Contexto. Material, de Birgitta Trotzig

 

 

La cara es la membrana del lenguaje, comunica y se calla, comunica ocultando lo que dice.

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Me miro en el espejo. Una extraña absoluta vive su vida dentro de mí. Es una cara, no cabe duda, pero más bien es una pared oscura. No hay mapas. Por lo visto convivo con esa extraña como con un mellizo siamés. Cuando me despierto, ella se despierta. No hay otra manera de pintar un autorretrato que desmembrándose, romperse en pedazos siguiendo los movimientos de la destrucción, en el sueño uno puede ver su propio cuerpo alzándose del agua clara, cantando y hablando flota en la corriente asfixiante, la boca le canta al pensamiento y la memoria, se hunde, canta desde la memoria de la desconocida.

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El mundo con sus campos de batalla. Un día amanece. Madrugada fría sobre una colina de cadáveres. Ahora entiendo que esas imágenes tranquilas, esa geometría de miembros muertos, es el sueño especial de este siglo. Visiones especiales de la muerte –es un sistema tranquilo, la visión de un nuevo día que será un día sin esperanza.

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La ciudad nueva. Tiene cara de luz asesina. La destrucción por medio de la luz continúa. La luz demuele. Las huellas quedan.



[Visor Libros. Traducción de René Vázquez Díaz]

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