Covid19 y antídoto, esclavos y dioses



Covid19 y antídoto, esclavos y dioses

 

Hace semanas que barrunto una idea estrambótica. Al respecto, esbocé algo en el Diario cuarenténicoque publiqué en este blog por entregas.


El hecho es que veo a las naciones –me refiero a sus habitantes— como lechones dispuestos a llegar al matadero. Tal vez, el estado de alarma, me está llevando a un callejón sin salida, oscuro y repleto de recovecos; eventualidad idónea para pensar. En mi caso, aunque callada, tengo una mente viajera que pulula por universos paralelos desde niña. Soy introvertida y pensadora con todos los pros y los contras que ello supone. En ocasiones, soy dada a inventar historias y a exagerar situaciones –es obvio que esto me sucede únicamente cuando escribo—, lo que no me impide diferenciar la fantasía de la realidad.



Todo este mejunje de palabros tiene como fundamento lo fácil que me parece insuflar miedo. Opino que, quizá, la covid19 –ese Coco que nos ha absorbido la libertad y hasta la dignidad de ser persona—, ha salido, descuidada o cuidadamente, de un laboratorio. Pero, más aún, creo que cuando se escapó con todos sus hermanitos, más o menos víricos, ya estaba ingeniado su antídoto. El cual soltarán cuando les venga en gana, muera quien muera y se empobrezcan quienes se empobrezcan. ¿Quiénes lo soltarán? Los dioses terrícolas desde su Olimpo particular.


Qué fácil es tener en la mano o en las manos de aquellos que mecen el mundo como si fuera la cuna de esa terrorífica película en la que Rebeca Mornay –la niñera del bebé— era una asesina, a la población de este hermoso planeta llamado Tierra. ¿Por qué lo digo? Porque ha sucedido algo similar… Nos han metido el miedo por todos los poros del cuerpo, nos han encerrado en casa, nos han mentido, nos han obligado a realizar y a aceptar ‘cosas’ por cojones y nos han asesinado sin piedad. Somos palomitas domesticadas. Queda requetebién recordarnos lo que somos: meros títeres a los que se puede vapulear cuando los todopoderosos de esta mierdosa sociedad que hemos creado y en la que se vivía fenomenal, les dé la gana. De eso se trata de que vivamos con menos y ellos con más. Cuantas películas al respecto… Los juegos del hambre, por ejemplo.


Está claro que, la pandemia ha sido y es –todavía no se sabe el alcance que tendrá y cuándo finalizará— un horripilante monstruo más sangriento que Benicio del Toro en Sicario y más cruel que el virus de Contagio de Soderbergh. La covid que pasea por nuestras calles es tan asesina como la Gripe española –primeros casos constatados en Francia o China, dudas al respecto— o la Peste bubónica –del Gobi a China en sus inicios—. China, China, China… A este bicho lo acepto como sintético –desconozco quienes son sus padres, pero, indudablemente, son unos hijos de la gran puta. Pues… eso, sus creadores, tiene la llave. Saben cómo desactivarla cuando la población mundial haya mermado lo que les parezca oportuno. Mira qué bien, sin bombas y nos hemos quitado a unos cuantos millones de encima. Así, pagaremos menos pensiones, la naturaleza renacerá por un tiempo y tendremos a los supervivientes con un collar perruno invisible que los supeditará a nosotros como esclavos. Que somos esclavistas. ¿Y qué? Nos la trufa lo que diga la prole: son la chusma, y, nos, el poder, se dirán entre ellos. Olvidan que, dentro de los poderosos hay categorías y los de abajo nada tienes que ver con los de arriba –la cúspide puede aniquilar a la base cuando le venga en gana—, aunque se crean superiores a los que ni tan siquiera estamos dentro de esa pirámide opulenta.



Me doy cuenta que las personas engullimos los acontecimientos como las esponjas, y nuestro cerebro los racionaliza en las distintas casillas destinadas para estos o aquellos menesteres. La primera semana tragamos, la segunda asimilamos, la tercera aceptamos y la cuarta olvidamos… Lo que nos desagrada se difumina como el humo de un incendio copioso apagado por los bomberos hasta desaparecer, y, poco a poco, pasa al baúl de los recuerdos como si nunca hubiera existido, como si fuera un mal sueño en brazos de Morfeo. Esta resiliencia, innata en los humanos, es más fuerte en los supervivientes, en los que se amoldan más rápido a las situaciones límite como en la que estamos inmersos.


Seamos resilientes –que no corderos—, para dar por el orto a los que nos pisotean a diario. Pero, no me hagáis caso, son metapensamientos de una escribidora de chicha y nabo.



@Anna Genovés

Domingo 24 de mayo de 2020

 

P.D. Por cierto, he leído que, en alguna comunidad o parte de ella, las cafeterías cobran o cobrarán o quieren cobrar un extra por la covid, me desagrada, pero lo entiendo. Y me pregunto, ¿por qué no lo cobramos todos ya que tenemos que desembolsar un dinero extra en guantes, mascarillas, desinfectantes, geles-hidroalcohólicos y bastantes etcéteras? Con estos suplementos económicos y los recortes europeos, es lógico que cada vez tengamos menos.

Lo suyo sería, por ejemplo, que, en vez de subir o pagar más impuestos, se rebajaran los existentes por este plus que debemos desembolsar durante… no se sabe, aunque se augura un periodo largo, tedioso, apestoso y amargo como la hiel.

 

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