Beti Berdín Taberna, de Gastón. Empatía en tiempos del coronavirus

Se cumple un año de esta dichosa pandemia que nos ha cambiado las coordenadas a todos. Después de olas de angustia y parálisis social, parece que al fin (¡ojalá!) empezamos a ver la luz. Las experiencias intensas tienen la cualidad de congelar el tiempo. En este caso, además, el miedo a la enfermedad y a sus consecuencias económicas han contribuido a estirar nuestra percepción de lo vivido. Parece que lleváramos años instalados en la "Era Covid"; años de aquel primer confinamiento, de los aplausos en el balcón, de las incursiones semiclandestinas a supermercados y de las precauciones quirúrgicas antes y después de las mismas. Aquellos días de fiebre digital y de angustia licuada por la mala uva de las redes sociales, por los terribles contadores de muertos de la televisión, por las noticias cada vez peores, por la inercia zombi del teletrabajo...

Nuestra fórmula para sobrevivir a aquellos momentos tenebrosos fue la compañía y la certeza de que esperábamos buenas noticias personales. También el cine, el cómic, la literatura y la música fueron buenos aliados. De las Redes Sociales tenemos pocos recuerdos gratos más allá de aquellos amigos digitales que se empeñaron en hacernos la vida más fácil y en afrontar la pandemia desde una mirada constructiva. Leímos algunas crónicas interesantes que nos ayudaron a entender la situación y entramos en blogs sanadores. Y también nos reconfortamos con artistas como Gastón (Asier Iturralde), que cada poco tiempo nos invitaba en Twitter a tomar unos zuritos con él y sus personajes en la taberna Beti Berdin, lugar de encuentro en el que todos teníamos un taburete reservado. Con viñetas llenas de humor y sensibilidad, los personajes de Beti Berdin se conviertieron en excelentes cronistas de el día a día de la pandemia.

Ahora, tenemos la oportunidad de recuperar aquellas pequeñas dosis de humor de una página gracias a la publicación en formato comic-book de algunas de las historias que el autor publicó en sus redes sociales. El formato, que mantiene el bitono amarillo-anaranjado original, le sienta bien a la línea clara elegante y expresiva de Gastón. Sus personajes desarrollan arquetipos reconocibles (la hater, el sibarita incólume, el optimista, el alter ego ciclotímico...), tipos en los que, en un momento u otro, todos podemos proyectar nuestras propias reacciones durante la pandemia, así como el humor cambiante con el que muchos sobrellevamos la crisis. La taberna de Gastón nos regala buenas dosis de empatía y un humor amable basado en una mirada irónica que invita a la media sonrisa del "yo he estado ahí".

Menos mal que Beti Berdin estaba abierto, porque ¡mira que hemos echado de menos los bares durante buena parte de este castigo global! Gracias, Asier, por ayudarnos a sobrellevarlo.

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