones… pensando de dónde vienen o adónde van, pero nunca dónde están.

Y entonces algo rompe esa gris y borreguil monotonía, elevándose por encima del ruido de los trenes y pisadas, murmullos y jadeos, mensajes por megafonía…

Metro de Madrid informa…

Música.

Una gaita, un violín, una guitarra eléctrica…

Que se acerca mientras tú te acercas a ella.

Porque palpita.

Porque vuela.

Y es en el amplio hall de la estación, a medio camino del laberinto de escaleras, las mecánicas y las muertas, de accesos a andenes, guardias de seguridad que creen que protegen alguna frontera, revisores y comerciales, de empleados de la limpieza, donde un improvisado círculo de pasajeros hechizados rodea a cinco jóvenes músicos que tocan sus instrumentos con tanta energía como entusiasmo.

Terminan uno de sus temas. Los aplausos son tibios… Pero todos se quedan.

Y nos unimos más.

Mientras otros, como la señora malfollá que me aparta de un codazo y atraviesa el círculo, porque es de quienes piensan que cuando algo no te gusta no basta con dar un rodeo… hay que pisotearlo, prefiere continuar con la cabeza en el lugar del que viene, el lugar al que va… sin vivir el que atraviesa en ese momento.

Puede que no les guste la fusión de rock y música celta que interpretan estos chavales, puede que a muchos de los que se han parado a escucharlos tampoco. Pero, joder, cómo suena. Mil veces mejor que el directo de los Premios 40 Principales que ponen en la tele del garito donde estoy escribiendo esto. Coño, una puta mierda.

En un atril se exponen los CDs del grupo.

Miro el reloj.

Joder, ya llego tarde.

Aún así espero a que terminen otra de sus canciones, me acerco al percusionista, que luce una sonrisa de satisfacción que iluminaría el mismísimo Mordor y le pregunto cuánto cuestan los CDs.

– Uno 10€. Dos, 15€.

Así que me llevo ambos.

No es hasta ese momento que descubro el nombre del grupo.

STREETWINGS.

Que suena como título de juego del Spectrum… o línea de zapatillas deportivas.

A ver a qué os suena a vosotros…

¿Será a atractiva y pelirroja violinista checa llamada Jitka?

Sí, ella también forma parte del grupo.

Lo que hay que hacer para que los escuchéis y les deis una oportunidad…

Manda huevos.

 

 

 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. clemente sanchez

    y eso que no ha visto al grupo completo con las colaboraciones vocales y musicales del resto amigos/seguidores, que si no estarias flipando todavia!!!!!!

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